El canto de la bruja – Réquiem

Parte 6

Réquiem

Es el tiempo el que habla, a través del viento se oyen sus palabras, las cuales entran en continuo contacto con las de Selorts, ¿Es su maldición o su bendición? Alguna vez habló con el tiempo y aprendió un conjuro, hace más de siete años, quizás antes de sus dieciséis. Tuve que dejar mi reino en manos de Sandra, madre de Selorts, tuvimos que dejar el pasado, yo por primera vez y para ella una vez más. Caminamos al sur, lejos de los grandes reinos para acomodarnos entre las villas de las pequeñas ciudades en crecimiento, aquellos que en un futuro se convertirían en grandes potencias, conquistando a los del Norte, Este, Sur y Oeste.
Fue por este tiempo en el que Selorts y yo nos separamos, pero no por ello no terminaré de contarles tan emocionante historia que pronto culminará. Me enteré por un par de medios lo que la bruja tramaba, y era aquello por lo que se ganaría verdaderamente el nombre de bruja. Tuve escaso contacto con Sandra con el paso de los meses, las cartas en muchas ocasiones eran interceptadas, por lo que optamos por utilizar un lenguaje en código por el que me mantenía al tanto de la situación en el reino. Por medio de otra fuente, logré enterarme lo ocurrido durante el tiempo que me alejé de Selorts para empezar una nueva vida. Todo giraba en torno al conjuro, aquel que sólo podría cantarse una vez y por ende sólo podía ser utilizado una vez, ¿En qué consistía? en revivir a una persona, el sacrificio no sería tan sencillo, pues implicaba partir tu corazón a la mitad, lo que conllevaba a partir tu tiempo de vida a la mitad. Pero Selorts nunca se lo pensó, simplemente se preparó para el acto, debía regresar, al cabo de un año, a donde se encontrara el cuerpo de su esposo para poder revivirlo.
Un año pasó y partió con su hijo en caballo al este, no obstante, en su camino, el reino del sur y del norte atacaron al del este, provocando la caída total de lo que antes fue mi reino, provocando así la muerte de la reina Sandra y más de la mitad de la población. Los mensajeros corrieron de inmediato a contar las nuevas, aquellas en la que se enteró por fin que yo había protegido a Sandra en la guerra desatada por Fernando. En este momento descendió de su corcel oscuro y se tiró al suelo con sus ojos llenos de lágrimas, ¿Qué debía hacer ahora? dar la mitad de su corazón por su esposo o por su madre. El cielo se volvió a nublar, pero a diferencia de otras ocasiones, no llovió y no nevó, ni siquiera hubo viento, tan sólo se cubrió de densas y oscuras nubes que evitaron el paso de la luz del sol. Pasaron quizás un par de semanas antes de que las flores comenzaran a marchitarse y uno o dos meses antes de que las aves cayeran de su nidos, allí y a sus pies cayó un ganso, se limpió sus ojos y grito ¡Franz!, aunque realmente no era Franz sino un ganso cualquiera. Santiago intentó consolar a su madre por varios días, semanas y meses. Ella, sin embargo, se mantuvo en una misma posición, caminaba de vez en cuando unos cuantos metros y regresaba a su punto de origen, imaginaba que se encontraba en su cuarto en la torre, hablaba con aquel ganso muerto, inclusive reía y hacia que tendía su cama y retiraba el polvo de estantes inexistentes. Ella ya no miraba a su hijo, sino que lo veía como a las sirvientas que le llevaban la comida cuando se encontraba encerrada. Así fue como pasaron once meses, ella encerrada en su cuarto imaginario donde se sentía perfectamente cómoda, ni el corcel ni su hijo se atrevían a cruzar aquel cuadrado imaginario que ella se había trazado, aquello le sacaba de sus casillas, la hacía gritar y llorar, los golpeaba con indiferencia y les pedía se alejaran de su espacio personal. Hacia un año de cumplir un año de la muerte de su madre, Selorts enfermó de gravedad y ni Santiago ni el corcel sabían de que, apenas la curaban de algo y se enfermaba de otra cosa, la verdad es que estaba muriendo; en su locura, se rasguño repetidas veces en su vientre y en sus piernas. Corrió desesperada alrededor de su perímetro imaginario y luego se sentó, dijo incoherencias, beso al ganso muerto y luego despertó de su larga locura. Apenas podía respirar y moverse, pedía ayuda, abrazó a su hijo y le susurró -Estos son, quizás, mis últimos segundos de vida, así que te contaré el conjuro para que hagas de él lo que más te convenga-
-No- sentenció Santiago -Yo te salvaré, ya verás que si- y su voz aguda que intentaba agravar para sonar adulta hizo reír a su madre
Pero Santiago no lo dijo en broma y con ayuda del caballo la llevaron hasta donde se encontraba su difunto padre Alán. Allí, ella lo miró con tristeza y cantó
Las hadas te han conservado
La belleza en tu rostro no se ha esfumado

