Hadas

No hace mucho tiempo, nació una niña, fruto de una relación amorosa entre un príncipe y una princesa. La niña, de nombre Aline, creció junto a su hermana mayor Zinat en un ambiente de prosperidad y amor.
La princesa, hija de los reyes del oriente, se encontró con su amor en las orillas de uno los ríos que cruzaban el reino y que se prolongaba hasta el reino del poniente, lugar de origen del príncipe. Ambos se conocieron siete años antes de casarse, esto debido a motivos reales y diplomáticos. No obstante, uno encendió la llama de la pasión en el otro, lo que provocó sus ansias por resolver algún problema diplomático para así poder verse. Los reyes desconocían el amor jovial que pronto uniría a ambas naciones. Sin embargo, antes de que su amor se materializara con la boda, cuatro años después de conocerse, una guerra entre los conquistadores de tierras lejanas y el reino del poniente provocó la muerte de cientos de personas y otros cientos de heridos, entre ellos, el príncipe. La princesa había quedado atrapada en medio de la batalla, pero gran fortaleza poseía y con magnifica agilidad, luchó a lado de su príncipe amado. Los conquistadores de tierras lejanas, un ejército que se dedicaba a conquistar territorios para poseerlos, se dio por vencido luego de tres meses de lucha. Pero no se fueron sin dejarle un pequeño recuerdo a los reyes: una herida mortal en el vientre del príncipe. La princesa, quien siempre estuvo a su lado, fue incapaz de defender a su amor. Lloró sobre su cuerpo y lo abrazó mientras esperaba a los médicos. Ellos llegaron con un gran retraso, se llevaron al príncipe a la clínica, pero sin esperanzas. La princesa tuvo oportunidad de quedarse en uno de los cuartos del castillo del rey, no obstante, le fue imposible conciliar el sueño. Rezó por horas y luego rompió en un llanto agonizante, hasta que un hada de vestido anaranjado apareció volando cerca de la puerta. La joven presentaba rasgos finos, alas largas y puntiagudas de color morado; el hada se encontraba flotando con un fuerte aleteo, las lágrimas de la princesa le imposibilitaban observarla con detalle, entonces se limpió sus ojos y preguntó -¿quién eres?- el hada sonrió y al momento de pronunciar la respuesta, el cuarto se refrescó con una fragancia cítrica que confundió a la princesa por unos segundos. El hada continuó hablando -oí tú llanto, tus suplicas y lamentos, ambas sabemos que el príncipe no tiene salvación, pero conozco una forma de salvarlo y antes de que respondas a un sí de desesperación, debes conocer el precio por salvar a tú amor-
-sí, sí, haré lo que me pidas-
El hada sonrió y contestó con risa malévola –Todos toman decisiones equivocadas en situaciones desesperadas- y con cada frase que salía de su boca, el cuarto se impregnaba de ese extraño y apasionado hedor cítrico –Tan sólo me llevaré a tu segunda hija cuando Cronos, dios del tiempo, la requiera-
-¿Y si no tengo una segunda hija?- preguntó la princesa
-La tendrás- replicó el hada
-¿Y si no es niña?-
-Tomaré la vida de tu amado y la tuya también-
La princesa, desesperada, tomó la oferta del hada.

Pasarían tres años antes de casarse, tendrían grandes aventuras juntos y luego de que la boda se celebrara, una fuerte alianza entre los reinos del oriente y poniente se forjaría. Parece un cuento que augura un final feliz, lo cierto es que la princesa jamás se sintió cómoda luego de haber realizado el pacto.

Luego de que ambos príncipes se casaran, tuvieron a su primera hija, tenían sus dudas acerca de que nombre le pondrían, al final optaron por Zinat, que significa sabiduría.
Tres años más tarde, los príncipes tendrían una segunda hija a la que bautizarían como Aline, nombre de la madre de la princesa. Transcurrieron las estaciones con naturalidad y los solsticios y equinoccios trajeron grandes alegrías a la familia, al grado que la madre olvidaría el pacto realizado.

