Cenicienta IV

Felices por siempre

Los gallos cantaron al amanecer y ambos despertaron creyendo que todo era una pesadilla, pero la realidad era otra: Se encontraban encadenados dentro de frías celdas de piedra, el suelo estaba tapizado de carbón y musgo. Fabio y Cynthia se miraron por varios minutos, entonces él preguntó -¿Qué temes para ocultar tu rostro?- ella no dijo nada y comenzó a llorar, Fabio le retiro el velo de encima y miró como el oscuro rostro de su amada se limpiaba por sus lágrimas, dejando ver aquella piel brillante. En aquel momento de bonanza, Félix llegó con sus guardias, retiraron las cadenas de Cenicienta y se la llevaron cargando hasta un barco. Fabio gritó y amenazó, pero nada de eso inmutó a su padre.
Al retirarse todos, Fabio se dio cuenta que una de las zapatillas de su amada se le había caído a unos pasos de su celda, él se estiró lo más que pudo hasta obtener aquel único objeto que le quedaba de Cynthia, se aferró a éste y quedó profundamente dormido.

Cenicienta había sido llevada lejos del pueblo, a una región donde las mujeres y hombres africanos trabajaban incansables horas para obtener alimento para la nobleza. Se les pagaba con tres raciones pequeñas de comida. Pero era atender a las peticiones de los caciques o perecer cruelmente en aquellos aparatos de tortura que cada año eran innovados.
Así pasaron siete largos meses, hasta que por fin ya fuese el destino o la suerte, que ella logró escapar de aquella mina donde era explotada. Corrió de regresó al reino esperando que Fabio aún siguiera vivo. Para gran asombro de ella, se encontró a su príncipe tirado cerca de un arbusto a la entrada de un pueblo, sosteniendo la zapatilla de cristal e intentando ponérsela a las mujeres que paseaban esperando encontrar a su amor. Cynthia entonces corrió con miedo hacia él, pues su largo cabello y barba lo hacían casi irreconocible, recitaba versos en un lenguaje desconocido para muchos, pero que ella había estudiado en sus ratos libres. Entonces, ella misma se colocó la zapatilla, aquello pareció tener un efecto positivo inmediato sobre Fabio, quien se levantó de golpe y la abrazó. Ambos se besaron y caminaron hacia el castillo.
Ella entonces hizo una pausa, le dijo que sería imposible que ambos entraran al castillo en la forma en que iban vestidos y mal presentados, entonces fueron a donde se encontraba la tumba de su madre y la planta ya crecida de su padre. Ella cantó a las aves que de inmediato trajeron sublimes ropas para ambos, ella le cortó su cabello y él se retiró su barba. Si alguien los hubiera visto, hubieran sido fácilmente confundidos como los reyes del reino.

Entraron al castillo y allí, Cynthia se llevó una gran sorpresa al enterarse de que una de sus hermanastras había contraído matrimonio con el hermano de Fabio. Félix recibió a su hijo con desagrado al ver a la mujer con quien venía. Pidió a los guardias a que retiraran a esos intrusos que se atrevían a romper la paz en el palacio. Fabio liberó todo su odio contra su padre y con su sable lo amenazó, Félix sonrió y refutó –Parece que no has aprendido tu lección, ya te gané una vez, ¿Qué cambiará en esta?- Cynthia desenvaino una espada otorgada por uno de los pájaros y ambos pelearon contra el rey. A punto de matarlo, ambos le perdonaron la vida, pero desterrándolo del reino. Así Fabio, por ser el mayor, y Cynthia reinaron felices para siempre o al menos eso cuenta la historia que se le cuenta a los niños, pero lo cierto es que ambos decidieron no pasar el resto de sus vidas juntos, continuaron frecuentándose, pero mientras tenían esposas diferentes. La hermanastra intentó más de una vez obtener el corazón de Fabio, cosa que al final obtuvo. Así ambas mujeres pudieron tener la vida que tanto quisieron. Cynthia en tanto, se encontró con un apuesto hombre con quien tuvo dos hijos con quien vivió hasta sus últimos días, llena de felicidad, ocultando siempre su relación a oscuras que tenía con Fabio y de quien tuvo un tercer hijo.

FIN

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