Luna

El camino que transito ha sido ya caminado por cientos de personas, pero en esta ocasión, tan sólo me encuentro yo y el sublime cielo oscuro de la noche, sin nube alguna que nuble y me prive de la luz de las estrellas, aquellas a quienes he hablado infinidad de veces, recibiendo a penas una o dos respuestas.

Mi andar es lento, no por el cansancio o la enfermedad sino por la felicidad. ¿Qué llevo cargando en mi mano que me hace sentir seguro de mí mismo? ¿Alguien podría comprender el porqué de mi sonrisa? Lo dudo, y, sin embargo, muestro una mueca llena de locura, trastornada a cada paso que doy por el estrecho andador que une dos calles cerca de mi hogar. No estoy muy seguro, pero mi amiga, ¡oh! hermosa ella, la Luna, quienes muchos han mal usado su bello nombre, ella me lo dijo y me lo advirtió, inclusive me ayudó a levantarme de tremenda caída frente al río de las ánimas, intercediendo por mí ante Caronte y ahora llora suplicando me detenga.

Hace un cálido frio, mi rostro se ve feliz y a la vez triste, pasaron quizás dos o tres personas a mi lado, sin mirarme, continuaron caminando. Yo, en cambio, me detuve a medir sus pasos, ver sus movimientos, gestos, velocidad, que cargaban, que vestían, en fin, cada detalle fue percibido por mi mente, grité ¡alto! Nadie se inmuto ante mi aullido de dolor, un sin fin de datos llegaron a mi cerebro, mi vista se cansó y me vi en la necesidad de cerrar mis ojos. Al volver a abrirlos todo era turbio, fascinante y aterrador. Poco antes de medianoche, el cuarto creciente de la oh! fastuosa Luna brillaba y me susurraba al oído, me advertía y sollozaba. Yo la miraba con seriedad, mi sonrisa se había cerrado luego de haber cerrado mis ojos, una gran seriedad, como la que usualmente me caracteriza, me rodeaba.

El TIC TAC de mi reloj se hacía cada más fuerte, yo caminaba y caminaba sin hallar el lugar indicado, no encontraba la salida a este largo camino que ya venía recorriendo desde hace un par de horas. El tiempo gritaba y yo cargaba con sumo cuidado aquello que traía en mi mano derecha, ¿Qué era? Una soga, lista para ser colgada, para que alguien fuera colgado en ella.

La calle se hacía cada vez más estrecha, y al fondo se hallaba aquel árbol que tanto admiraba, un imponente naranjo. Brillaba durante esta noche, y de él salió un hombre, vestido con una gabardina oscura, un cuchillo y un reloj; su rostro pálido, fantasmal me dejo atónito, no tenía cejas y sus labios eran imperceptibles, pues de igual forma estaban pálidos. En sí, su piel contrastaba con el oscuro de su cabello y el verde de sus ojos. Su andar era una danza de derecha a izquierda, con complejos movimientos de sus tobillos y rodillas, se acercó a mí de forma graciosa que logró dibujar una sonrisa en mi rostro.

Yo sabía quién era él, aquel ente que es capaz de salvar o matar, mi soga ya no estaba mis manos, estaba en las suyas. El ser misterioso, ángel del tiempo, colocaba la soga en una de las ramas del naranjo, la Luna se eclipsó en aquel momento y el cielo despejado se cubrió de densas nubes de varios tonos de rojo y azul oscuro. Yo me hinqué ante mi única amiga y hermana, la perfecta Luna, sonreí y dije:
-Bella y amada, a quien agradezco ya dos oportunidades de vida. Tu gracia me hace soñar, me provoca aquel apasionado sueño del cual jamás despertaré, lo imagino con miedo y amor, solo así me encontraré contigo allá en las alturas, donde bailaremos y cantaremos, donde jamás nos extrañaremos. Adiós mi querida y perspicaz Luna, en tus ojos miro sin querer el ardiente deseo de la compañía, en tu luz veo la sombra de la pasión apagada y en tu nombre leo las interminables historias de vida y muerte de todos los tiempos. Es hora de partir, es hora de decir adiós, pero ya pronto nos encontraremos allá-

Me despedí y coloque mi cabeza dentro de la soga, aquella rodeo mi cuello de forma cálida, acto seguido, me deje caer. Un tremendo dolor me hizo chillar, pronto dejé de sentir mis piernas y brazos, la respiración se hacía cada vez más pesada, mi estómago y corazón ardían, mis pulmones se asfixiaban y sentía un sin fin de punzadas en mi pecho, pronto fue difícil mantener los ojos abiertos, e instantes después sentí… no sentí nada.
Pero fue un súbito golpe el que mi hizo despertar, el ángel del tiempo, había cortado la soga con su cuchillo, el cielo se mantenía cubierto por aquellas nubes manchadas de sangre derramada por los injustos, pero fue por un pequeño hueco por donde la tenue luz de la Luna se asomó.
-Hay alguien allá arriba que te cuida, tu deberías hacer lo mismo por ella- y se despidió el ente.
Miré a la luna, con su gracia me habló -No puedo permitir que sacrifiques tu vida por mí, pues mis ojos han visto más que los tuyos y conocen por tanto más de lo que todos en la tierra han experimentado, mi brillo es causado por el simple reflejo del verdadero amor y la verdadera felicidad y mi nombre no es más que mi sentencia de la eterna soledad, no soy más que el reflejo de lo bueno y lo bello, soy prisionera del odio y de la tristeza, la nostalgia es la sombra que ves, mi ira es la causa de las mareas y mi envidia provoca que el sol se oculte por momentos durante el día. No soy un ser feliz ni soy causante del amor-
Acto seguido volvió a ocultarse, yo regresé a mi casa con una nueva oportunidad y como ya he dicho, el nombre de la luna ha sido mal usado un sin fin de ocasiones. Mis pensamientos aquí y allá se mueven, bailan su danza de arriba a abajo, cantan, sollozan y en ocasiones callan. Mis pasos no han sido en vano, pues pronto, sólo pronto.

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