El falso amor

En mis ratos de aflicción o cuando me miro al espejo y veo las heridas causadas por mi inconsciente, cuando recuerdo aquella pequeña anécdota ocurrida hace ya algunos siglos, me tiro al suelo, y en llanto recito su nombre para buscar inspiración, o simplemente para reír. Pero nunca aparece, en mis momentos más oscuros, momentos que quizás deberían quedar en el olvido y que, sin embargo, he escrito anteriormente. La Luna, testigo mudo de cuantas aventuras han vivido humanos y animales, es intermediaria entre los mortales y los dioses.

Aquella vez, entre mis tantas súplicas, mientras me encontraba tendido en las tierras de la nada, el viento sopló de forma muy peculiar, distinta a las veces anteriores; pensé que podría ser ella, apareciendo a mis súplicas, pero no lo era. Recuerdo que luego de su partida al Olimpo, nos vimos unas cuantas veces más, pero luego, ya nunca más. Esa tarde, luego de que la brisa retirara cuantas nubes pudiera, el atardecer que presencié fue uno de los más espectaculares.
El sol, ocultándose en el horizonte, con Mercurio y Venus asomándose, uno de cada lado; y mientras los tonos azules se mezclaban con vivos naranjas, seguidos de profundos rojos; cerré mis ojos y recité su nombre, sin impaciencia o dolor, un súbito destello iluminó mi lado derecho, volteé y para mi gran sorpresa era ella, una enorme sonrisa se le dibujaba de oreja a oreja.
-Gracias por traerme a ver tan magnífico espectáculo- dijo ella mientras tomaba mi mano. Esperamos a que los rojos se convirtieran en violetas, los anaranjados en azul marino y los amarillos en negro. Las estrellas iban apareciendo, saltando entre el cielo, acto seguido, una lluvia de estrellas completó el espectáculo nocturno.
En aquella nada, nos mantuvimos recostados mirando el cielo nocturno. Yo, teniéndola a unos centímetros de mí, le dije “Te amo”, ella se levantó de golpe y confundida, gritó una serie de incoherencias que nada entendí. Noté como las puntas de su cabello cambiaban de color, quise decir algo, pero ella colocó su dedo índice sobre mis labios y me calló. Ella dijo luego -Acepto tu amor, pero has de comprender que nuestro amor jamás será correspondido. Pero veo en tus ojos, que no me amas como tú crees amarme realmente, tus deseos carnales son producto de tu tristeza, de tu desolación, por ello no desciendo cuando triste estás, porque entonces buscas con quien reconfortarte, pero hoy, que feliz te encuentras, no estás dispuesto a soltar tu corazón conmigo, tu alma tranquila no busca un alma cálida. Sé que me amas, por lo que soy y por cómo nos conocimos-

Cerré mis ojos y desperté en mi hogar. ¿Cómo había llegado? No lo sé, pero las palabras dichas por ella las recordaba con gran vivacidad, que ahora me preguntaba si todo había sido o no un sueño.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s