Escape

Como estaba a una distancia considerable de ellos (de unos sabuesos), caminé sin voltear atrás, a paso lento esperando que hubiese una cerca o barda que no hubiera visto. Los ladridos continuaron en aumento y los canes no parecían callarse. Aumente mi velocidad, pero esto no pareció reducir el sonido de los animales, escuchaba como sus pisadas se movían a la par conmigo, quería no correr, pero algo debía hacer, aparentemente no había barda, así que era correr o ser devorado por tales bestias feroces. Me vi tentando a voltear atrás, pues tenía el sentimiento de que se encontraban a unos pasos míos, pero solo era el viento haciendo sonidos con las hojas secas en el suelo. No obstante y al mirar de vuelta al frente, se encontraban allí los tres perros, con sus ojos brillantes y babeando con harta hambre. Si correr quería, era este el momento. La temperatura descendió y un gélido viento heló mi cuerpo, el sol terminó casi por esconderse y mi visibilidad disminuyó. Corría hacia no sé dónde, hacia donde mi mente era capaz de recordar que hubiera un lugar seguro, pero los perros me acorralaban y llevaban a una de aquellas casas abandonadas, entre el horror y el frío, sucumbí a sus designios, donde por fortuna escapé luego de romper una ventana. No obstante, mi sombra no fue capaz de correr tan rápido como yo y pronto fue devorada por las bestias. Así, sin sombra me quedé tumbado en la intemperie, mientras los remolinos de aire me cubrían de hojas doradas y rojas.

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