Entonces ocurrió que durante la octava tarde del mes sexto, llegó una mujer bien vestida; presentaba un maquillaje anaranjado. La princesa la reconoció inmediatamente, sin embargo, a diferencia del primer encuentro, el hada no liberaba fragancia alguna. La mujer y la princesa se sentaron en la sala mirándose fijamente. El príncipe y sus hijas ya se encontraban durmiendo. La mujer se levantó sin decir palabra alguna, cambió a su forma natural y sentenció -Vendré por Aline mañana antes del mediodía- acto seguido, el hada voló a la ventana, donde desapareció dejando una nube de infinitos colores.
La princesa fue incapaz de dormir y al amanecer, su esposo se percató de su aflicción y le preguntó las causas, ella le contó la historia completa, el príncipe prometió que cuidaría de su hija, lamentablemente el hada fue más astuta e hizo caer sobre la familia polvos para dormir.
Se desconoce el número de horas que durmieron, pero cierto es que su tristeza fue enorme al darse cuenta de lo ocurrido.

Aline, de siete años se fue a vivir con el hada de los deseos. Las primeras semanas, su llanto se escuchó en todas las nubes doradas, lugar donde habitaban las hadas. Luego de que la tristeza de Aline se calmara, apareció la irá, este sentimiento culminó en un intenso odio que destruyó muchas de las viviendas mágicas en los cielos; inclusive, propinó fuertes golpes a su secuestradora.

Pasaron varias lunas y el silencio entre el hada y Aline, se rompió. -¿por qué lo haces?- preguntó la niña con inocencia.
-¿Hacer qué?- preguntó el hada
-¿cumplir deseos, pero pidiendo algo a cambio?- preguntó molesta
-¿Acaso te afecta que lo haga?-
-Sí-
-Aún eres muy pequeña para comprender lo que la magia implica-
-Entiendo que ustedes pueden hacer lo que quieran, aparecer cosas y desaparecerlas, sin ningún esfuerzo-
-Pareces hablar con gran seguridad, como sí supieras de lo que hablas, pero lo único que sabes son simples cuentos para dormir. Y hablando de eso, ya es muy tarde, toma tú leche y acuéstate, y más vale que descanses, pues mañana será un largo día-
Aline hizo lo que el hada le pidió, pero le fue imposible creer que el día fuese a ser más largo que los anteriores, inclusive creyó, por un momento, que las hadas tenían la habilidad de modificar el tiempo a su antojo. Decidió no pensarlo más y se dispuso a dormir.

Los días siguientes, que no tardaron en convertirse en meses, fueron los más exhaustos para la pequeña Aline, quién se dedicó aprender uno de los oficios más complicados entre las hadas: La recolección de polvos mágicos o como comúnmente, y de forma errónea le dicen: polvos de hada.
El hada que había capturado a Aline, le enseñó la forma de conseguir la materia prima para los polvos mágicos. Podría parecer sencillo, y lo es, pero solo para los seres con alas, puesto que en las noches, del llanto y alegrías de las personas, suben partículas microscópicas a la atmósfera, las cuales son invisibles pero se tornan visibles a determinada altura, que es el lugar donde viven las hadas. Por las noches, ocurre un espectáculo de luces de infinidad de colores, las partículas se elevan al espacio y pasan a un lado de las nubes, hogar de las hadas. Se le fue entregada una cubeta de plata a Aline para que fuera recolectando las partículas. La dificultad apareció cuando debía acercarse a las orillas de la nube para conseguir las partículas. Una vez recolectadas, se pasaban por un filtro de oro, donde más de la mitad de las migas eran desechadas por ser de naturaleza negativa. Entonces se hervían las restantes y se combinaban con extractos de asinis. Este extracto provenía de la sangre de las hadas, el procedimiento para hacerlo es secreto. Aline no durmió aquella noche, ni las siguientes cinco. Una vez que el hada consiguió sus polvos mágicos, la dejó descansar, pero no sin antes hacerle notar lo difícil que es obtener la magia.

