El origen

Pero ocurrieron acontecimientos terribles la noche anterior a la partida del padre… cuando el reino se había hundido en la soledad y desesperación. El rey, la reina y sus hijos llamaron al pueblo entero, los invitaron a comer y beber de su cocina. Todos los aldeanos, los vagos y animales fueron invitados a un banquete sin precedentes, no obstante, y a pesar de estar todos juntos, la soledad persistía, es más, parecía que se incrementaba. Todos sentados comiendo con indiferencia, nadie se miraba, ni entre familiares. Era un banquete de muertos, dijo la reina. Cierto era, parecía que nadie se conocía y no tenía ánimos de socializar, la escena era realmente devastadora.
Tendríamos que regresar días atrás para entender este extraño comportamiento.
La desesperación llevó a la soledad, ¿qué desesperación? Se preguntarán, la respuesta no era tan obvia como se podría esperar, era más bien, algo psicológica.

Era un reino amado por el pueblo, un reino que jamás cometía faltas a su gente, donde el alimento y la felicidad jamás escaseaban, era una nación próspera
Su desesperación provino de la falta de aventura, una tierra jamás inmiscuida en alguna guerra, jamás golpeada por algún desastre, jamás insultada por otro pueblo, eran el reino perfecto. Pero la perfección en un mundo imperfecto, causa la desesperación del pueblo… ¿cómo podrías vivir sabiendo que quizás jamás morirás? ¿Cómo podrías vivir y cosechar alimento sin el temor a que algún día no habrá? ¿Podrías mantener una vida estacionada sin el temor a recibir una mala noticia? ¿Es acaso posible vivir feliz sin antes haber estado triste? No puede haber un algo sin su contrario, la balanza de la vida se ve desequilibrada por los excesos de algo y las faltas de lo otro.
El rey no había comprendido el comportamiento de su pueblo, pero al haberme contado tal historia, recordé las palabras que Hades me había contado alguna vez: “en nuestro universo la vida y la muerte no son asuntos separados, sino que uno existe debido al otro, La indiferencia nació de la soledad, nacida de la desesperación provocada por la perfección en un mundo imperfecto creado así por el ser supremo perfecto”.

El rey temía lo que podría ocurrir con su reino, por ende viajó en busca de respuestas. Salió del castillo sin previo aviso, abandonando a su familia y a su pueblo.
El padre que todo lo proveía había desaparecido. El reino perfecto se volvió imperfecto, hubo miedo, hubo tristeza, pero también hubo serenidad y felicidad. Hubo incertidumbre y conocimiento.
Lo cierto es que en el trayecto en busca de respuestas, el rey las encontró, y sabía lo que debía hacer para solucionar el problema, no regresar nunca más.
La reina miró a sus hijos: Adán y Eva, los abrazó como nunca antes con un amor y temor que jamás habían experimentado, soltó un par de lágrimas y luego se despidió de ellos, les dejó una carta en la mesa real que recitaba: “conocen ahora lo que jamás debieron conocer, entienden lo que no se debe entender y cuestionaron lo que nunca debieron cuestionar, ahora lidiarán solos con este problema, su padre lo ha entendido y yo también, tendrán que enmendar sus errores y vivir en agonía, tardaran milenios, pero cuando hayan solucionado todo lo que provocaron, regresaran al reino de la felicidad y la vida eterna”

Así partió la reina, dejando una tierra que pronto se vio envenenada por una falsa imperfección
Años, cientos de años después me encontré con el “rey padre” y me mostró la carta que su esposa había escrito, lo cierto es que la carta antes mencionada fue modificada por los hijos, quienes querían mantener el orden en su reino. He aquí la verdadera carta: “conocen ahora lo que desde un principio debimos mostrarles, entienden lo que nosotros jamás entendimos y cuestionan lo que debían cuestionar desde que nacieron. Ahora saben que la vida y la muerte no son sucesos separados, sino que uno existo debido al otro. Su padre lo sabía, pero desconocía los problemas que la perfección conllevaría. El mundo que ahora les hemos heredado, es el verdadero mundo perfecto, tardaran milenios en entenderlo, pero cuando lo hagan, sabrán que la muerte no es un final como la vida no es un inicio”

Muchos conocen a la reina madre y al rey padre con otros nombres, con ambos he entablado conversaciones profundas, quisiera proseguir con lo que platique aquella ocasión con el rey padre, pero las palabras siguientes les resultaran inteligibles.

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