Corre sin miedo

Era ya tarde, más de las nueve de la noche, muchos alumnos del turno vespertino de varias instituciones se dirigían a sus casas, entre ellos, una joven de estatura baja, de piel muy clara; caminaba sola por la calle, dirigiéndose al subterráneo, varias personas tomaban el mismo camino, bajaban las escaleras e insertaban su boleto en los torniquetes.
Un día tranquilo por la estación, una noche como cualquier otra, la gente esperaba el tren. Dos relojes, uno en cada andén, mostraban horas distintas, ella esperaba con paciencia. Los minutos pasaban y el tren no llegaba, extraño, pues el clima no parecía ser un causante de su retraso. Diez minutos más tarde, el tren se encontraba atascado de gente, ella pensaba dejarlo pasar, no obstante, a través del altavoz se escuchó decir “Último tren que recorrerá la línea hasta nuevo aviso”, la joven no tardó en reaccionar y buscó un espacio por donde entrar, junto a las demás personas del andén. El metro se mantuvo estacionado por quince minutos, para luego avanzar con paradas de varios minutos en cada estación.
Una vez que llegó a la estación donde transbordaba, la multitud detrás de ella también descendió empujándola de un lado a otro, el metro no tardó allí y se fue; acto seguido, un par de gritos se oyeron de fondo y la gente empezó a correr hacia afuera de la estación, un disparo aumento el pavor de la gente que aumentó su velocidad, muchas personas gritaban -¡Un asesino!-, intentaron describirlo, pero todos diferían en sus vestimenta, en lo que único que concordaban era que su rostro se encontraba cubierto, por una gorra o un gorro. La joven a penas se enteró del incidente, emprendió una huida junto a los pasajeros que intentaban huir, pero el miedo era tan grande que un caos se generó en las salidas del metro; un segundo, tercer y cuarto disparo paralizaron a varias personas, ella intentaba correr a través del gentío, lamentablemente tropezó, el resto de las personas que iban detrás de ella hicieron caso omiso de aquel cuerpo tirado, algunos alcanzaron a pisarle las manos, otros evitaban pasar sobre ella, hasta que se acercó aquel, vestido con una gabardina oscura, botas negras y su rostro cubierto por el gorro de una casaca negra que traía puesto sobre su gabardina, no tardo en ofrecerle su mano para ayudarla a levantar, sin embargo, ella tenía un tobillo lastimado que le imposibilitaba caminar, él miró en sus ojos claros esperanza y la cargó, pero en lugar de llevarla a la salida, completó el transborde y la llevó hasta su casa; curiosamente no había nadie en ella, él la subió por las escaleras y la llevó hasta su cuarto, ella estaba muy agradecida por el favor que le había hecho, pero también se encontraba nerviosa, por lo que le pidió que saliera de su casa, el joven se retiró su capucha que le cubría el rostro y le preguntó con sarcasmo -¿No me digas que no te habías dado cuenta de quién soy?-
Sorprendida le replicó -Mis padres no han de tardar, creo que deberías irte-
-Ya es muy de noche-
-Es tu culpa- rio -¿Para qué me trajiste?-
-Quería portarme como un caballero- ambos rieron y el joven sonrió, hizo una reverencia y se dirigió a la puerta, pero en lugar de abrirla, le colocó el seguro, de inmediato se volteó y dijo -Irene, tienes unos hermosos ojos y una voz excepcional, no me gustaría callarla ni cerrar tus parpados, pero, ¿Sabes quién era el asesino en el subterráneo?-, Irene intentó prepararse para pelear mientras su “amigo” extraía una navaja de su bolsillo del pantalón, se acercó con una mirada perturbante como si pudiera ver dentro del alma de la pequeña Irene, quien quedó paralizada al instante, bajó su defensa y se dejó abrazar por el extraño individuo, luego éste le susurró al oído -No temas, esto no te dolerá-, inmediatamente Irene recupero el sentido y alejó al joven lejos de ella. Pronto, él se arrodilló ante ella y se enterró la navaja, ella gritó por la sorpresa, luego él añadió -Esto es por todas las veces que te molesté-, intentó levantarse, pero sin éxito, Irene temía lo que pudiese ocurrir, en lugar de ayudarlo se alejó de él y se arrinconó en una esquina. El individuo se hizo un largo rasguño en su brazo derecho, para luego aventar la navaja lejos, y dijo con frialdad -La vida tiene un límite, un inicio y un final, pero no es que el mío llegue a su fin, no obstante, debo advertirte que estoy aquí esperando la salvación de un viejo amigo que vendrá a visitarte-, ella cerró sus ojos sin responder.

