Una travesía inalcanzable

Permítanme contarles el día de hoy una pequeña aventura en la que nos vimos involucrados cuatro personas. Dos de ellas, hermosas mujeres, y dos de nosotros honorables caballeros.
Nos encontrábamos a la entrada de lo que antes era un frondoso e imponente bosque; ahora, debido a las construcciones, éste se ha visto reducido y los árboles que antes apenas y permitían ver el camino empedrado que daba al corazón del bosque se encontraban más lejos del mismo. El empedrado se ha perdido casi en su totalidad y ahora hay tierra y pasto por doquier, pero el camino sigue siendo visible.
Fue durante una tarde, a una hora después de haber comido, cuando decidimos emprender una extensa caminata hacia el corazón del bosque, para comprobar la leyenda que recita en una piedra al inicio del mismo:

“Por noches y días vagarás, el camino perderás.
El follaje cubrirá tus pies, no habrá forma de regresar,
Avanzar será tu única salida y para avanzar habrás de ceder ante los pastos y rocas, ante las aves y mamíferos, ante la lluvia y el calor.
El intenso viaje será mortal para el no preparado, pero para aquel que mantenga firme su objetivo,
Se encontrará en el centro de la vida, rodeado de la Magia.
Fruto de la vida y la muerte, misterio irresuelto por centurias, ente invisible del que todos hablan y todos escuchan pero que jamás ha escuchado ni ha hablado”

Un par de siglos han transcurrido desde que el último aventurero decidió emprender esta pesquisa. Caminamos cuesta abajo, en donde nos topamos con extensos valles de un pasto de un tono verde pálido. Se divisaban a lo lejos increíbles construcciones que colindaban con los enormes árboles que daban al inicio del bosque. En ocasiones anteriores he caminado por aquellos parajes pero sin rebasar una línea imaginaria que mis primos y yo nos habíamos trazado. En lugar de seguir caminando al frente decidíamos desviarnos a la izquierda o la derecha, la primera dirección nos llevaba a una entrada secundaría al bosque mientras la segunda nos llevaba al pequeño estanque de la “generación”. Aquél estanque de algunos metros de diámetro fue bautizado así hace ya varios años, pues en él se hallan renacuajos, víboras acuáticas y peces de poca edad. En tiempo de lluvias, el estanque es capaz de duplicar su tamaño y albergar centenares de animales, no obstante, en otoño e invierno aquella fuente de vida se deshidrataba y así, la existencia misma.
Pero durante nuestra exploración, no nos desviamos ni a la derecha ni a la izquierda, caminamos derecho. Los últimos días ha llovido en gran cantidad, por lo que caminábamos por una suave alfombra de césped que en ocasiones empezaba a tender sus trampas como la leyenda recitaba, nuestros pies se hundían ligeramente en un pasto enlodado y debíamos buscar otra ruta para cruzar el camino. A nuestra derecha, un río formado por el estanque de la “generación” nos acompañaba, presentaba una agua transparente, pura se podría decir. Durante nuestro trayecto subimos y bajamos por pequeños valles y praderas, el río hacia algo similar y por consiguiente se formaban pequeñas cascadas que provocaban un melódico sonido causado por el caer del agua. En aquel momento que creíamos ver nada y a nuestro alrededor, una agraciada casa de dos pisos con grandes ventanales y de un color blanco nos dejó atónitos, tan bella era la vivienda que nos detuvimos a mirarla y unos pasos más al frente, el río cambiaba de posición, se cruzaba en nuestro camino para ir del lado derecho al lado izquierdo. Intentamos cruzar por los costados, pero el pasto enlodado capturaba nuestros pies con gran fiereza que nos fue complicado sacarlos de allí. Nos miramos con desilusión, parecía que nuestro camino terminaba aquí, volteamos para atrás decepcionados y en aquel momento una gran sombra cubrió el sol, las nubes bajaron de los cielos y cuatro terribles titanes bloquearon nuestro regreso, eran tan altos que apenas pudimos ver sus rostros. Uno de ellos estaba formado por rocas oscuras y brillantes, tenía más la forma de gorila que dé humano. El segundo titán parecía un enorme tronco con unas cuantas hojas en su copa y constaba de una decena de brazos que se confundían por gruesas ramas; el tercer titán con forma más humana estaba formado por fuego mientras que el último de los titanes presentaba una forma amorfa de agua. Nosotros dimos un paso hacia atrás y ellos dieron un paso al frente. La tierra se estremeció por varios segundos, nuestro temor aumentaba y nuestros cuerpos se helaron. Tales criaturas señalaron hacia el frente con sus enormes dedos, nos giramos una vez más reflexionando sobre como cruzar el riachuelo que ahora se había convertido en un río de gran profundidad y de una anchura de unos cinco o seis metros.
Nadie parecía tener la iniciativa para cruzarlo más que yo, por lo que coloque mis pies sobre algunas piedras que sobresalían del río y luego se volvían a esconder debajo de él, aun así, era preferible mojarse la planta de los pies a ser devorados por aquellos pastos carnívoros. Pronto mis compañeros me siguieron y avanzamos mientras percibíamos que el camino se estrechaba. El sol fue cubierto por finas nubes blancas y turquesas, y una vez más nos encontramos con nada a nuestro alrededor.

