Caminos Encontrados IV

El reloj

Creí que la travesía de regreso sería corta, pero más equivocado no podía estar, caminamos y cabalgamos por mes y medio, pero debo admitir que valió la pena, me sorprendió conocer a una mujer de un gran bagaje cultural, una sonrisa tan misteriosa que siempre me alegraba, tan enérgica y sincera, con una gran imaginación. Nos fuimos conociendo más y más, nos hacíamos más amigos conforme avanzábamos.
El tiempo fue nuestro aliado durante todo el trayecto, creíamos que avanzábamos a paso lento, pero ese era el paso que debíamos mantener. No sabíamos nada de la guerra, de lo ocurrido con el falso pretendiente de la princesa o de los reyes. Las bestias aladas o dragones, nos seguían en nuestro recorrido y nos cuidaban desde las alturas.
En esos días me contó que el príncipe que la pretendía, era un mujeriego que únicamente buscaba el beneficio personal. Recordó el momento en que creyó haberse enamorado, pero sólo fue una ilusión causada por una novedad. Ambos, príncipe y princesa caminaban felizmente por el centro del reino, no obstante, ella se dio cuenta de las intenciones del príncipe y decidió alejarse por un tiempo. Las amenazas de muerte no tardaron en llegar y Paola ya no salía de su cuarto, miraba por horas y horas un antiguo reloj de su abuelo, luego leía, pero jamás salía. Ella no confiaba en nadie más que en su sirviente que le llevaba su comida, ella hablaba y le contaba sus agonías, pero el sirviente no le respondía a sus preguntas, contestaba con pequeñas frases como: “Debe seguir leyendo”, “La comida le ayudará a pensar mejor”, “Mirar por la ventana, le dará una mejor vista del problema” o “Escribir sus dudas y penas, ayudaran a su mente a pensar en alternativas”. Paola escuchaba con atención los consejos dados, pero creía que no daban resultados. Transcurrido un mes, el sirviente se acercó a ella para darle su cena, entonces se sentó junto a ella y le dijo “Veo que miras ese reloj con impaciencia, pero el tiempo no cambiará nada si tu no decides hacer algo, tomar una decisión ahora sí cambiará las cosas”. Aquella noche, la princesa pensó y aceptó casarse con el príncipe. La boda sería celebrada en breve, pero aquella misma noche, la princesa tuvo problemas para conciliar el sueño, daba vueltas de un lado para otro, la luna no se mostró y en su lugar, un espléndido dragón tomo forma humana y entró por la ventana, ella se espantó al principio, quiso correr, pero él terminó por abrazarla, tal gesto la tranquilizó. El hombre se convirtió en dragón justo después de salir de la ventana con ella entre sus brazos.

Pasaron varios días más y por fin pasamos por la taberna donde fui casi asesinado, me percaté que aparecía el rostro del príncipe, hijo de los reyes Fabio y Emma, con la frase “Se busca”, aquello nos dejó atónitos. Caminamos con cautela hasta llegar al reino de la madre de Paola. Una vez dentro, me sentí aliviado de escuchar que la guerra estaba por terminar, que ambos reinos habían llegado a un acuerdo de paz. Paola y su madre se abrazaron con tanta felicidad, que ambas rompieron en llanto, yo entonces, seguí mi camino al sur. No alcancé a despedirme de ambas, así que dejé una carta en la mesa del comedor, donde explicaba mi repentina ida y donde también cumplía mi promesa de regalarle el caballo a la princesa Paola.

Caminé hasta el sur para averiguar la razón por la que el príncipe era buscado. Volví al castillo, donde platiqué con Emma y le conté todo lo que sabía. Ella guardó un largo silencio que me preocupó bastante, por fin, ella me preguntó que qué debía hacer en estos casos, a lo que no pude responder. Ella me insistió que fuera a buscarlo, cosa que ya había comenzado mientras venía de regreso al reino del sur. Había hecho mis anotaciones, como era mi costumbre. Repasé los hechos conocidos, intentando construir diversas hipótesis que explicaran los hechos ocurridos, pero todo parecía carecer de sentido, había una pieza faltante en este complicado rompecabezas.

 

Continuar con la quinta parte

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