Luego de una hora de silencio, Irene se levantó, y con la misma frialdad con la que su supuesto amigo le había hablado, le respondió -Confiaré en ti-, lo ayudó a levantarse, para que se sentara junto a ella en su cama, luego repuso con falta de ánimo -Dices que un viejo amigo vendrá a visitarme, ¿Cómo es que lo conozco?-
-No lo conoces, pero él a ti si- respondió el joven, que intentó abrazar a su amiga, ella no se dejó, pero de manera inesperada lo empujo a la cama, mientras él la tomaba de la cadera, ella intento sonreír, pero lo evitó, el joven dijo -Ese azul que rodea tus ojos, me provoca una extraña sensación-, ella lo golpeo en el estómago, él sonrió y miró como su amiga se iba quitando su blusa, a lo que él respondió intentando quitarse la playera, lo que ella no le permitió. Se retiró su bra, él fue subiendo sus manos hasta la espalda de ella, la masajeó lentamente para luego acariciarla y besarla lentamente, sus senos suaves, de una pial muy clara que contrastaba con su oscuro cabello, el joven la acercó hacia sí, y la beso con mayor fuerza, le soltó un par de nalgadas para luego continuar con el acto, hasta que ella lo detuvo, él la miró y le dijo -Tu voz ha logrado detenerme, por ahora- dejó que ella se pusiera su pijama.

Al poco rato tocó una persona a la puerta, Irene no se imaginaba quien podría ser, ni cómo es que alguien pudiera entrar a su casa, la verdad es que al otro lado de su habitación se encontraba un mundo desconocido, las escaleras que acostumbraban dar al piso de abajo de su casa daban a un extraño cuarto con decenas de puertas a diferentes lugares. El individuo que entró a la habitación, de cabello extremadamente corto, piel clara y ojos oscuros se hacía llamar Fabio, un antiguo amigo de aquel joven que llevó a Irene a su hogar, ambos se saludaron y abrazaron fraternalmente. Fabio vio a su amigo, miró con detenimiento a su amiga y le dijo -Del otro lado nos encontraremos, aunque tú no me reconozcas, yo sabré quien eres, te buscaré y no descansaré hasta encontrarte, te tendré en mis brazos y te defenderé de toda adversidad-, sin embargo, ella no puso demasiada atención a sus palabras, simplemente había quedado encantada, no se sabe exactamente porque, pero algo le había enamorado…

Tras un rato de miradas perdidas, Fabio regresó al tema por el que visitó a su amigo, quien le recordó -El tiempo del final ha llegado, ¿Recuerdas porque te llame?, antes de que se cumpla la profecía que habían escrito sobre mi hace diecinueve años, requiero de tu ayuda, como amigo y como hermano…- no terminó su frase, simplemente lo abrazó, mientras él le enterraba una daga de obsidiana, le expresó -Feliz Cumpleaños-, lo sacó del cuarto, cerró la puerta y corrió hacia Irene, quien no tardo en retirarse su blusa, y así fue como durmieron juntos, hasta el amanecer, cuando ella despertó en el piso de su cuarto, sola, sin su pierna lastimada, confundida si los que había sucedido había sido un sueño o una verdad.

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