nekhbet1Fue entonces cuando un buitre de tamaño humano y con rostro de mujer se apareció ante nosotros junto a un hombre que cargaba un “cetro uas” y un “anj” (cruz con la parte superior en forma de ovalo) y que sobre su cabeza mostraba una pluma de avestruz. Ambos se presentaron, la primera como Nejbet y el segundo como Shu.
Nejbet habló y nos advirtió -Fuerzas oscuras han intentado tocar sus almas, es por lo tanto que durante mi vuelo por los cielos de la luz he decidido detenerme para traer a Shu y detener por primera vez esta catástrofe-
Una de mis compañeras, de cabello oscuro y largo preguntó -¿Qué catástrofe?-
-Hace más de diez siglos se aventuró alguien inocente, igual que ustedes, a encontrar el corazón del bosque, pero decidió regresar, el regreso no es opción una vez que te encuentras frente a la primera puerta al corazón, o sea, el primer cruce del río. Aquel que se dé la vuelta desatará a los titanes, seres de una maldad inconcebible, pura como la oscuridad, aquel joven intento luchar contra ellos pero fue inmediatamente abatido y sus huesos aún reposan bajo la primera puerta. Curiosamente, son ustedes cuatro, nunca antes habíamos visto a más de un viajero adentrarse en el bosque perdido- contestó Nejbet.
-Sigue sin quedarme claro, ¿Que catástrofe?- insistió mi compañera, quien borró su risa de su rostro.
-Los titanes que ustedes se encontraron, están atados a unas cadenas que sólo ÉL es capaz de romper, pero sabemos de buena fuente que existe otra forma de liberarlo y aquella forma es que el alma de los titanes se introduzca en el alma de un ser que los haya despertado, normalmente quienes los han despertado son sólo uno y ellos son bastante respetuosos entre si, por lo que en lugar de pelear por quien será liberado prefieren asesinar a su rival. No obstante, ustedes son cuatro y ellos son cuatro, sus dedos nunca señalaron al frente, sino que señalaron sus corazones intentando introducirse dentro de ellos para liberarse. Ahora sus sombras los persiguen y en cualquier momento de debilidad ellos entraran en sus cuerpos, los controlaran y dejaran de ser ustedes para convertirse en los titanes libres capaces de destruir el mundo y el cielo- respondió con frialdad Nejbet
Entonces Shu agregó -Soy yo el protector de la prisión de aquellos seres, soy yo quien he de mantener el cielo y la tierra separada, en este bosque perdido es mi deber regresar a los titanes a sus celdas y evitar un apocalipsis.
Durante los siguientes minutos acordamos que Shu se mantendría allí para enfrentarse a ellos, mientras Nejbet nos protegería desde los cielos.

Continuamos caminando y de pronto el camino se estrechó aún más, nos encontrábamos entre dos enormes muros, uno de piedras apiladas y otro de enormes ladrillos quizás rosados o anaranjados. El muro de piedras rodeaba hectáreas de terreno con algunas plantas, pero el misterio radicaba en el muro de nuestra derecha, enorme y extensos protegían a una mansión o un castillo. Intentamos asomarnos, espejear que ocultaban las paredes, pero no divisamos nada. Seguimos caminando y por un momento vimos entre los árboles la parte una hermosa casa, mansión o castillo, eran sus paredes de color marfil y techo de tejas de color verdiazul oscuro, las ventanas sobresalían. Ese fragmento del hogar nos enamoró, seguimos contemplándolo atónitos, mirando cada detalle sin ver movimiento a través de sus cristales oscuros. En ese momento bajó Nejbet y continuamos con nuestro camino, hasta llegar a la entrada al castillo, que dos hermosos perros de un negro brillante defendían, mi otra compañera se acercó a uno de ellos y le llamó por su nombre, aquel que se encontraba en su collar, el perro la miró fijamente y pronto se alejó. Nos asomamos por la reja para ver el solemne camino empedrado para llegar al castillo, tenía lámparas en sus costados, y hermosas flores violetas y azules a su alrededor.
Mi honorable compañero miró con atención y dijo -Aquel lugar consta de más movimiento que el que nos hemos encontrado en nuestro camino, allí habitan Elvis, Freddy, Kurt, Janis, Jim y otros más, el descanso de las almas es en el los cielos, ¿Y no es este ya el cielo? la verdad no podíamos responder con un sí o con un no rotundo, pero entre más nos acercábamos a la segunda puerta al corazón del bosque, las majestuosidades de la naturaleza eran mayores, flores de diversos colores crecían al costado del camino y mariposas y abejas revoloteaban entre ellas. Los aromas de la naturaleza nos envolvían, una extraña fortaleza nos hacía seguir adelante, poco a poco nos veíamos envueltos en más árboles, el bosque por fin empezaba, las emociones estaban por venir.

