La estrella

Durante el atardecer, me dispuse a caminar por la calle con una carta en mi mano, la gente caminaba velozmente en sentido contrario al mío, mi pregunta en aquel momento ¿Por qué?, muchas respuestas se me ocurrieron mientras avanzaba. Saqué mi reloj de bolsillo y vi la hora: 1:10 AM, ¿Qué podía hacer yo a esa hora? y ¿Qué podían hacer las demás personas a esa hora? Un cielo completamente nublado se dibujaba sobre mí. Recuerdo haber platicado con aquella amiga que me fue presentada por la hermana de quien me mantiene cuerdo, o me mantenía cuerdo.

La carta recitaba de la siguiente forma:

“Quisiera platicar más contigo, sin embargo este sueño me limita a mantenerme despierto un par de minutos más para despedirme de ti. Te deseo lo mejor, mucho éxito, pues mañana culmina una meta para dar paso a otra. En tu felicidad y nostalgia, el tiempo dirá, cuídate y descansa.  Son ya más de la medianoche y debo ir a dormir, o aquellos seres de los que temo saldrán a la vista, y aquella amiga a quien muchos llaman Luna, no me protegerá, pues las nubes del inframundo la han cubierto, provocando un torrente de lluvia con el cual nos han inundado en un mar de tristeza y felicidad, sentimientos encontrados a la puerta del hogar; este joven caballero ha de partir a descansar, se despide de una hermosa doncella. La sombra se aproxima, por tanto, buena noche, que la amada Luna te proteja y el astro Rey ilumine tus días, mientras los cantos de las estrellas inspiran tu noche. Éxito y mucha suerte.”

Una vez entregada la carta, regresé por donde venía, la gente que había visto ya no estaba, la lluvia seguramente los había introducido en algún albergue. En mi caso, preferí caminar por las solitarias calles, mientras la intensidad del torrente me empapaba de las lágrimas del inframundo, producidas por el viejo y antipático Plutón al encontrar a su amada Caronte fallecida a sus pies. Mi camino lo continué cabizbajo, por un momento volteé al cielo, para encontrarme con los cumulonimbos, oscurecidos por la noche, no obstante, la ira de Plutón se revelaba contra la Tierra mediante los relámpagos que azotaban con gran ímpetu la superficie, destruyendo un amplio radio. Aceleré mi paso, pues conocía perfectamente estos signos. Los rayos no tardarían en caer con mayor frecuencia y más cerca, era la primera profecía en cumplirse antes del despertar del padre del averno.

Al llegar a casa, me miré al espejo, para mi sorpresa el ácido del sufrimiento y el odio habían corroído mis ropas y parte de mi piel. La semilla del odio y la muerte había sido implantada, y la única cura era emprender la búsqueda de aquella de refulgentes cabellos, de ojos castaños que permiten ver su alma pura.

Mientras los días transcurrían, mientras me iba curando con gran dolor, por días y noches debía mantener la calma para evitar perder los estribos, salía a la calle en busca de la estrella que nunca se veía, miraba por la ventana para ver a la Luna con cierto recelo, con cierta ira y miedo.

La sangre del delito cometido, que ha quedado impune, me persigue y se ha apoderado de mi sombra, mis actos que han de realizarse con cautela me recuerdan la carta que llegó hace un par de días en respuesta a la carta que le entregué hace unas semanas. La leí detenidamente, pues mi sombra trataba de apoderarse de mi alma, la lucha interna que libraba mi cuerpo era tal que me debilitaba cada día más y más.

“Las cortas letras leídas en escrito me han hecho pensar, procuraré ser concisa en mi explicación, aunque resulte inentendible. Las horas van transcurriendo lentamente durante el camino de la vida, y si bien cerramos ciclos cada 365 días, este ciclo no es como cualquier otro, y el que le sucede no será menos importante que el que acaba de finalizar. Gracias por tus palabras de reflexión, de lógica y de seguridad. Muchos queremos vivir en el pasado, de recuerdos que ahora no son más que sucesos en nuestra mente y ¿quién puede asegurar que pasaron de la forma en que recordamos y no de otra? Me aferré, como todos lo hemos hecho, aun feliz pasado que ahora se ha convertido en nostalgia; empero, todos debemos ser conscientes que aquellos gratos momentos no nacieron del pasado, sino que surgieron a partir de aceptar nuestro porvenir, ni malo ni bueno, pues el futuro no es conocido. Lo recalco, y te lo recalco, sé qué esperas una larga carta, pero no la hay. En este momento estoy agradecida por los escritos que me has enviado antes para dormir o para iniciar el día; carezco de palabras para agradecerte con mayor efusividad. No obstante, te lo recalco, el pasado es una entidad, un mundo que ya no existe, así como el futuro es aquella tierra que tampoco existe y jamás termina por existir. Yo sé que estas palabras hacen eco en tu cabeza con bastante vehemencia, pues tu caligrafía me indica que te estás aferrando a tus memorias. Una sugerencia, no la busques, ella no te entregará lo que deseas. No la persigas, ella jamás se cansará de correr. No la pienses o no la llames, ella ya no te escucha. Así como me hablas de continuar, de aceptar el futuro, hazlo tú también, o las palabras que leí de ti carecerán de significada, serán letras vacías, o peor aún, serán solo manchas de tinta esparcidas sobre el papel. Me despido.”

¿Es acaso cierto? ¿Busco a quien creo recordar, pero tal vez ella no sea quien yo creo que es? O peor aún ¿Creo haber vivido una realidad que no fue así? Por ende ¿he vivido una fantasía? Entonces ¿todos hemos vivido una fantasía? No vivimos una realidad, sino una ¿fantasía colectiva? Tal vez, quien soy yo para plantearme aquellas preguntas que trascienden los años y jamás han sido capaces de resolverse. La lluvia se mantiene, la luna oculta aún, las nubes parecen aglutinarse sobre los hogares del mundo. Los rayos cesan, las lágrimas desaparecen y los sentimientos dejan de existir. Salgo a la calle a entregar la última carta a quien ha dejado de escucharme. Pero como se ha predicho previamente, ella ya ha huido de mí.

 

“Aún te escucho, no huyo de ti y no te ocultaré lo que buscas”

 

Fue su respuesta a mi libro que le entregué.

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