Pasiones III

Una tormenta se aproxima,
las nubes de un afligido gris cubren el verde valle,
de las rosas y tulipanes se desploman sus suaves pétalos,
me percato,
son contados los rayos de un astro venerado los que apenas logran filtrarse a través de las densas y gordas esponjas en el aire.

Es tu turno de sentir aquel sufrimiento que provocaste a miles,
pues decenas de ellos traicionaron sus vidas en tu búsqueda
y cientos de ellos emprendieron una travesía en la pesquisa del tesoro que tanto les prometiste,
robaste sus almas y evaporaste sus corazones,
ahora son entes que vagan por el mundo,
mirando con envidia a aquellos seres capaces de amar.

Causaste la ruina de un país entero,
tus rubíes arrebataron el aliento de miles,
tus zafiros petrificaron el cuerpo de cientos
mientras tus diamantes escondían los ríos de la vida de tus allegados.

Camino bajo gotas de sufrimiento y angustia,
las verdes praderas se transforman en un oscuro pantano lleno de recuerdos y tormentos.

Con cautela piso las rocas,
pues sombras de un perturbante pasado me persiguen,
me nombran,
sus manos emergen de las profundidades
y en ocasiones sus rostros se logran vislumbrar;
Muchos se burlan de mí,
otros tantos lloran,
mientras una pequeña cantidad suplica por sus vidas.

Tus sollozos se oyen a la distancia,
inmóvil sobre la ciénaga del miedo,
sientes las miles de manos que cortaste,
cierras tus ojos y, sin embargo,
sientes las miradas de los cientos que acribillaste.

Tras horas de caminar,
tu gimes y lloras,
pero te encuentro,
de tus zafiros emerge la sangre de la traición,
la sangre del despecho,
y aunque por un instante deseé tirarte al pantano del miedo,
aunque imagino como gozaría verte sufrir entre un mar de entes de odio,
mas sin embargo,
tus rubíes me encadenan,
me uno a tu tortura,
me acercó sin temor a ti,
en mi intento de consolación,
me gritas cientos y miles de palabras capaces de herir a aquellos que cargan con un corazón y son movidos por sus almas,
sin embargo, como has de recordar:
me robaste mi alma y destrozaste mi corazón,
mi abrazo recibe una respuesta,
tus brazos me rodean con timidez,
los nimbos se disipan bajo una tenue luz blanca,
es ella la que conoce tantas historias como años han vivido los hombres.

Tomas mis manos,
abres lentamente tus ojos,
en ti veo mi alma,
en el calor de tus pechos siento mi corazón,
me dices y susurras al oído,
es tu dulce voz la que ahora resuena en mi mente,
tus ónix rasguñan la piel de mi espalda,
y no puedo negarme a tus deseos,
pues es esa la razón por la que recorrí montañas y valles,
desiertos y mares;

Te mentiría si te dijera que te olvidé,
mas nunca olvido tu aroma que me encantó noches y días.

Estamos y no estamos,
nuestros brazos nos rodean,
el calor de tus rubíes solo significan una cosa,
ya no encuentro palabras para teorizar los sucesos siguientes,
y en vano las buscaría,
pues es claro el momento cuando recupero mi alma
y renace mi corazón,
mientras nuestros cuerpos se encuentran unidos bajo el vaho de la excitación,
no resta mucho antes de que lleguemos al clímax,
el suave viento que sopla con fervor sobre nuestros rostros,
admiro tu cuerpo desnudo,
tan perfecto como imperfecto.

Es sólo cuestión de tiempo para que en nuestro regocijo de pasión nos cubra el pantano del miedo,
para que las manos nos usurpen
y los rostros blasfemen por la vida que les arrebatamos,
es sólo cuestión de tiempo para nuestra culminación.

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