La ecuación de la vida parte 2

“Cuando en tu vida el amor encuentres, tu muerte también hallaras”, súbita frase con la que concluía el libro rojo, Ricardo lo aventó lejos de él, salió de su cuarto corriendo hasta llegar a la parte más solitaria del pueblo, un árbol que se encontraba a medio kilómetro de su casa, frondoso y que obsequiaba naranjas, era el lugar donde Ricardo acostumbraba a reflexionar, meditar, estudiar y en raras ocasiones, sollozar. En su vida había tenido tan solo una novia, con la que duró apenas dos meses, había olvidado el amor y lo había intercambiado por el conocimiento y la sabiduría, sin embargo, ahora estaba condenado a morir en la soledad, sus padres a veces lo olvidaban por lo que no se preocupó por perder su vida gracias a ellos, sin embargo, temía enamorarse, se sentó junto a una gran raíz y platicó con el Naranjo, el que escuchaba pero nunca respondía, el único “amigo” que había tenido en toda su vida, tras una larga platica en una sola dirección, Ricardo se quedó dormido.

Gabriela veía al joven, que despertó una vez más, seguía teniendo sus manos entrelazadas con las de la joven, ella miró con cautela una marca en su cuello y dijo con emoción -¡Eres Ricardo!-, el asintió con la cabeza, y pidió con voz entrecortada -Sálvame-, rompió en un llanto extraño en el que ninguna lagrima soltaba, Gabriela retiró su cabeza y le preguntó -¿Qué has hecho?-, él cerró su cuaderno con fuerza y se levantó de su asiento, se bajó inmediatamente en la tercera parada del tren. Ella intentó detenerlo pero fue inútil, podía haberlo seguido, sin embargo debía reunirse con el abogado Jules para la negociación de un contrato entre Españoles y Franceses, por lo que regresó a su asiento, pensativa, mirando los extensos pastos a través de la ventana, de vez en cuando observaba casas y ganado, entonces recordaba sus años de infancia, luego volvía a recobrar el sentido del tiempo y miraba con desesperación su reloj de bolsillo, en ese momento vio un pequeño trozo de papel tirado en el piso, se agacho con curiosidad y lo levanto para leerlo, el cual recitaba:

“Mi pequeña, hace más de diez años que no nos vemos y sigues siendo tan hermosa como la vez que nos conocimos, sin embargo, por el momento estoy sin tiempo para hablar, pero te espero mañana a las 11 de la mañana frente al Teatro de la Ópera de Vichy, es urgente que vayas.”

Guardó la notita en su bolsa, y siguió observando el paisaje, imaginando una posible historia con aquel de quien se enamoró en sus años como estudiante.

Las horas pasaron con lentitud, hasta la llegada a la terminal, donde Gabriela se levantó de golpe y salió corriendo de la estación donde un carruaje escoltado la esperaba, ingresó al mismo. Adentro se hallaba el abogado Jules, con quien comería en un restaurant de la realeza para finalizar el pacto de Le Bianc, con el cual se lograría una mejor transferencia de mercancía entre ambas naciones (en relación con el precio), aunque tenía su lado oscuro, Jules como presidente de la Cámara de Diputados y futuro presidente de la tercera república, quería un cierto porcentaje del oro y plata de España, Gabriela al leer esa parte del contrato soltó un risita y dijo -Eso será imposible-,
Jules replicó -Entonces no habrá pacto-,
Gabriela se levantó de su asiento y repuso -Si usted quiere el oro y plata de España, tendrá que quitárselos con sus propias manos, yo nada más fui enviada para analizar el documento-,
Jules replicó con rabia -Mentira, usted no está por eso, es obvio que trabaja para una empresa privada, Alfonso ya me había aceptado el pacto, me dijo que enviaría a un embajador para firmarlo-
Gabriela rió con nerviosismo y respondió -Tiene usted razón, fui enviada para destruir el pacto-,
-Una cara tan linda e inocente, ¿Quién diría que tienes tales agallas para dividir dos naciones?- le respondió con fiereza.
-No las divido, sólo evito que tus ambiciones no se expandan más allá de Francia, aunque entiendo que no te gustan las condecoraciones ni los reinados-
Jules se acercó a ella y replico -Tienes razón, pero no creo que puedas destruir el pacto-
Gabriela bajo la cabeza, dio media vuelta, miró la puerta con atención, entonces corrió hacia ella y sin mirar atrás lanzó una pequeña bola de pólvora con la que incendio el escritorio y otros muebles.

La noche fue larga para Gabriela, quién había terminado su labor, envió un telegrama a la compañía en España y se hospedó en un pequeño hotel, donde pensaría sobre lo que podría suceder al día siguiente.
La mañana refrescó, una leve corriente de aire que entró al cuarto despertó a Gabriela, ella se levantó emocionada, se puso un poco de perfume y salió a desayunar. Al salir, se encontró con decenas de personas hablando sobre la explosión en el palacio, y la casi muerte de Jules y sus allegados, hablaban de un ataque alemán, ella intentó evitar todo tipo de contacto con las personas.

A las once de la mañana, Gabriela llegaba corriendo al teatro de Vichy, Ricardo esperaba sentado en las escaleras marmoleadas del inmueble, cuando la vio llegar se levantó con emoción, sus ojos brillaron y un fuerte ataque en su corazón lo obligó a sentarse de nuevo, ella lo miró con desconcierto, aceleró y al llegar lo vio muy débil, unas enorme ojeras le rodeaban sus ojos claros, a pesar de tener un cuerpo atlético se le veía cansado y sin ánimos, ella lo abrazó y le preguntó -¿Que has hecho con tu vida?-
El regresó la pregunta con sarcasmo -¿Qué has hecho con la tuya?-, ambos rieron y él respondió -Terminé como un ilusionista de la vida y la muerte, me dediqué a trabajar en centros de investigación, pero en mis ratos libros como mago-, ella sonrió y le aplaudió, el continuó -Sin embargo, mis trucos han sido reales, no ha habido ilusión alguna hasta el momento, aquel libro rojo que te mostré hace tanto tiempo y que te prometí te lo prestaría, lo he tirado y alejado de mi-, su voz se hacía grave y pesada, con dificultad para respirar, ella no entendía muy bien y el continuó -Fue un gran libro, pero prohibido para los que quieren vivir, yo en cambio, en mi soledad preferí el conocimiento, la sabiduría y el entendimiento del todo, lamentablemente al final dictaba una frase: “Cuando en tu vida el amor encuentres, tu muerte también hallarás”, no quise hacerle caso, pero todo lo que el libro me enseñaba era real, toda mi magia se la debo al libro, pero…-
Gabriela interrumpió -Esa es la razón por la que me alejaste, no querías a nadie cerca-, el asintió con la cabeza, se levantó con pocas energías y la miro a los ojos, le pidió que le dijera una frase en francés, ella la dijo a medias y ambos se besaron, él se alejó y concluyó -Ahora que nos amamos, ahora que he escuchado tu voz, puedo morir en paz-, ella intentó detenerlo, pero él se opuso -No lo hagas, solo haces que me destruya por dentro, mi mente ha de salir de este cuerpo, mi vida aquí a finalizado-, ella lloró y lo abrazó diciendo -Haré lo que sea por tenerte de vuelta, sólo no te vayas-, sus lágrimas caían sobre Ricardo, quien respondió -Existe una ecuación capaz de salvarnos, pero estaríamos jugando a ser dioses, resuélvela, pero será bajo tu propio riesgo- en ese momento cerró sus ojos y murió.

 

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