Secretos del mago

En aquella ocasión, en el penúltimo año de la universidad, los trucos del mago Ricardo se volvieron más complicados y misteriosos, pocas personas confiaban en su magia y pocos eran los que le hablaban, pero nadie era su amigo, aparentemente. Su alma se destrozaba con cada ilusión de magia.
Aquel día se encontró con una conocida de nombre Ale, en el pasillo que dividía los dos edificios principales del colegio; él la abrazó pues llevaban un lago rato sin verse, sin embargo ella lo empujó y alejó, él no comprendió por qué, segundos después se dio cuenta que el novio de Ale estaba a su lado. El mago se hizo un paso atrás, cerró sus ojos momentáneamente y luego dijo -Iván, ¿Te llamas así verdad?-, el novio de Ale sonrió, pero luego molesto le preguntó al oído un par de cosas a lo que respondió -Es un muy buen mago, además de ser un mentalista- en seguida echó una carcajada; entonces el mago se dirigió a Iván y le pidió que se acercara, él lo miró serio, para luego acercársele a Ricardo, quien acercó su mano derecha a su oído izquierdo, Iván sintió un leve cosquilleo y al siguiente momento, el mago había sacado tres monedas de diez pesos de su oreja, Iván rio y replicó -Es un viejo truco-, Ricardo le mostró las monedas mientras le respondía -probablemente, pero nunca nadie te las había ofrecido, ¿Verdad?, pues yo te las ofrezco-, Iván sonrió pero decidió no aceptarlas, Ricardo siguió insistiendo hasta que Ale los separó, Ricardo la miró molesto y se fue. -Qué persona tan extraña- dijo sonriente a su novia, ella pareció no hacerle caso y respondió con un “sí” al aire.

La magia, aquella ilusión que le iba robando su vida.

Al día siguiente, se reencontró con Ale y su amiga Daniela, Ricardo sonrió al verlas, pero buscaba a alguien más, a Gabriela, pero no estaba con ellas, como acostumbraba, por lo que desilusionado hizo un pequeño truco de magia, repitió el de las monedas y se las ofreció a Ale, quien las acepto muy agradecida. Ricardo se despidió de ambas y se retiró. Poco después llego Torri, un amigo de ya hace algunos años, las saludo con un largo abrazo, lo que incomodó a Daniela, Ale rio, y Torri la volteó a ver diciéndole -No quiero destruir tu ilusión de tus nuevas monedas de diez pesos, pero deberías revisar tu monedero-, Ale rio de nuevo, lo sacó de su mochila y al abrirlo se llevó una gran sorpresa al descubrir que las tres monedas de diez pesos, eran aquellas que debían estar en su monedero, Torri sonrió y concluyó -Deberías estar consciente de lo que te rodea-, se despidió de ellas, miró con desilusión a Daniela y se retiró a su clase.

Un conjuro es capaz de unir dos almas, pero también es capaz de destruirlas.

Ricardo caminó aquel día en busca de Gabriela, pero no tuvo éxito, regresó triste a su hogar. Durante la noche continuó leyendo el libro rojo que había encontrado en su casa, llegó a un capitulo en específico: “La Mancha”, la mancha no se relacionaba con España ni con aquella mugre provocada por alguna sustancia, si no que trataba sobre un conjuro que sería capaz de proteger a la familia de Ricardo y sus descendientes, pues tal como advertía el libro, el simple hecho de leerlo implica un karma menor sobre la familia, pero el aplicar los conocimientos implica un karma mayor, Ricardo leyó con detenimiento el procedimiento para la realización del conjuro, simple aparentemente, pero que conllevaba una gran responsabilidad, un peso de encima con el que se habría de cargar por el resto de la vida, y por algunas vidas más. Ricardo lanzó el libro y sobre el suelo se recostó sin poder dormir.
Al día siguiente, Torri se topó con Ricardo y le comentó -Veo que aquel libro que no sueltas, y que por cierto hoy soltaste, no te ha dejado dormir. Cuéntame, ¿Que te desespera?-, Ricardo trató de evitarlo, pero Torri era persistente, tras caminar unos metros y subir un piso, Ricardo desistió y le dijo -¿Quieres saberlo? Pues no lo entenderías-
-¿Por qué no habría de?- respondió su seudoamigo sarcásticamente, a lo que le fue respondido -Eres de aquellos que te juntas con cierto grupo de personas, no le hablas a alguien por querer hacer amistades, ¿Desde cuándo te interesas por mí?-
-Desde nunca- respondió Torri sin titubear y continuó -Pero te aseguro que aquel libro rojo nunca lo había visto antes, seguramente ha de ser de aquellos libros de ocultismo, puede que sea una deducción rápida, pero eso explicaría por qué en ocasiones hablas en latín cuando te quedas dormido, o peor aún, ¡recitas en idioma celta!, tus manos llegan a veces pintadas de un color violeta y tus ropas huelen a compuestos químicos, que tratas de disimular con altas cantidades de loción- concluyó con una sonrisa, Ricardo trató de huir, la gente que lo rodeaba lo sofocaba, por lo que se dirigió de inmediato al baño, Torri lo siguió a la entrada del mismo, Ricardo se echó repetidas veces agua en la cara, y su amigo le repuso -Yo sé que te mantiene en vela, pero tendrás que confiar en mí, debo pagar una deuda atrasada, así que te explicaré el procedimiento, no es tan difícil, únicamente debes leer tres palabras y saltarte cuatro, así hasta que llegues al final, una vez que lo hayas hecho dirás mi nombre.

La magia, es en ocasiones la salvación de las personas que viven en constante desesperación.

El clima heló la noche del conjuro, los caballos en los establos berreaban, pero Ricardo no dudo en seguir el consejo de aquel singular personaje de la clase, al final de recitar el conjuro dijo: Dure Torri, con lo que un espíritu de rasgos muy delicados apareció en la calle, se giró lentamente hacia el hogar de Ricardo y entró haciendo un tremendo estruendo, sus pliegues de tono café y beige se movían por el viento, su largo cabello oscuro se movía de derecha a izquierda y ojos negros miraban fijamente a su liberador, una voz tenue pero profunda agradeció -Muchas gracias, tantas décadas he estado encerrada, pero tú, quien has logrado liberarme serás recompensado, tus descendientes y tu serán protegidos por mi magia y su karma será limpiado, hasta que Dure Torri cumpla con su destino, muchas gracias- hizo una reverencia y se fue.

La magia manifiesta paradigmas, implica paradojas, significa volverte un sanador y un sabio; pero te convierte, al mismo tiempo, en un ser invalido.

Un año más tarde, antes de la graduación, Ricardo realizo un truco de magia a un compañero, le pidió que tomara una carta de un palo de siete, luego le pidió que la regresara con las otras seis, acto seguido, se retiró.
Al día siguiente, regresó con su compañero, lanzo un dado y apareció el cinco, numero de la carta, el compañero llevaba puesta una chamarra roja y estaba enamorado de una joven menor que él, Ricardo rio y le dijo -Son las cartas del destino- y ese fue su último truco de magia que la gente atestiguó.

Torri y Ricardo terminaron la carrera, tomaron caminos distintos, nunca volvieron a encontrarse en el plano terrenal.
Faltarían décadas, o inclusive siglos para que el heredero de Torri cumpliera con su destino, mientras tanto, la familia de Ricardo aún se mantenía a salvo.

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