La ecuación de la vida parte 3

En su juventud, el libro rojo le había dado de comer a Ricardo, nadie de sus familiares o compañeros cercanos sabía a qué se dedicaba durante las tardes, excepto Gabriela, quien lo había visto en un salón practicando su telequinesis, sus miradas se atravesaron, él sabía lo que el futuro le depararía por lo que empezó a evitarla, cada día que practicaba cambiaba de salón y de lugar; ella, con el tiempo, fue olvidándolo, o al menos eso le hizo creer.
Ricardo hacía espectáculos de magia e ilusionismo todos los viernes en la tarde para ganar dinero, sólo allí Gabriela podía verlo, era un extraño romance, ambos se amaban cada vez más, Ricardo sabía lo que sucedería si caía en el amor y ella había comprendido o entendido que quizás su amor no era correspondido.
Ambos terminaron sus estudios en ciencias en cuatro años y medio, y el día de la graduación, Ricardo le entregó una carta a Gabriela, le pidió que la abriera en un par de días, ella obedeció y le dio un abrazo que Ricardo recibió con miedo, ella se sintió mal y luego de ese día no volvieron a verse.

Dos días más tarde, ella abrió la carta con desesperación, esta declamaba

“Si alguna vez creíste que te odiaba o que te quería lejos, no era porque realmente lo hiciera, lo hacía por mi seguridad; cuando nos conocimos te prometí que te mostraría los conocimientos de la vida, pero por tu seguridad quemé el libro y por mi seguridad me he alejado de ti, ahora es tiempo de decir adiós. Ahora estoy fuera de España, trabajando, pero no me busques, que si el amor encuentro la muerte me encuentra…”

Ella rompió en llanto sobre su cama, aquel hombre pudo haber sido su amor, pero ahora está condenado a vivir en la soledad y el desamor. Se limpió las lágrimas y continuó leyendo:

“Pensaré en ti, y es por eso que desde ahora moriré lentamente, pero seguiré con mi vida como tu harás con la tuya. Una última advertencia, el libro mostraba una ecuación que sería capaz de salvarme, la denominaba ‘la ecuación de la vida’, he tratado de buscar su solución, pero sin éxito, ahora me resigno a esta vida.
Adiós.
Te Amo”

La ecuación se encontraba escrita hasta abajo de la hoja, Gabriela se levantó de su cama y se dirigió a su escritorio para pasarla en limpio.
Al día siguiente fue a una entrevista de trabajo en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, donde propuso un proyecto sobre anatomía, fue aceptada y trabajó con grandes científicos. Por tres años anduvo desarrollando modelos mecánicos para el cuerpo humano. Viajó a Inglaterra para aprender nuevos conocimientos, y dos años más tarde regresó a España para mejorar sus modelos.
Durante una difícil noche, tuvo una pesadilla en la que Ricardo moría en sus brazos frente a un teatro francés, despertó con miedo y recordó la ecuación que había desechado entre sus papeles, intentó resolverla pero al verla se dio cuenta que sus conocimientos en matemáticas eran pobres.

Dos años y tres meses, seguía en su investigación, pero con la ecuación en la mente. Una cierta mañana de octubre se encontró con una matemática reconocida: I. Carrillo, se preparaba para dar una conferencia. Gabriela entró a la conferencia, esperó hasta que terminara y conforme varios alumnos se iban saliendo del aula, ella se le acercó para preguntarle si podía resolver la ecuación, la matemática Carrillo observó con asombro la ecuación y le respondió -Esta ecuación tiene infinidad de soluciones y a la vez ninguna- rió y continuó -¿De dónde has sacado esta ecuación? apenas y cuatro en todo el planeta la conocen-, Gabriela dijo haberla encontrado, pero sus lenguaje corporal la delató, Carrillo sabía de donde la había obtenido pero prefirió no decir nada al respecto y le dijo -Podría darte algunos parámetros, pero sería inútil, esta ecuación explica el comportamiento de la vida, y por lo tanto la matemática es únicamente la mitad de la respuesta, la otra mitad debes encontrarla por tu propia cuenta-, Gabriela le agradeció, en ese momento Carrillo respondió -Creo que ya se para que quieres la respuesta, te puedo dar cuatro paramentaros, pero la búsqueda en la que te estás encaminando podría marcar el fin de tu vida-, ella titubeando pidió los cuatro parámetros. Carillo tomó un gis y en un pizarrón comenzó los cálculos, tras una hora terminó; Gabriela copió los resultados, borró el pizarrón y le agradeció a Carrillo quien antes de irse le dijo -Te deseo toda la suerte y éxito del mundo, pero piénsalo bien, si realmente vale la pena luchar por lo que quieres-, ambas se despidieron y Gabriela miró con atención los números.

Tardó un año en darse cuenta que un parámetro era un código de una empresa que se encontraba en contra de Alfonso XII. Visitó la empresa, la cual curiosamente andaba buscándola desde hace cuatro años y medio, el jefe le abrió las puertas sin pensarlo y le explicó la situación política de España, cosa que la aburrió por un momento hasta que mencionaron la ecuación de la vida, el jefe argumentó -Somos seis personas y contigo siete, las que conocen la ecuación de la vida, obviamente nadie ha logrado responderla, muchos creen que el encontrar la respuesta conlleva a la muerte, pero yo opino lo contrario, yo digo que es como el fruto prohibido del Edén, aquel que lo coma tendrá todos los saberes, aquel que la resuelva será como un dios en la Tierra-, Gabriela pensó, se dio cuenta que tenía razón, Ricardo sabía demasiado, inclusive tenía aparentes “poderes mágicos”, luego el jefe mencionó -Puedo darte la respuesta si quieres, bueno, quizás no la tenga yo, pero está guardada en un cofre de oro al sur de Italia, y solo tres conocemos la ubicación del cofre que guarda el pergamino que contiene la respuesta-, Gabriela sonrió y el jefe continuó -Pero a cambio tendrás que quemar el pacto de Le Bianc-, ella vaciló al darle la mano, pensó en todas las cosas que podían ocurrir y sin embargo, sus sentimientos la nublaron y aceptó.

Sentada junto a Ricardo, en las escaleras del Teatro de la Ópera de Vichy, recordó como intentó salvar a su amado, sacó el papelito con los cuatro parámetros, los otros tres números indicaban la dirección en donde se encontraba, su ubicación. En ese momento cerró sus ojos y pensó:

“La vida es la búsqueda de un destino, de un por qué; una vez hayas descubierto tu misión en la vida y una vez que la hayas cumplido, ya no hay razón por la que tu cuerpo siga con vida, deja salir tu alma que ha de seguir evolucionando. El amor y la felicidad es nuestro objetivo máximo, que muchos no alcanzan incluso en su lecho de muerte, ¿Por qué?” con mucha debilidad se recostó junto a Ricardo y finalizó: “Soy feliz porque estoy junto a la persona que amo” y murió.

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