Y en ese momento, la enfermedad de Selorts pareció desvanecerse lentamente y de inmediato pidió dirigirse al ya extinto reino del Este. Ingresó al reino sin hacer llamamientos, se dirigió al cementerio y buscó la lápida de Sandra, la encontró y desenterró el ataúd, allí se encontraba ella enterrada, igual de cuidada que su novio y pronto cantó:

En el horizonte, hacia las alturas,
Las hadas cantan y bailan
Los astros brillan por tu belleza
Falacias de la vida, falacias de la muerte
Aquí donde te veo, tú no me ves
En el horizonte, hacia las estrellas
Las hadas brillan y se mofan
Los astros saltan y corren
Te pido, te ruego, te pido, te ruego
En el horizonte, hacia las alturas
No partas por el camino de los astros
Las hadas cantan y bailan por tu llegada
Las hadas cantan y bailan por tu partida
En el horizonte, hacia las estrellas

Mi corazón es partido,
Mi alma es cortada,
Marcas que jamás sanaran
Jamás dejaran de sangrar

Las hadas aquí y allá
Los astros entre tú y yo
En el horizonte y en las alturas
En el horizonte y en las estrellas

Mi corazón es partido,
Mi alma es cortada,
Marcas que jamás sanaran
Jamás dejaran de sangrar

Te pido, te ruego
Nuestro amor llega más allá del horizonte
Nuestra vida se extiende más allá de las estrellas
Las hadas me piden mientras vuelan
Las hadas me ruegan mientras cantan
Sabes lo que piden y ruegan
Por el camino de los astros te traigo
Las hadas me piden y me ruegan
Las hadas se mofan de mi realidad

Mi corazón es partido,
Mi alma es cortada,
Marcas que jamás sanaran
Jamás dejaran de sangrar

Te traigo, te amo
Te abrazó, te adoro

Y así fue como su corazón se partió a la mitad y le obsequió la mitad de su vida a su madre, Sandra se levantó de su letargo, confundida abrazó a su hija luego de incontables años. Pero no había tiempo para tales ceremonias de amor, pues el rey actual se había enterado de la entrada de intrusos, por lo que ambas corrieron hacia Santiago y al caballo, los tres lo montaron y salieron a velocidad, los soldados los siguieron hasta que se adentraron en el bosque, allí, ella tomó el brazo de su amado difunto y lo besó en sus labios, el cuerpo se movió ligeramente y de él salió un espíritu que hizo una reverencia ante Selorts y Sandra, pronto se despidió muy agradecido, besó a su hijo en la frente y se desvaneció entre las densas nubes, provocando que estas desaparecieran y el sol volviera a iluminar los reinos. La paz volvió y Sandra, Selorts, Santiago y el corcel oscuro emprendieron su camino a las villas del sur donde se asentarían y vivirían felices para siempre
Fin

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