Pasiones I

De ti, las llamas huirán cuando el caos comience;
De ti, los hombres hablarán cuando la pasión los encuentre,
ningún remordimiento encontrarás en aquellos que te ataquen,
aunque te vuelvas un objeto de la opresión y aunque seas tú,
con tus esplendidos talismanes y jades,
serás raptada por mil soldados y sufrirás lo que mil años de lucha hicieron a tu pueblo.

Lamento concederte el honor de matar a quien tantos años de vida te consiguió,
pero son tus ojos los que aquel anhela,
pues son tus cristales de un verde y un azul como la turquesa los únicos capaces de juzgar, y es por todo que me declaro culpable.

En tu intento de huida,
en tu intento de salvación;
serán enviados seres lustrosos para mostrarte tu desolado futuro en las tierras de la nada,
pues la tristeza y pena mereces tras la traición que cometiste ante tu pueblo.

Millares de inocentes rodearán tu cuerpo,
esperando el par de palabras que les prometiste.
Los vientos resonaran tarde y noche por cuatro días,
pues son cuatro las piedras preciosas que robaste,
El jade de tus ojos te cegará, el rubí de tus labios te callará, el zafiro de tus lágrimas te ahogará y el ónix de tus manos te ejecutará. Tres días de torrentes inundarán tu pueblo,
pues tres generación socavaron las tierras que juraste proteger.
En la nada arderá la mentira, la verdad renacerá y buscará venganza.

Las voces recitan con encanto sus sentimientos.
Tú, que has decidido no escuchar,
volverás suplicando descalza,
clamarás,
pero las puertas se te serán cerradas.

El centenar de mujeres y el millar de hombres blasfemará a tu espalda,
pues es tu ida la que los ha abatido,
es tu río dorado que cuelga de tu cabeza del que tomaron y se envenenaron,
y tus jades y turquesas que no volverán a ver,
no volverán a sentir.

Causaste en ellos la pasión,
sus sentimientos que cantan y lloran a luz del firmamento evitando así tu sueño eterno.
Tu paz es mi estigma,
luchaste con valentía y con dulzura conquistaste cuantos corazones,
sin dejar rastro los abandonaste
y en su lecho de muerte ellos preguntaban por ti,
¿quién los había asesinado?.

Corriste tanto como pudiste,
sin embargo, bajo la lluvia lloraste,
bajo la luna gritaste,
bajo el firmamento magullaste,
ahora era tu turno de sufrir,
aquella noche que jamás se olvidará,
tus jades y turquesas hicieron arder a tu pueblo.

Millares de personas fueron torturadas por tu incontrolable sed de pasión,
largas y finas tus piernas,
acogedores tus brazos;
tú, de un afable carisma,
condenaste a cuantos hombres conociste,
ahora gimes bajo el sofocante calor de la desgracia,
tu cuerpo desnudo humillado por cientos de mujeres y millares de hombres.

Ahora es tu alma la que ronda errantemente en busca de un corazón débil que pueda satisfacer tu pasión,
ahora fría pues cuerpo ya no tienes, sin sentido pues mente ya no posees.
Hermosa fuiste en vida, ahora apelas por un cuerpo virgen.

Continuar con Pasiones 2

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