El dragón de los deseos

A varios kilómetros de distancia de donde se encontraba parado el pequeño Leo, se estremecía la tierra; la ciudad entró en caos y los científicos no entendían porque el epicentro del terremoto estaba muy lejos de la playa, que es donde comúnmente se hallaban los focos de los temblores. Al norte de la ciudad no había intersección de las placas tectónicas y, sin embargo, había una extraña fuerza que provocaba tales movimientos de la corteza terrestre. Lo que realmente sucedía era el despertar de un ser dormido. La noche era fría y estrellada. Dos planetas se habían alineado con la pirámide de la Luna en Teotihuacán provocando que una cola larga y con púas en su punta se alzara de la tierra, ésta se estremeció con gran fuerza para que un par de largas y finas alas se separaran de la pirámide, estas eran similares a las de un murciélago pero de un color cobrizo; un par de horas más tarde, el cuello y la cabeza del dragón se asomaron, su cabeza era ensanchada con un par de largos cuernos y unos profundos ojos color rojo, sus fosas nasales inhalaban y exhalaban el aire del siglo XXI, abrió sus fauces e hizo un intenso rugido antes de emprender un vuelo al sur

Al día siguiente. el dragón despertó en las cercanías de Monte Albán, el sol iluminaba su piel color terracota, parecía que fuera de piedra. Horas más tarde se estremeció al oír a un niño en llanto en un pueblo de Oaxaca, el dragón emprendió un vuelo hacia el pueblo, la gente que miró la bestia, quedó aterrada. El dragón se alejó del pueblo y logro comunicarse con el niño a través de sus pensamientos; el niño lo escuchó con miedo, sin embargo, sintió una extraña confianza con aquella voz grave, que decidió dirigirse a las afueras del pueblo y encontrarse con el dragón gigante. El niño llamado Leo, se limpió las lágrimas de sus ojos y miró con asombró al dragón y le preguntó con inocencia -¿Quién eres?-
El dragón extendió sus alas y respondió con suma intensidad -Soy el dragón de los deseos-
Leo se sorprendió más aún y emocionado respondió -¿Puedes cumplirme un deseo?-
El dragón soltó una lágrima y dijo -no puedo-
Leo cabizbajo preguntó -Pero, ¿Por qué no puedes o es que no quieres concederme uno?-, el dragón se posó sobre la tierra, y recargó sus codos sobre el suelo, dirigió su cabeza al niño y le respondió -Es que tú no tienes ningún deseo verdadero, lo que tienes son necesidades o simples deseos banales-
-pero…- objetó el niño.
El dragón le interrumpió replicando -Puedo ver en tu alma, eres una persona feliz y no necesitas nada más, todo aquello que crees necesitar es una mera vanidad material humana-
El niño confundido rompió en llanto, el dragón intentó tranquilizarlo -Lo que quiero decir es que ya lo tienes todo y no necesitas ni más ni menos
-El niño se limpió las lágrimas para gritar -¡Eres un dragón de los deseos falso! ¡No haces magia, eres un hablador!- el dragón cerró sus ojos, por un momento se sintió ofendido, luego recobró la memoria y recordó como hace varios siglos los niños eran igual de caprichosos, y no sólo ellos si no que todo aquel que oía que había un ser que concedía deseos, su vanidad, envidia y ceguera material los hacían acercarse al dragón, quien terminaba regresándolos a sus hogares con las manos vacías, pero para aquellos que intentaban lastimar al dragón a manera de tortura o amenaza para conceder sus deseos, regresaban con sus almas vacías.

El niño quedó dormido tras tanto llanto, el dragón se encargó de regresarlo a su casa, una vez allí, el dragón tomó forma humana, y espero a que Leo despertara, no tardó mucho en levantarse para ir al baño, y de regreso a su cama, oyó una voz que le susurraba -Hijo-, él volteó con miedo y asombro, corrió hacía sus brazos y le dijo con alegría y amor -¡Papá!-, su papá lo cargó hasta la cama y se quedó a esperar a que se durmieran, una vez hecho esto, el dragón se desvaneció y reapareció en el cielo volando en su forma natural.

Al día siguiente, Leo pensó que todo fue un sueño, un hermoso sueño.

El dragón voló por el mundo como lo solía hacer hace varios siglos atrás, observando el alma de los mortales, transformándose en oportunidades para que pudieran cumplir sus deseos; pero hay de que aquellos que temían que las oportunidades fueran cobradas en un futuro, por lo que las rechazaban. Ahora el dragón sigue suelto, sólo hay que abrir nuestras mentes para aceptarlo.

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