Pasó un año desde que Aline fue secuestrada, pero su relación con las hadas crecía de manera favorable. Por esas fechas ya había recolectado centenares de kilogramos de partículas. Se había caído de las nubes varias veces, pero siempre era rescatada. Ocurrió entonces, mientras amanecía, cuando el hada y Aline desayunaban, que el hada dijo -Habrás notado cuando filtrabas las partículas, que se formaban grupos y sí ponías atención, podías observar imágenes que proyectaban aquellos grupos, esas imágenes son los pensamientos de las personas, no los entendemos, pero sabemos que son deseos, pues todo pensamiento es un deseo ya sea pasado o futuro- ambas siguieron comiendo, Aline quería comentar algo, pero no sabía qué exactamente, y el hada continuó -La magia, aquello que nos rodea, es un equivalente a un dios, gracias a la magia hay vida y felicidad, amor y sabiduría, pero como todo en el universo, viene con un precio, la ley de causa y efecto. Cuando concedemos un deseo, cobramos por lo que fue pedido. Es decir, estás conmigo ahora porque tú madre pidió salvar la vida de tú padre, al dar vida, me lleve una vida-
-¿por qué no puedes simplemente dar y no pedir algo a cambio, no es eso egoísmo?- interrumpió Aline.
-Debemos mantener el equilibrio del universo, si lo pierde, colapsa. Ustedes los humanos, creen que las cosas llegan gratis, pero para que lleguen, se requiere de realizar algo previamente. Si quieres ganar un torneo de esgrima, previamente habrás de practicar, así de sencillo es la magia. Nosotras no somos las que pedimos algo, es el universo quién lo pide-
Dicho esto, ambas se levantaron de sus asientos y se dispusiera a realizar sus actividades cotidianas, una a estudiar y la otra a recorrer el mundo en busca de posibles peticiones que cumplir.

Al anochecer, Aline preguntó con felicidad -¿Cuántos deseos cumpliste?-
-Ninguno- respondió con aspereza el hada.
-¿Por qué? ¿Eran malos?- inquirió la niña de ya ocho años.
-No existen los deseos malos- respondió el hada
-Desear la muerte a alguien, ¿no es malo?-
-Recuerda lo que te dije, para que tal deseo se pueda cumplir, algo de igual forma has de dar a cambio, para matar has de dar vida. Nadie quería pagar por obtener sus deseos- concluyó el hada y se fue a dormir.
Aline, por el contrario, se encontraba más despierta que nunca y bien sabía que algo no estaba bien con el hada, estaba cansada y muy cortante. Antes hablaba con tanta euforia, que no se podía distinguir si estaba gritando por enfado o felicidad.
A la mañana siguiente, Aline quiso realizarle una pregunta a la mujer que le cuidaba, pero ella preguntó primero -¿Sabes de donde nacen las hadas?-
-No lo sé-
-Nadie lo sabe, se cree que nacimos desde el principio de los tiempos, nacimos miles, pero desde entonces no han vuelto a nacer más, tengo vagos recuerdos de mi infancia, pero hay algo que sí sé, y es que las hadas nos debilitamos si un niño o niña muere, y si son demasiados los infantes que fallecen, un hada muere. Ahora, nuestros pronósticos se vuelven realidad, están matando a niños y niñas por igual en donde naciste- El hada bajó su cabeza y tiró un par de lágrimas.
-¡¿Por qué?!- preguntó Aline con asombro e ira.
-El reino de tus abuelos ha caído frente a los conquistadores, y estos no permiten que las familias tengas más de un hijo-
Dicho esto, un par de hadas murieron y un silencio eterno las rodeó.

Transcurrió un año más y llegó aquel día que nadie se imaginaría que llegaría. El hada lloró con gran pasión, abrazó a Aline con fuerza, pero ella no entendía cuál era la razón de la tristeza. –Es el momento en que regreses con tu familia, los conquistadores han caído, es seguro vivir en la tierra- Los ojos de Aline brillaron como nunca antes, pero también se llenaron de lágrimas, abrazó con igual fuerza al hada, todo ocurrió tan rápido, un instante en las nubes y el siguiente frente a su madre. La madre ahora reina y el padre ahora rey, convocaron un banquete real para celebrar por el regresó de su hija, jamás contaron la verdadera historia, al contrario, aprovecharon las últimas palabras que el hada le dijo a Aline antes de despedirse.

“Los infantes de la tierra cargan con la magia pura del universo, capaz de crear y curar, sus almas inocentes, sus pensamientos puros son los que dan la verdadera magia al mundo, no somos nosotras quienes cumplen deseos, son ellos los que los hacen realidad”

FIN

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