Compendio de cuentos

Siempre me he cuestionado que es el amor, las respuestas son muy variadas dependiendo a quien le preguntes: a un psicólogo, neurólogo, ingeniero, abogado, licenciado, enamorado o desenamorado, niño o niña, papá o mamá, abuelo o abuela, novio o novia, letrado o filósofo, físico o matemático, teólogo o vagabundo. Las respuestas carecerán de algún punto en común, muy probablemente. Y es natural, pues es un sentimiento que carece de una definición real. Todos hablan de él, todos lo sienten, todos lo odian, pero nadie sabe que es. Podría yo hacer alguna encuesta, leer libros, leer historias, ver películas y escuchar anécdotas; para así, al finalizar, concluya que yo tampoco sepa que es el amor. Pero dejemos de darle vueltas a este asunto que no nos llevará muy lejos, mejor dejaré que esta historia sea la que intente agregar una definición más sobre el amor.

En los tiempos de la primara, un par de niños se habían hecho muy buenos amigos. Cada uno, el niño y la niña, tenían su grupo de amigos con quien pasaban el rato durante el recreo y después de clases. Pero al menos una vez a la semana, los dos gustaban de conversar y jugar con el grupo de amigos del otro. Por seis años jugaron a todo lo que el otro quería, intercambiaron más de diez mil secretos, platicaron de centenares de cosas y habían ido de vacaciones por gran parte del país con las familias del otro. Llegó el primer año de secundaria, y ambos seguían siendo muy buenos amigos, no obstante, la joven maduró antes que el niño y sus intereses pronto se volvieron distintos. Ambos dejaron de frecuentarse con la emoción de antes, sus pláticas ahora sólo bastaban de un hola y adiós.
Ambos dejaron también de convivir con su antiguo grupo de amigos, y habían formado uno nuevo. Fueron tres años de emoción, diversión y confusión para ambos jóvenes que poco a poco se iban distanciando uno del otro.

Cuando ambos entraron a la preparatoria, ya se encontraban en instituciones distintas, y ahora no se dirigían la palabra, no porque se cayeran mal, sino porque ambos habían perdido el número telefónico y correo electrónico del otro. A la edad de 16 años, la joven se encontró con un muchacho de características físicas similares a las de su antiguo amigo, pero con una mentalidad distinta. Ella se enamoró de él y pronto se hicieron novios. Mientras el joven se había dedicado a estudiar y a convivir con sus amigos, dejó de importarle lo que su corazón pidiera, dijera o pensara. Así, cada quien había ya tomado su camino. Ella, enamorada de su novio, siguió sus pasos y se mudaron a la ciudad, donde ambos cursarían la carrera.
Uno se dedicó a la ingeniería y la otra a la licenciatura. Fue a finales de la carrera, cuando él encontró por fin una mujer que tomó su corazón y lo intercambió por el suyo. La joven, en tanto, había sido engañada repetidas veces por dos hombres más que ella conoció. Y al salir de la carrera, ella se encontraba soltera, pero con miras a posicionarse en un buen lugar de trabajo.
El joven junto a su novia, se dedicaron a estudiar la maestría mientras trabajaban en una empresa como simples trabajadores más. Pero sus habilidades los llevarían a tomar puesto de mayor nivel, y al finalizar la maestría, ambos fueron enviados fuera del país, donde viajaron y conocieron el extraño pero hermoso mundo internacional.
La mujer, quien había obtenido un alto puesto, fue pronto despedida al rehusarse a tener relaciones con su jefe, sin embargo, ella tomó ventaja de su despido para iniciar uno de sus proyectos deseados, la creación de una empresa. Su idea no era revolucionaría, pero no tardó en crecer su idea. Por aquellos días, el joven y su novia regresaban a su país, para cortar. Cada quien emprendió un nuevo camino, ella continuó con el doctorado; mientras que él se dedicó a trabajar donde antes se encontraba. Ascendió de puesto y fe dispuesto como intermediario entre la empresa nacional y las extranjeras.
La joven encontró un nuevo hombre, con quien tuvo un hijo, y al poco tiempo, una hija. Cuando el niño cumplió cinco y la niña cuatro, el joven se decidió por tomarse un año sabático en su trabajo, mientras se disponía a continuar una investigación psicológica que había dejado inconclusa hace tiempo, y con la cual pensaba obtener un nuevo título de posgrado. Así, el joven vivió medio año en el viejo continente, para regresar a su país natal y en la capital se encontró con su amiga, quien contaba con poco tiempo para atender a sus hijos, pues ella y el padre de los niños, trabajaban cerca de doce horas diarias. El joven explicó la situación en la que él se encontraba y se ofreció para cuidarlos, ya que tenía tiempo libre. Su antigua amiga, aceptó la oferta sin pensarlo, y sin dudarlo le pidió que se vieran un fin de semana para platicar de lo que había acontecido en sus vidas. El joven sintió arder su pecho al conversar con ella, sus ojos se cristalizaron y enfocaron en su rostro. No había sonido que perturbara la voz de la dama, el joven ahora hombre, estaba enamorado de ella, y al mismo tiempo celoso del hombre que se encontraba haciéndola feliz. Así, nuestro buen compañero, ideó un plan para robarle lo que ella más amaba.

