¿Casualidad o destino?

Pequeña niña de ojos dorados, pequeño niño de ojos castaños, dos jóvenes que se enamoraron a primera vista, durante una tarde invierno, una vez se miraron y una vez fue suficiente para que sus corazones se enlazaran con las cadenas perpetuas del amor.
Ambos vivieron en terrenos distintos, una en las montañas y el otro en las llanuras. Tuvieron oficios distintos y se educaron de maneras muy diferentes, pero aquello no influyó en sus mentes enamoradas cambio alguno.
Pasaron varias traslaciones terrestres, mientras una sufría de nevadas y fuertes ventarrones, el otro sufría de sequías e inundaciones; pero era el instinto animal de sobrevivencia lo que los mantenía a flote en sus complicadas vidas lejos de las metrópolis. Ambos, ya adultos, eran proveedores de alimento y vestido a las ciudades importantes de aquella época.
Una levantaba la vista cada noche, contaba las estrellas; el otro bajaba la mirada y contaba las flores. Desconocían el mundo exterior, tenían ansias de conocerlo, pero sus padres se lo negaban rotundamente. Les contaban historias de horror para que dejaran de pensar en viajar, ambos se tranquilizaron, pero sólo mientras las historias de horror permanecían en sus mentes.
Más traslaciones terrestre hubo y las historias se desvanecían, uno creía en el destino y la otra en la casualidad. El joven ya adulto, pensaba que por alguna razón él se encontraba en esa extensa prisión, la joven ya adulto pensaba que si quería lograr algo, debía hacerlo ella misma, pues nadie en el mundo lo haría por ella.
En aquellos días de verano, una fuerte tormenta proveniente de las sierras, las volvió inhabitables. La joven, para entonces, ya había partido sin haber dejado nota a sus padres. El joven, por el contrario, esperaba una “señal” y la tormenta descendió a los pastizales, lo que provocó que él huyera a la ciudad. Ambos recorrieron países distintos, conocieron gente, conocieron cultura y arte. En su excitación por el nuevo mundo, probaron cosas que cualquier otro hubiera evitado, cantaban mientras andaban en los pueblos, corrían de alegría ante algo nuevo. Su felicidad parecía interminable, hasta que llegó una noche, en la que los dos jóvenes se sintieron incompletos, tocaron sus pechos, pero grande fue su sorpresa al no sentir el latir de su corazón; un enorme vacío los comenzó a matar desde dentro.
Lejos, lejos uno del otro. Sonrisas borradas y alegrías olvidadas. Comprendieron las historias de horror que les contaron, tenían miedo a lo desconocido, se alejaban de todo, querían volver a sus hogares, pero sabían que la tormenta se los había arrebatado. Vagaban errantes por el mundo, tropezaban mientras caminaban, cojeaban y lloraban; no obstante, en las agitadas ciudades, esos seres eran imperceptibles o eran considerados como estorbos.
Ella decidió regresar a las montañas, porque esperaba encontrar algo. El decidió regresar a las llanuras, porque esperaba que lo encontraran.
Y así fue que una encontró al otro, o el otro se encontró con la otra, ¿casualidad o destino? poco se sabe del amor, pero el amor no es algo que se deba describir, es algo que se ha de sentir. Ambos se reconocieron y se abrazaron, su corazón volvió a latir. Se besaron y sus sonrisas iluminaron sus rostros.
Es quizás un final, pero para ellos es apenas el inicio.

Fin.

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