Canto

Allá en los fiordos se dice que existe un monstruo marino capaz, inclusive, de salir de su hábitat para emprender un vuelo de apenas unos minutos. Quienes lo han visto han sufrido terribles muertes y los que han sobrevivido, se encuentran internados en hospitales psiquiátricos, por lo que sus anécdotas carecen de validez científica.
El mito se ha ido desvaneciendo, pocos hablan de él y, sin embargo, forma parte de la vida de los enamorados que en su búsqueda por un amor, se vuelven víctimas del monstruo.

He sido medicado desde hace diez años, los psiquiatras parecen tener fe en mi mente y en unos días volveré a ser un hombre libre. A pesar de mi condición, he ejercido mi profesión con gran éxito, la gente desconoce mi pasado turbio y por ende no he tenido que hablar de este tema.
Me resulta intrigante la forma en que la mente se ve afectada a causa del amor y desesperación, al odio y las falsas alegrías.
Contaré entonces, como un compañero y yo, víctimas de la desesperación sucumbimos ante la flor afrodisiaca de la falsa felicidad, que por cierto, es también venenosa.

En mis años de juventud, ocurrió que había sido tratado como un amigo más entre el reducido grupo de amigas que tenía. Los días transcurrían con naturalidad, así como las estaciones. Las experiencias contadas por mis amigos eran de dicha y felicidad, se vanagloriaban por lo hecho cada fin de semana, en ocasiones no me perjudicaba emocionalmente, no obstante, en otras, la ira se apoderaba de mí. Una vez pasaban tales episodios, la serenidad volvía a mí y mi vida volvía a ser como antes.
Probablemente me iba muy bien en los demás aspectos, hasta que me encontré con un extraño individuo de nombre Jael. Era un hombre con la misma suerte que yo, pero que conforme se fue acoplando a la nueva escuela, alcanzó una condecoración de excelencia con el mínimo esfuerzo. Había permitido que Jael entrara a mi círculo de confianza, se había convertido en mi amigo, a pesar de que poco nos hablamos ya que tomábamos clases en aulas diferentes. Nos frecuentábamos poco, pero reíamos demasiado.

En las noches y en los días de vacaciones, comenzaba a oírse una hermosa voz, dulce y profunda. Salí de mi habitación, me asome entre las calles, pero no había mujer, tan solo una voz perdida que recorría la ciudad. Todos los días caminaba atento en busca de la mujer, pero nunca la encontraba.
Resultó entonces, luego de dos semanas, que la mujer por fin se hizo ver. Caminaba con pulcritud, vistiendo un largo vestido anaranjado, con curiosos encajes. Corrí desde donde me encontraba hasta la otra esquina, pero me vi obligado a frenarme, pues mí antes amigo, ahora enemigo, le obsequiaba unas flores violetas. Ella le sonreía y abrazaba.
Al día siguiente, era mi oportunidad de luchar, el regalo de las flores podía ser fácilmente superado por una cena en un excelente restaurante.
Los días pasaban con aparente normalidad, las risas, murmullos y palabras que salían de aquella mujer me habían cautivado, enamorado y al cabo de las horas, obsesionado. Sabia del error en que me había metido, podría salir fácilmente de tal hoyo, pero cada vez que lo intentaba, oía su canto hacer eco en mis oídos, mi mente se revolvía, mis pensamientos se nublaban por falsas esperanzas, tristes amores e iracundias felicidades.
Un largo cabello rojizo cubría su espalda, su andar enamoraba mi vista, pero no sólo la mía, Jael sufría la misma obsesión.

Sabía que no debía seguirla, pero ya estaba falto de conciencia y únicamente seguí el canto. Jael poco sabia de la mente y no le preocupaba lo que fuese a ocurrir. Llegamos a los fiordos tan famosos del país, el frio calaba de manera fatal nuestros huesos. Ella salió del agua cantando, caímos rendidos ante ella, error más grave no pudo haber. A los instantes siguientes, y nosotros ya perdidos entre la obsesión y la mentira, emergió el monstruo del que tanto hablaban, terrible en sí. Un enorme cuerpo de ganso, una larga aleta como cola y la cabeza de una señora de edad ya avanzada, cabello largo y canoso. El monstruo, allí se mantenía flotando expectante, nos miraba con repudio, pero no éramos capaces de percatarnos de lo que tal enorme criatura era capaz. Tan pronto se secó su plumaje, levanto vuelo. Acto seguido, cayó en picada contra nosotros, de inmediato recobré mi consciencia. Jael tardó un poco. Al final nos enfrentamos al animal, la sirena ya había regresado a las aguas y nos había tendido una trampa.
Luchamos un largo rato, hasta que el monstruo tomo con sus garras a Jael, intenté salvarlo, o al menos eso me repetí por varios días, pero ahora que escribo esto, he de admitir que luché por salvar mi vida. Fui severamente golpeado con su aleta, me levantaba y volvía a ser lanzado. Recuerdo haber caído al agua, donde fui rescatado por la sirena. Su canto ya no enamoraba, al contrario, entristecía los corazones. A lo lejos, vi como el monstruo se introducía a las aguas con Jael entre sus garras.

Desperté lejos del fiordo, entre malezas verdes y tierras húmedas. ¿Había sido un sueño? me pregunté, fui rescatado por protección civil, me preguntaban por Jael, pero yo era incapaz de hablar en un idioma conocido, recitaba versos inteligibles, por lo que fui llevado al hospital psiquiátrico, estuve internado siete días, me medicaron y salí. Pero no por mucho; encontraron el cuerpo de Jael flotando sobre las aguas, me hicieron preguntas, yo respondí lo que había visto, pero fui tachado de loco.
Deje el tema a un lado, no lo volví a mencionar, seguí tranquilamente con mi vida. Tuve amores que poco duraban por mis ataques de locura, delirios que me hacían insoportable.

Pero ya ha pasado tiempo suficiente, ya he sido dado de alta, ya no requeriré medicación. Libre de escribir estas palabras, he advertido a ustedes como el falso amor convertido en obsesión y la falsa felicidad convertida en ira, como la desesperación y la envidia llevan a una locura mortal.

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