La diosa de las artes

Hace un tiempo, hace centenares de millones de segundos, hubo una mujer llamada iris, diosa del arcoíris, quien tuvo una hija llamada María. La niña, hermosa por sus ojos, destacaba más por su curioso cabello castaño cuales puntas cambiaban de color según su estado de animo
Se había convertido en un prodigio en las artes, pero poco le duró tal virtud, pues en su tiempo, eran pocos quienes se les permitían ejercer tal gusto.
¿Por qué ocurrió que se le prohibiera disfrutar de su talento? Es difícil de decidirse por las teorías que explican como una hija de un ser supremo llegara al mundo de los mortales, pues son muchas las historias que se cuentan, pero yo les contaré la verdadera razón de su destierro de las nubes.

Sucedió cuando ella nació, que la guerra entre dioses y titanes se desató, muchos dioses murieron en las garras de sus creadores, por lo que Iris, para proteger a su única hija, descendió a nuestro mundo y la entregó a una familia que tanto deseaba una niña. Con el paso de los años, ella creció y la guerra estaba llegando a su fin.
Lamentablemente, durante la guerra, los dioses de la agricultura y el ganado murieron, provocando que las cosechas se marchitarán, creando una crisis de comida que azotó las ciudades y por ende, una batalla por los alimentos se desató. Había que controlar a las masas enardecidas. Las mujeres debían quedarse en casa a realizar sus actividades correspondientes, mientras que los hombres fueron reclutados por la milicia.
La hambruna mató a cientos, pero más perecieron por las locuras de aquellos que buscaban alimento
Entonces ocurrió que la niña había sido enviada a un hogar con mujeres para apoyar a los soldados, fueron cerca de seis u ocho años de una vida sencilla. Durante esos años, fue que conocí aquella hermosa joven, y me había percatado que ella no merecía permanecer en ese lugar rodeado de sangre y desolación, por lo que tomé ciertas medidas que pusieron en riesgo mi vida, pero que tenía que hacer con tal de salvar no sólo la vida de mi amiga, sino también su espíritu.
Caminamos por un extenso desierto y yo podía asegurar, sin margen de error, que los soldados ya habían notado su ausencia, pues estaba bien enterado de como mis compañeros de guerra la cortejaban o eso intentaban.
Cierto es que nunca la había visto con ojos de deseo, pero sí con asombro y respeto, una joven inteligente, creativa, pero eso sí, muy sería e introvertida cuando se encontraba con personas que no conocía. Durante nuestra huida, pasamos por las afueras de una aldea para descansar, tomar un baño en el río y comer lo poco de alimento que teníamos. Decidí yo preparar la comida mientras ella se bañaba. Al haber preparado la cena, me acerqué al río para avisarle, pero grande fue mi sorpresa al verla aún sin vestir, que de inmediato me di la vuelta y de espaldas le dije que la cena estaba lista. Ella rio y repuso -gracias por avisarme, y no deberías avergonzarte por haberme visto de esta forma-
No supe cómo responder, pero preferí regresar a nuestro campamento, donde reflexioné un momento por la marca que había visto en su cadera. Cuando nos disponíamos a comer, levanté ligeramente su túnica para apreciar mejor tal marca, la cual representaba a los dioses.
Le pregunté por su tatuaje y me respondió que lo tenía de nacimiento, pude notar como las puntas de su cabello pasaron de ser verdes a azules, entonces caí en la cuenta que ella debía ser hija de un dios.
Al día siguiente y con energías renovadas, emprendimos una travesía al templo de los dioses en busca de respuestas.
Tardamos tres días en llegar, pero no fue en vano, pues tan pronto entramos, Iris apareció de entre las estatuas de piedra y abrazó a su hija, nos contó la historia que he relatado líneas arriba y así la joven y hermosa María se despidió de mí con un fuerte abrazo. Intenté no llorar, pero era obvio que la extrañaría. Con el paso de los años, María retomó su amor a las Artes visuales, convirtiéndose así en la diosa de las artes.
Caminé luego por diversos países, luché en distintas guerras, viajé al otro lado del mundo y conocí a mi amada Luna, pero cuando me siento sin inspiración o busco simplemente reír, recito el nombre de María y la diosa de las artes desciende.
Podría ser el final de la historia, pero aún no cuento la historia que prometí contar desde un principio. Pues bien, ya que es noche, los cielos se tiñen de un violeta que pronto llega a negro, dando paso a sombras de nuestro pasado, aquellos largos entes que nos persiguen y nos recuerdan nuestros fracasos, por eso es que vamos a la cama a dormir, a entrar al extraño mundo de los sueños, donde las sombras de la luz nos acompañan y nos recuerdan nuestras victorias, donde nuestras mentes se abren para ver el futuro y vivir en un mundo idealizado; de vez en vez se cuelan las sombras oscuras y transforman nuestros sueños en pesadillas, por eso te recomiendo, María hermosa, si sigues aún aquí, inspirándome para bien o para mal, que encuentres a tu dragón alado, aquel que te llevará por parajes extraordinarios que luego se olvidaran al regresar al mundo terrenal.
Podría ser, que los dioses habiten en el fantástico mundo de los sueños, donde la felicidad y bonanza rodean a los seres de vida, donde las sonrisas nunca son falsas y los llantos ocurren por no querer volver al mundo mortal.

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