De lunes a viernes, el hombre se presentaba después de las dos de la una de la tarde, iba por los niños a la escuela y les preparaba de comer. Les apoyaba en sus tareas, veían la televisión juntos y antes de irse a dormir les contaba un cuento. Así fue al principio, pero pronto, él les pidió que dejaran de ver la televisión y en su lugar, les platicaba de cosas de la vida, les enseñaba un tercer idioma, les enseñaba fundamentos de física y matemáticas, les explicaba cosas de la vida, les enseñaba a cocinar. Y los cuentos de los libros ya no eran suficientes para ellos, entonces él les contaba cuentos que él mismo había inventado. Y en un par de meses más, él los llevaba al parque, les enseño a jugar fútbol, basquetbol, tenis y voleibol, les enseño a andar en bicicleta y les comentó los misterios del universo. Las estrellas eran el nuevo libro de los niños.
Los sábados y domingos, papá y mamá contaban con poco tiempo para sus hijos, pues terminaban tan agotados, el papá era el que menos se preocupaba por ellos, sin embargo, la mamá se esforzaba pese a su cansancio, en atenderlos.
Así, un día el hombre enfermó y fue incapaz de presentarse dos o tres días, y esa misma ocasión, los niños preguntaron “¿Dónde está papá?” Su madre respondió, “Trabajando”, a lo que los niños comentaron “¿Ahora cuida a otros niños?”
“Él nunca se dedico a cuidar niños” respondió la mamá con una risita
“Él cuidaba de nosotros” dijo la niña
“¿De quien hablas?” preguntó la mama confundida
“Pues de nuestro papá, quien viene todas las tardes” respondió el niño
“Él no es su papá, sólo un viejo amigo que no tiene empleo y le pedí que los cuidara, ya que su padre y yo no tenemos tiempo para cuidarlos entre semana” sentenció la mamá.
“Pues parece que a nuestro verdadero papá poco le interesamos” sentenció enojado el niño, quien se fue corriendo con su hermana al cuarto, a llorar.

La mamá lloró a solas en su cuarto también, esperando a que llegará su novio para que le explicara lo que había sucedido. El hombre entonces le negó la entrada a quien antes se dedicaba a cuidar a sus hijos. Los niños no miraban con mucho agrado a su papá. Inclusive no lo reconocían como suyo. El papá se enojó con ellos, les gritó y golpeó. La madre tuvo que interceder para que la situación se tranquilizara. Le tomó al papá más de un mes para hablar con sus hijos y preguntarles que veían en el otro hombre, que no veían en él. Los niños no tardaron en responder que él nunca les había pegado o regañado, que les contaba historias en la noche, que les contaba más de lo que debían saber, que todas las tardes había algo interesante que hacer. El papá intento hacer lo mismo, pero su voz no mostraba emoción alguna a la hora de contar cuentos, no les explicaba cómo hacer la tarea, no los sacaba de la casa, no les dejaba cocinar, simplemente él no era su padre.
El antiguo amigo, en tanto, no volvió a presentarse en aquella casa, y el hombre no soportó la idea de que sus hijos no lo consideraran su padre, y decidió abandonar a la familia. La mamá, que había fundado antes una empresa y luego por cuestiones de dinero, permitió que su mediana empresa (en vías de desarrollo) fuera comprada por una firma internacional, relegándola a ella a un puesto de mediano nivel, tuvo que pedir trabajar medio tiempo. Los directivos le tenían reservados ciertos privilegios a ella, puesto que ella había sido la fundadora. No obstante, le recortaron el sueldo a la mitad. Lo que ganaba no era suficiente para mantener a sus dos hijos.

Uno o dos años más tarde, el hombre, antiguo amigo de la mujer, comenzaba su doctorado y por azares del destino, mientras el caminaba por una plaza, uno de los niños gritó “¡Papá!” y ambos corrieron a abrazarlo. La mujer, quien ahora sufría de cierta histeria, fue consolada por su viejo amigo, ambos vivieron juntos cerca de seis años. El sueño del hombre se había hecho realidad, su amor de toda la vida por fin le había abiertos sus puertas. Ella, al principio se negaba, pero pronto se dio cuenta que el pequeño niño que ella había conocido, seguía allí, tan inteligente, astuto, inmaduro, creativo, juguetón y trabajador.
Lamentablemente, y luego de seis años, ambos empezaron a tener problemas, los niños eran incapaces de dormir por las largas discusiones que la pareja tenía por las noches. Entonces, el hombre, esperó cuatro meses, en lo que terminaba de escribir su compendio de cuentos con notas, y se lo dejó a sus hijos. Se despidió de ellos, de su amada y ahora odiada amiga, y viajó al extranjero, a encontrarse con otra persona que había conocido años atrás.

Los niños lloraron por largo tiempo la partida de su “padre” y sus recuerdos evocaron a su verdadero padre, el llanto fue aún mayor. Quizás otros dos años más tarde, la dama se encontró con otro hombre, quien la hizo mudar de casa y de ciudad. No puedo asegurar que hayan vivido felices par siempre, pero puedo decir que al menos no tuvieron problemas mayores. En cuanto al hombre, se casó con la mujer que había conocido tiempo atrás. Tuvo dos gemelos, y una hija. Los niños, hijos de su amiga, terminaron de leer el libro, comprendieron las referencias y fueron en busca de su “padre”, quien al verlos los recibió con felicidad y les presentó a sus “hermanos”.

Mucho tiempo después, luego de que ambas familias vivieran con júbilo, el hombre se encontraba en el hospital, y allí mismo recibió la llamada de su antigua amiga, quien le dijo que también se encontraba gravemente enferma. El hombre, pese a su salud, viajó a encontrarse con su amiga. Juntos en el hospital, se tomaron de la mano, y ella dijo “Por fin puedo morir en paz, junto a ti” El hombre asintió con la cabeza, y ambos cerraron sus ojos. Mientras sus hijos lloraban alrededor de ellos.

FIN

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