No recuerdo a qué hora entramos al bosque y una vez dentro, nuestros relojes se detuvieron. El tiempo dentro del bosque perdido no existe, el presente es, fue y será, el futuro es y fue y el pasado es y será. Mientras seguíamos el camino del río, platicábamos y reíamos, desafortunadamente nuestras risas y sonrisas no durarían lo suficiente. El sol fue cubierto parcialmente por densas nubes que pronto llovieron, a nuestras espaldas los cuatro titanes descendían de los cielos montando hermosos y magnos equinos, de pieles lustrosas. Mantuvimos la postura, pero era obvio que por dentro moríamos del miedo. Shu llegó corriendo detrás de ellos colocando con su extraña magia una barrera entre los titanes y nosotros. Apreciamos parte de la batalla, corrimos para continuar con nuestro camino, pero en la segunda puerta a la entrada del corazón, nos encontramos con un río más amplio de difícil acceso y de las profundidades emergió un ser de dorados cabellos y ojos negros como la noche, sus ropas que le cubrían las traía pegadas a su cuerpo debido al agua y cargaba con un tridente en su mano derecha. Montaba un enorme hipocampo rosado y dijo con una voz penetrante -Vosotros que osáis despertar al mal encerrado sereis condenados al destierro de sus almas en el más desolador de los desiertos de la perdición-
No comprendimos el grado de la amenaza, Nejbet bajó del cielo con un costal de donde extrajimos cuatro espadas de hermoso oro blanco con las que combatimos al titán Océano y su ejército de centauros. Nejbet peleó a nuestro lado por un tiempo antes de regresar a los cielos para ayudar a Shu. Mis compañeros y yo nos miramos, quedaba un centauro en pie y Océano, quien descendió del hipocampo y caminó hacia nosotros, derribamos al centauro entre los cuatro sin la menor dificultad. Encaramos al titán con frialdad, quien tan sólo rió y tomó a mi compañera, aquella que traía un vestido rosa y cabello largo. Mi compañero y yo inmediatamente corrimos hacia Océano quien no tardó en sumergirse en el aparente río o lago. Mi compañero retrocedió y decidió nadar de regreso con nuestra compañera quien se encontraba gravemente herida de su brazo. Yo en cambio me zambullí tomando al hipocampo como vehículo y seguí al titán.
Los minutos pasaron y nunca lo perdí de vista, me quedaba sin oxígeno al igual que mi compañera. Golpeé al caballo de mar para que aumentara su velocidad y así alcanzara al titán, fue entonces cuando ocurrió lo peor, Océano me capturó, sin oxígeno quedé desmayado.
No sé cuánto tiempo me mantuve inconsciente, o quien nos salvó, pero recuerdo que el río que se convirtió en lago ahora era un mar y fue una ola la que me revolcó hasta llegar a la playa, mi compañera no parecía verse tan mal como yo y fui rescatado. Shu y Nejbet habían encerrado a los titanes una vez más. El mar era el final de nuestro trayecto, se nos ocurrió una balsa o una canoa, pero era inútil continuar, los retos a los que nos enfrentamos han sido casi fatales, regresamos cansados, quizás mi compañero y yo con algo de barba. Los cuatro hambrientos y sedientos, los buitres volaban y cantaban alrededor nuestro, se alcanzaron a oír los aullidos de los lobos entre los árboles. Aceleramos nuestro paso, entonces el dejamos la playa atrás y el cielo se despejó, los rayos solares azotaban con mayor intensidad que antes, el bosque que rodeaba el camino sólo mostraba arboles ya secos y muertos, a lo lejos podíamos ver los vivos y alegres árboles que nos miraban con pena. El camino de regreso aparentaba ser aún más largo que la ida.
Pasaron incontables segundos, minutos y horas hasta que llegamos de regreso a casa, salimos del bosque perdido y miramos nuestros relojes, el tiempo caminaba a su paso regular pero nuestro cansancio no desapareció, al contrario, aumentó.
Aprendimos algo y olvidamos otras cosas más, quizás en alguna otra ocasión pueda llegar al corazón del bosque perdido.

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