El despertar de la muerte – Parte I

Dioses

Hace centenares de años, mientras las civilizaciones a penas nacían, hubo una ferviente batalla entre los dioses de la luz y de la oscuridad; la causa: Decidir a quienes les pertenecían las almas de los difuntos.
Cierto es que ninguno de los dos clanes quería tener la responsabilidad de cuidar las almas de los mortales. Debido a esta disputa, hubo un tiempo que los seres vivos eran inmortales. Humanos, animales y plantas avanzaban en edad, pero sus cuerpos jamás morían. Las enfermedades eran entonces, el peor castigo que un ente inmortal podría tener. Se sabe de hombres que vivieron más de un milenio y de varios más que sufrieron por siglos, esperando descansar en paz.
La población aumentaba casi exponencialmente a cada año, los humanos desconocían la palabra muerte y panteón. Por esa misma razón, los mayores avances científicos fueron los tópicos relacionados con la medicina, pues había gente que se preocupaba por detener el sufrimiento interminable que aquejaba a cientos y luego a miles de personas en todas las tierras del globo.
Transcurrieron mil revoluciones alrededor del Sol antes de que los dioses pusieran fin a su guerra. Acordando entonces que ambos clanes se quedarían con determinadas almas. Entonces, se votó por qué Anubis descendiera de las estrellas y, en forma de chacal, tomara el alma de los muertos, así como sus corazones y determinara si era justo que sus almas permanecieran inmortales o debían ser eliminadas. Acordados estos acuerdos que reinarían sobre los mortales en la tierra, Anuket, hija de Ra, Jnum y Satis, diosa del Nilo y la lujuria; observaron la explosión demográfica en el planeta y planteó el problema de que la guerra hubiera durante tantos años, por lo que Amón y Anubis aprobaron su idea en la que el mundo sería ahogado para comenzar una nueva generación de humanos, animales y plantas. Tal diluvio era preparado desde el cosmos, y tardaría en llegar. Al mismo tiempo, en la Tierra, despertó un grupo de personas que creían en el ocultismo y trataban de explicar la razón de la vida eterna y el sufrimiento eterno, intentaban comprender los fenómenos naturales desde otro punto de vista, como la naturaleza y los cielos. Y en tampoco tiempo, los grupos generaron nuevos seguidores, quienes fueron los sobrevivientes al diluvio universal. Pues habían sido los sabios de la secta, quienes observando las estrellas y el comportamiento del río Nilo, dedujeron que un terrible desastre pluvial estaría por venir.
Entonces llegó el tan socorrido día, los seguidores de la secta fueron a refugiarse a las montañas más altas, y algunos no seguidores, por curiosidad, fueron junto a ellos. Las horas transcurrieron con un terrible calor y un cielo completamente despejado, que la gente empezaba a dudar de las premoniciones. Resultó entonces, que de un momento a otro, los cielos se nublaron, los grises se tornaron negro y una incesante lluvia calló por cuarenta días y cuarenta noches.

A causa del desastre, Anubis tuvo que descender y retirar de los cuerpos que flotaban sobre las aguas, sus almas y corazones. Para evitar el tan agotador trabajo de ir a las estrellas y regresar al planeta, optó por improvisar una sala de juicio en una de las montañas más altas. Allí, el dios volaba y regresaba, dejando a todas las almas formadas con sus respectivos corazones en su mano izquierda. Luego de haber tomado al último ser, regresó con las ánimas y gritó con voz grave –He aquí La sala de las dos verdades, cada uno de ustedes será entrevistado y si sus palabras son justas, podrán ingresar al Aaru, casa de Osiris y de las almas buenas; no obstante, aquello no será suficiente para determinar si han de vivir eternamente o no- Mostró una balanza y continuó –Esta brillante balanza tiene en un lado una pluma, y del otro lado colocarán sus corazones; si existe un equilibro entre ambos, las puertas les serán abiertas, en caso contrario, mi honorable mascota Ammyt, devorara sus corazones, poniendo así, fin a sus vidas- Tal criatura que mencionó, era un ser con cabeza de cocodrilo y cuerpo de león e hipopótamo.
Las almas comenzaron a avanzar y responder las preguntas, sus corazones eran pesados y luego se determinaba si debían o no seguir viviendo. Muchas almas fueron eliminadas, la sangre pronto corría por las laderas de la montaña y las almas gritaban en agonía hasta que no quedaba nada de ellas, se dice que era un horror presenciar la desaparición de un alma, pues su sonidos emanadas por sus labios, hacían a la persona más feliz, en la más triste. Provocaban en el rostro de los vivos, una nostalgia y depresión; que podía llevar a más de uno, al suicidio. Aquello que relato, es cierto y fue presenciado por los sobrevivientes del diluvio, quienes se encontraban en el extremo opuesto a la montaña, uno de los no seguidores de la secta, se ocupó de documentar tal suceso con la mayor cantidad de detalle, aquello luego fue transcrito como “El libro de los muertos”.
Las horas transcurrían con naturalidad, hasta que la última alma fue juzgada. Las nubes se retiraron y Ra permitió al Sol volverse a mostrar.
Tardaron algunos siglos más, antes de que los animales y plantas volvieran a nacer; y otros años más, para que apareciera la nueva generación. Los sobrevivientes ya habían muerto, pero habían dejado en claro a sus hijos y bajo escrito, aquello que ocurría luego de la muerte. Entre aquellas palabras y letras mencionadas, hubo una muy importante, aquella que determinaría el rumbo de la civilización, tal y como se conoce.

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