24 horas

Creí haberte olvidado; sin embargo, y aparentemente, el clima de otoño tan sólo trae los recuerdos de lo que alguna vez intentamos ser y terminamos por perder. Cuando nuestras miradas se cruzaron, nuestras sonrisas respondieron inconscientemente; quedaba, entonces, poco por hacer y mucho por ignorar. Si me senté a tu derecha o la izquierda, poca importancia le doy ahora, si iban con tu clásica vestimenta blanca, o si te cubrías de los gélidos vientos con un sweater anaranjado o azul, tampoco es algo a lo que le doy importancia. Si lo que hacías mientras hojeabas el enorme libro de medicina interna era dar una lectura ligera o un repaso previo a una prueba, lo ignoro al igual que todo lo anterior. Hasta hace una semana, todo me resultaba indiferente, un vano recuerdo de un feliz, nostálgico, aventurero y trágico suceso, que ahora sólo hace eco entre sueños y pláticas acompañadas de bebidas. Nunca intenté olvidar la agradable y solemne noche en que nos conocimos, pero tampoco que dejé que un único recuerdo me persiguiera y me atara para evitar mi futuro. Todo, hasta hace una semana.

 

Siete días tuvieron que transcurrir para obtener el valor de escribir lo que me dispongo a relatar. Y es que tan pronto como nos conocimos, tan efímeros fueron nuestros encuentros, como el instante que duró nuestra convivencia o amistad. Dos años cuenta la brillante Luna, y dos años respalda el astro rey. No obstante, para el ojo ávido, para el oído agudo; ni veinticuatro horas logramos sumar si juntamos todas las veces en que nos encontramos. Es una reflexión que lleva a caminos sin salida y una suma que no comprueba nada. O tal vez. Un día en el que intentamos conocernos lo mejor que pudimos, un día en el que descubrí que a tu lado no requería de más para ser feliz, un día en el que miré en tus ojos la belleza verdadera, un día en el que en tus brazos encontré la paz, un día en el que todos los sentimientos se juntaron para formar uno sólo, que me lanzaría desde la cima más alta para finalmente destruirme en cientos, miles o una infinidad de pedazos.

Las conversaciones no hacían más que encender una llama que tanto tiempo llevaba apagada, o que siquiera había sido encendida. En tu voz nunca encontré alguna negativa, tan sólo tu aceptación hacia mí. O quizás si la hubo, y en más de una ocasión me pude percatar, y como todo aquel que ha sido cegado por la luz de la belleza, que ha sido atolondrado por un la taquicardia o que ha sido despojado de su consciencia debido a la mujer a quien siempre imaginamos encontrar, y cuando lo hacemos, deseamos no haberlo hecho. En esa posición, mi falta de razonamiento inhibió el sentido común, y atribuí cada una de tus negativas a factores externos a ti, pensando que tú serías incapaz de ello. Vaya mentira en la que me enfrasqué, todo humano ha de ser imperfecto por naturaleza.

¿Recuerdas la lluvia que nos unió? La había olvidado, y fueron estos vientos que han traído a los cúmulos y cumulonimbos del pasado para hacerme recordar que aun existes, y caminas entre las calles de esta pequeña ciudad. Tan pequeña es que, irónicamente, nunca más nos hemos vuelto a encontrar. Te mentiría si te dijera que camino sin esperar nada, sin embargo, siempre camino con la esperanza de encontrarte, con el vivo temor de verte junto a alguien más. Es una apuesta arriesgada, que estoy dispuesto a tomar, con tal ve volverte a ver.

Hay quienes creen en el destino y otros en la casualidad, yo creo y dudo de ambas. Si por casualidad nos conocimos y el destino nos separó, no difiere tanto de si el destino nos unió y la casualidad nos separó. Estamos ahora parados en el mismo punto, uno distante de otro. Ahora tan sólo recuerdo lo poco que fuimos de compartir. En un día intente que fuéramos algo para darme cuenta que no seríamos nada. Si el destino te envía esta historia, o la casualidad quiere que la leas, para mi será igual, y aun así sigo pensando en ti. Quizás ya no sienta el ferviente amor de antes, quizás…

 

 

Aun así, sería tan feliz si te volviera a ver.

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