Mercurio

El transitar de los astros, orden puesto por aquel mensajero de nuestro sistemas, actor que corre de aquí para allá, de día y de noche, invisible a nuestros ojos, pero en ocasiones y cuando se deja ver, es un ser capaz de contar increíbles historias, pues conoce millares de ellas desde hace muchos años.

En cierta ocasión en que la Luna se despidió de mí a una hora temprana de la madrugada, pude ser capaz de ver el paso de Mercurio, quien se detuvo a darle un mensaje a la Luna para luego regresar a saludarme. Entre mis labios se encontraban las preguntas sobre las aventuras más emocionantes que él hubiera presenciado, pero antes de que se me permitiera preguntar, el habló:

“No se necesita ser un mensajero, un viajero o un observador para apreciar la nostalgia que tu rostro muestra, así que dime, ¿Qué te aflige?”

Me quedé atónito ante su ronca voz, miré al suelo y contesté:

“Es la estrella, aquella a quién he visto en los brazos de otro, aquella que tanto me ilusionó por mi ceguera provocada por un corazón encendido y sin control y, sin embargo, su luz sigue sin apagarse, al contrario, aumenta e irradia su belleza a los confines del universo, iluminando donde la oscuridad domina”

Mercurio rió y sin alejarse, preguntó confundido:

“¿Estás seguro que era enamoramiento?”

A lo que contesté cabizbajo pero con seguridad, mientras recordaba el brillo de aquella estrella

“Si, y sigo enamorado de ella. Apuesto a que has visto centenares de parejas, que has presenciado discusiones, has sido testigos de fortunas y desventuras; pero verás, al estar con ella, junto a ella, mi felicidad aumentaba; mi día por más oscuro que fuera, se veía iluminado; sentir aquella sensación en el cuerpo, sonreír a la vida; olvidar mis penas y problemas; su hermoso aroma; quedar hipnotizado por tan bello rostro, sentir sus manos, sentir el calor de sus abrazos…”

Fui interrumpido, Mercurio volvió a reír

“Te oyes como un sujeto encantado por la belleza física”

“Pero no es sólo su belleza física” refuté “Es también su forma de ser, su actitud y personalidad, es simplemente ella, la estrella que alguna vez encontré en una oscura noche, la única capaz de brillar a través de las densas nubes cargadas de lluvia. Sus palabras eran de un tono revitalizante, nuestras pláticas en las que reíamos y los gustos que compartíamos, es algo que veo lejos de encontrar”.

“Entonces, deja de buscar, que ella no llegó a ti cuando estabas buscando”

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