Llamas y lágrimas

-¡Corre!- gritaba de entre las malezas aquella voz que yacía en el suelo, el sonido hizo ahuyentar al joven que no tenía ni la más mínima idea de dónde provenía tal grito. Susurros de entre las hojas a plena luz del día hacían un atractivo turístico de aquella zona que se regocijaba por el canto de los pájaros.
Horas pasan y horas vuelan en este pueblo, pero no sucedía nada más grave que las noches de fin de mes cuando aquel individuo que ahuyentado por esa misteriosa voz, volvía a sentir aquella adrenalina y trataba de lanzarse por el puente que conectaba el pueblo misterioso al bosque de cerezos, pero antes siempre lloraba y se ponía de rodillas a la luna pidiendo perdón por aquello que nunca hizo y que hizo, se lamentaba y sus lágrimas llenaban el río de dolor y sufrimiento, los días pasaban, transcurrían los meses y estos se convertían en años hasta que una vez, el joven, con su largo cabello oscuro, y ojos claros se decidió, nadie lo vio pero hay quienes aseguran haberle oído gritar mientras se lanzaba al río. No se encontró su cuerpo. Los rumores se extendieron hasta el otro lado del pueblo, y gente que rondaba por las calles decía que se había ahorcado, sin embargo, no había prueba de ello.
Ostentosos pliegues y viejas ropas llevaba el joven la noche que se dice sucedió el incidente, pero inclusive aun luego del atentado a su vida, se oyen lamentos que hacen dudar a la gente de salir durante la noche; principalmente durante el tiempo de octubre y noviembre, cuando las voces se hacen presentes con más frecuencia. Al igual que los lamentos retiemblan por entre todas las paredes de las casas que colindan con el río, los perros ladran por el temor de la sombra que camina hacia el puente y sigue llorando, pero nadie lo ve, solo ella, que con otros ojos le mira tristemente, lo llena de toda su luz para verle donde caerá, pero no con el afán de obligarlo, sino de hacerle ver que hay otra salida, por lo que continua conversando con ella hasta muy entrada la noche y se da cuenta que es hora de partir.

-¿A dónde osas ir descalzo a esta hora?- volvió a preguntar de entre las secas hojas de otoño la voz que hizo ahuyentar al joven, en contraste, esta vez sí recibió respuesta
–Voy a ver a mi amada-
-¿Con esos trapos? ¿Con esa mugre en la cara? ¿Con ese falso pensamiento?-
La sombra que conversaba con la voz respondió firmemente –Es mi ropa más elegante, es mi mejor cara, y solo tengo un pensamiento-, la voz calló momentáneamente e hizo soplar un fuerte viento que cubrió a la sombra con un vestir más elegante, una mejor cara y con un pensamiento menos confuso y así le replico –Ahora puedes ir con tu amada-, la sombra agradeció, y camino con la frente en alto.
Las hojas detrás suyo se reacomodaban, de tantos colores rojizos, amarillos, anaranjados y cafés se movían a través de las ramas calvas de los arboles; los pájaros idos, deshabitaron el pueblo para emigrar a una zona con más alimento para el invierno.
La noche hizo estremecer al pueblo, otro 29 de octubre, la sombra se aproximó al puente como cualquier día, sin embargo una multitud lo rodeaba, la sombra intento ver cómo llegar al puente sin molestar a los enfurecidos, pero fue difícil, por lo que se acercó a pedir permiso, sin embargo nadie lo escuchaba ni lo miraba, trato de hacer el mayor ruido posible para llamarles la atención, sin embargo, allí estaba la luz de la luna llena, iluminándolo todo y a todos, al girarse para ver su sombra, se dio cuenta que no la había, era un ente transparente cargando con el peso de su depresión, miró a su amada y gritó -¿Por qué lo permitiste?- su llanto hizo reaccionar a la gente, que desconcertada por el sonido miraba a todas partes pero sin tener nociones de donde provenían los lamentos, él gritó con más fuerza -¿Por qué me has abandonado?-, el puente se estremecía, la corriente del río aumentaba, mientras la sombra cuestionaba la acción de la luna. La gente allí reunida trato de mantener la calma, hasta que se oyó el caer de un cuerpo al agua, todos se aproximaron a las orillas a observar, y lo que vieron fue el cuerpo del joven ahorcado flotando sobre el río, la gente intento regresar a sus casas, pero un incendio los rodeó, la voz se volvió a hacer presente –Tus deseos fueron órdenes para ella, tu querer se quedó corto y tus súplicas mostraban el camino fácil-
La sombra interrumpió furiosa – ¿Fácil? ¡Mi tormento será eterno!-
-No hay forma de impedirlo- dijo la voz y continuó –Tu decisión fue tomada, allá arriba, ella decidió que sería lo correcto-
-¡Imposible!- refutó –Ella me cuidaba, ella me aconsejaba, ella me amaba-, su ira hacia subir el nivel del río y provocaba olas que iban apagando el fuego, la voz se desvanecía con una risa malévola –De tantas cosas que has de elegir, mil vidas te esperan y mil lamentos aguardan a las puertas de la solemne verdad del infierno- las olas terminaron de apagar el fuego, mientras un afanoso viento atravesó a los reunidos y se alejó hacia el bosque de cerezos.
La dinámica y tenebrosa noche empeoro cuando vieron que la Luna se bañaba en sangre, un rojo que cubría gran parte de la amada de la sombra. Los llantos se volvían a sentir y un frío que carcomía los huesos provoco el escalofrió de todos, la luna duro así varias horas, el rojo era más intenso y los llantos se apaciguaban, y así, ella entró en llanto provocando la lluvia sobre el pueblo, la sombra había avanzado al otro lado, su amor sollozaba la perdida de aquel que nunca le regalo alguna flor sino un poema, que jamás abrazo pero que aun así sintió su cálida presencia, que jamás besó pero que aun así sintió sus palabras provenir de sus labios.
El pueblo pronto sintió ese árido sentimiento de soledad y bajaron su guardia para deprimirse y darle el pésame a la Luna, la lluvia iba bajando, y tras una hora, el rojo del astro se fue disolviendo hasta que esta regreso a su color blanco natural, el sol al otro lado se asomaba, la gente regreso a sus casas con una experiencia que jamás se volvería a repetir.
Los rayos del sol calentaron a la fría luna y la consolaron, las nubes se apartaban para dar paso al rey que rige el cielo terrestre.

La sombra atravesó sin miedo la puerta de la solemne verdad, porque sabía que su amor esperaba con paciencia, él corrió felizmente olvidando toda ira, su único momento lleno de tal y regocijado la abrazo y la cargó.
El bosque de cerezos soltó sus pétalos rosados que tapizaron el suelo y otros más que llegaron al pueblo hicieron a la gente entrar en fiesta, los amados se rencontraron del otro lado del mundo para estar por siempre juntos y el pueblo no volvió a sufrir por los lamentos.

Cara a cara, tiempo a tiempo, rayos acogedores de la oscura verdad que tratamos de ocultar ante la simplicidad de una acción que nos delata y nos muestra como esclavos de nuestros pensamientos.

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