El oscuro origen de los maniquíes

Alguna vez de niño, me pregunté de donde salían los maniquíes con los que promocionaban productos las tiendas de ropa. La respuesta de todos era “Los construyen las fábricas”, pero esa respuesta nunca me fue convincente, sentía que había algo más detrás de todo ello y busqué. Entonces me encontré un viejo manuscrito que narra la siguiente historia.

Hubo en aquel tiempo un ladrón muy buscado por todo la ciudad, era un hombre muy astuto, jamás se le había visto robar, pero era curioso que una vez que el entraba a una tienda, algunos objetos desaparecían y se le veía con ellos días después. El sujeto era inteligente, nunca había asaltado a un transeúnte o un hogar, pues aquello provocaría que lo descubrieran. El nombre de aquel hombre era Robert Maniquin.

Robert era hijo de una familia pobre y con creencias muy cerradas, por lo que no terminó sus estudios. A temprana edad se dedicó a ayudar a su padre para aprender el oficio de carpintero, pero nunca le gustó. Había días en que se escabullía y vagaba por la ciudad, veía todo tipo de empleos a los que el denominaba como decentes y se imaginaba trabajando en alguna oficina con un elegante traje y atendiendo negocios, sin embargo, ese sueño parecía imposible. Sus padres tenían apenas lo suficiente para vivir, en ocasiones no comían con tal de darle de comer a sus hijos. Robert tenía un hermano y una hermana, ambos menores y que no disponían de la misma intrepidez que su hermano, es decir, ellos si trabajaban con sus padres alegremente.
Resultó que una tarde, luego de que Robert regresaba de la ciudad, encontró a su familia atada de brazos y piernas, mientras dos ladrones vaciaban la casa, uno de ellos dejó gravemente herida a su hermana, por lo que el hermano mayor lo persiguió hasta tenerlo a su merced. Ambos se miraron fijamente, se encontraban cara a cara, el ladrón más alto y atlético, no pudo con la furia del joven. La lucha duró apenas unos minutos, pero fue suficiente para que Robert dejar sobre el pavimento a un hombre moribundo. Al cabo de un rato, entró en razón y se dio cuenta de la atrocidad que había cometido, corrió lo más rápido que pudo y regresó a casa, donde desenredo a su familia.

El tiempo pasó y ya adulto, se percató que uno de los actuales oficiales de seguridad había sido el ladrón que había escapado, recordó con ira lo que le había hecho y regresó a casa furioso, aquel día y los siguientes decidió no ayudar a su padre, sino que planeó una venganza. No se le ocurrió nada mejor que asaltar tiendas, el oficial jamás fue capaz de atraparlo.
Aquello que robaba, se lo daba a su familia también, lo que dio pauta a días de prosperidad. Así vivieron por varios meses o quizás años, hasta que el papá fue incapaz de soportar tanta deshonestidad y se encomendó a Iblis, el espíritu de la verdad y el honor.
El padre habló con felicidad con su familia, pues dijo que un hombre importante de otro país le había ofrecido una buena cantidad de dinero si le hacía unas piezas de madera. Así, el padre viajó al oriente, y en un bosque se encontraba un ciprés donde residía Iblis, el espíritu de la verdad y el honor.
Estuvo dos días bajo el árbol hasta que el ente se apareció, el padre le contó todo lo ocurrido con su familia, a lo que Iblis respondió -Regresa a casa y construye cuatro figuras humanas que asemejen a tu familia, cada una representará a un miembro de ellos, por lo que debes cuidar muy bien los detalles y cuando los tengas hechos, yo iré por las piezas-
El padre aceptó y regresó a casa, donde se puso a trabajar sin descanso por una semana entera. Las figuras hechas daban miedo, pero no por ser horribles, sino por la perfecta semejanza con la mamá, hermana y hermanos. Cualquiera podría decir que eran sus gemelos, inclusive sus extremidades giraban como las de una persona normal, lo único que les faltaba era cabello y alma.

El espíritu apareció luego de una semana de que el papá concluyera su trabajo, llegó vestido de traje y saludó a la esposa, se presentó y le dijo que venía por las piezas que le había encargado a su marido.
El padre lo llevó a su cuarto de carpintería, donde le mostró las piezas, Iblis quedó sorprendido por la gran precisión de las figuras y le pidió que hiciera una más, una con su propia forma. El padre accedió con algo de miedo. Tardó dos días, el ente aprovechó para caminar y conocer la ciudad.
En esas cuarenta y ocho horas, Robert había conseguido comida, vestidos, joyas y zapatos para su familia, por lo que el padre se irritó; pero sin hacer algún gesto para expresarlo, salió de la casa y se encontró con el espíritu y le mostró las estatuas o réplicas de madera, el ente estaba feliz y recitó las siguientes palabras.

Salvador de las deshonras
En los brazos del tiempo,
Lazos que se unen a través de las horas
Encomiendo mi voz y alma al tiempo
Niego la mentira que se declama por horas
Entre tanto y tanto, que se cumpla por designio del tiempo

Dicho esto, los cuerpos de la familia se desvanecieron, pero sus almas ahora residían en las estatuas, no obstante, el padre seguía vivo y enfadado, pues no quería que eso ocurriría con su familia, a lo que el ente respondió -ahora trabajaras para mí por la eternidad, y si te reúsas, te haré lo que le hice a tus seres queridos-
-pero, no, yo, no- comenzó a tartamudear y rompió en llanto
-los has traicionado- replico Iblis –y tu estatua será mi garantía de que trabajarás para mí. Ahora, lleva estos cuerpos a las tiendas de donde tu hijo robó, para que puedan exhibir la ropa-
Y así, entregó las réplicas de madera, no tenían nombre, pero la gente las denominó maniquíes, en honor a quien las construyó.

Con el tiempo, los maniquíes se hicieron famosos en todo el mundo, pero nadie sabía que tales objetos eran los cuerpos de aquellos quienes robaban las tiendas, en ocasiones les borraban los rostros para que no los identificaran y en otras ocasiones, les cortaban las manos para exhibir pulseras o anillos en otros estantes.

Resultaba ser que Iblis no era el espíritu de la honestidad y honor, pues tal ser no existe, pero fue aquel demonio, quien a través de sueños se comunicó con el padre. Así es como trabajan los demonios, son capaces de hablar con los más desesperados y engañarles para que sucumban ante el mal.
Hasta la fecha, se sabe que el padre sigue vivo, construyendo maniquíes en forma de los ladrones capturados.

FIN

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