El amor no es como lo escriben

Alguna vez me encontré con un joven de mi edad, pero que a diferencia de mí, disfrutaba de gran éxito. No recuerdo exactamente como, ni porqué empecé a hablarle, pero he de agradecer por tal momento, ya que se ha convertido en un gran amigo. Entre nuestras tantas pláticas, le pregunté la causa de su éxito, su respuesta fue asombrosa y a la vez increíble, he aquí lo ocurrido.

En sus tiempos de juventud, mientras mi amigo aún asistía a la universidad, se encontró con aquella pasión que lo llevó a ser famoso: escribir cuentos, poemas e historias. Él amaba la lectura, pero quería dejar de ser un lector más para convertirse en un creador de historias.
Comenzó escribiendo cuentos cortos que mostraba a sus amigos, ellos le retroalimentaban con críticas constructivas, y en ocasiones destructivas. Pronto se dio cuenta de sus errores y los corrigió. Sus amigos hablaban maravillas de sus cuentos y en poco tiempo, otros compañeros de su escuela se interesaron en su trabajo. La pasión por escribir aumentó y abrió un blog, el número de seguidores no era el que él esperaba; enojado, dejo de escribir por semanas, gritó a los cuatro vientos, se tiró al suelo, lloró y estuvo a punto de dejar la escuela. Su afán de tener seguidores pronto se apaciguó al darse cuenta que a él le gustaba escribir por amor y no para satisfacer a las personas.
Justo en aquel momento, en el que dejó de preocuparse por lo que los demás podían pensar de sus escritos, ocurrió la magia. Aquello que él plasmaba en su blog, se hacía realidad. Historias de drama y romance, terror y comedía. Tardó en percatarse de la situación y cuando lo hizo, sus oscuros sentimientos salieron a flote, escribió fantasía y ciencia ficción, y entre esos cuentos escribió aquello que lo llevó a una firma de autógrafos de un libro de su autoría. Publicó varias novelas y compendios de cuentos, fue rico, famoso, pero nunca feliz, siempre había un hueco que le robaba el sueño, que le quitaba el apetito y que lo alejaba de su familia, era quizás su codicia, su orgullo, su vanidad o simplemente su falta de amor lo que lo orillaba a la soledad. Por aquellos días, entonces, decidió escribir un cuento en el que conocía a una persona que se convertiría en su amigo, tuvo pocas visitas tal publicación en su blog, pero recuerdo que por esas mismas fechas nos conocimos.
Tiempo después, me di cuenta que él se alejaba de mí, le pregunté alguna vez por su vida amorosa, pero luego me arrepentí, aquello lo hizo caer en el alcohol, en la ira y aislamiento. Poco escribía ya, quizás de lo último que publicó fue sobre una hermosa mujer, de quien tuve el gusto de conocer. Pudo haber sido su amante, su novia o incluso su esposa, pero envuelto en llanto, ira y tristeza, la mujer que había empezado como un encanto, fue transformada hasta ser una horrible y despiadada dama, un personaje que casi termina por matar a su creador.
Era insoportable verlo en la forma en que lo veía, tirado en el piso, suplicando por su fin, bañado en un sudor gélido, temblaba de miedo, temía ir a dormir, pero también le asustaba el hecho de despertar. La única opción que quedaba era regresar todo a como había comenzado. Fue difícil convencerlo al principio, pero quizás estaba ya muy perdido en su aflicción que le era indiferente hacer algo o no hacerlo.
Tardó quizás seis meses en escribir su autobiografía, sentenciando al final aquello que lo regresaría a como era antes de haberse perdido en la fama.

Desde entonces, aquello que escribe ya no se vuelve real, o al menos eso es lo que se cree.

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