El canto de la bruja – Impromptu

Parte 5

Impromptu

El cantó levantó olas y desató tormentas, pero su conclusión apaciguó las mareas y calmó las nubes, el atardecer estaba próximo y ella lloraba la muerte de su amado, el cielo se teñía de rojo y de naranja, el dolor de Selorts se reflejaba en las alturas. Santiago lloraba sobre el regazo de su padre. Allí se mantenía Fernando, escondido entre los arbustos, mirando con morbo y al acecho. Pasaron los minutos y luego de que el cielo se tornó de naranja a morado y de rojo a azul, salió al ataque tomando a Selorts de sus cabellos y amenazando a su hijo con su sable. La bruja hizo un movimiento rápido para tomar la espada de su amado. El embate comenzó con demasiada efusividad, el blandir de las espadas hizo llorar aún más a Santiago, pero eso no frenó a Selorts, quien era dominada por la ira, el odio y la oscuridad de la noche. Los movimientos eran veloces, imperceptibles en ocasiones, se oía el aire cortado por el metal; el agudo choque de los sables estremecía a los animales cercanos. Ambos reían de ira y de locura. Los minutos pasaron y el sudor caía de sus frentes, caminaban y corrían de aquí para allá, saltaban entre rocas y piedras, inquietos y persistentes no dejaban a su rival un instante de respiro. Pasó quizás media hora, quizás una hora, ambos agotados detuvieron su arremetida, conservando su distancia. Ella regresó a abrazar a su hijo, mientras Fernando se recargaba en un tronco. Cerró sus ojos, calmando su respiración. No tardó mucho antes de que los abriera, enrojecidos y perdidos, ¿A quién miraba? a nadie, sus pupilas dilatadas enfocaban a la nada, sus venas oculares hinchadas brillaban en la oscuridad, tomó su espada y saltó hacia Selorts quién poco pudo hacer para defenderse del ataque que le propinó su rival, cayó tendida en el suelo con un par de rasguños en su brazo y estomago; intentó levantarse, pero sin éxito, tenía un pie de su rival sobre su pecho y vio con dolor como su hijo fue golpeado repetidas veces hasta que cayó inconsciente junto a su padre. Selorts gritó con todo el aire de sus pulmones, acto seguido, fue golpeada en la cabeza, quedando desmayada.
A la mañana siguiente, despertó encadenada dentro de una celda de piedra, miró a su alrededor, pero poco notó, de las piedras color arcilla, caía el agua de la noche pasada, se sentía un frío estremecedor que calaba hasta los huesos, allí estaba ella, tratando de asomarse a través de una ventanita, pero le era imposible llegar hasta ella pues las cadenas eran cortas, entonces se resignó, continuó escaneando la celda y para su horror se encontró con un par de cadáveres y un cuerpo a penas en descomposición, lo que explicaba el fétido olor del lugar. Pronto llegó su mirada hasta mí, yo, que me encontraba sentado frente a ella sobre un cráneo, la miré fijamente, fue una mirada tan profunda que ella de inmediato desvió su mirada. Sonreí y vi su vestido rojo, con hermosos arreglos en el hombro derecho y con delgados hilos dorados que dibujaban siluetas provocativas en la espalda. Ella me miró con miedo e intentó alejarse de mí, entonces salí de la celda y le dije.
-Esta noche será tu fiesta-
Así llegó la noche, Fernando había logrado convencerme de realizar una enorme fiesta en uno de los salones de mi castillo, en honor al cumpleaños número 16 de Selorts. Al principio lo dudé, pero luego accedí, pero ahora me arrepiento de aquello y he aquí el porqué:
El baile y la comida fueron un éxito, los príncipes de diversas regiones se presentaron ante la bruja, mis hermanos también le hablaron y coquetearon, pero su sonrisa era falsa, no sé si su belleza cegaba el criterio lógico de nuestros invitados o es que todos le seguían la corriente y no querían que su sonrisa fuera borrado de su pulcro rostro. Lo cierto es que nunca me sentí cómodo durante la celebración, yo sabía lo que Fernando había hecho con Alán y no olvidó que los distintos reinos habíamos estado en guerra debido a esa “traición” de la que tanto hablaba Fernando. Sus intenciones sobre “conquistar el corazón” de Selorts definitivamente eran falsas. Fernando se mantenía a lado de la bruja, mirando con recelo a todo aquel que la invitara a bailar, por lo que conforme avanzaba la noche, todos se alejaban de ella, su sonrisa empezaba a desvanecerse y el despertar de la bestia comenzaba. Tomé demasiada esa noche, quería evitar ciertos problemas de los que tanto he hablado antes y que quizás hable después. Fue por aquello o por lo otro que opté por salir al balcón del salón para mirar la delgada Luna que se veía desde allí -Mi amada, mi dulcinea, tan distante de los cantos, a penas te veo, a penas te escucho, ¿Qué ha sido de ti todos estos días?- dije a la Luna, quién respondió -He hablado, he platicado con El Dorado, me ha dicho y comentado lo que nunca debí oír, lo que ahora me aflige, lo que no me permite mostrar mi rostro-, -¿Qué es? ¿Qué sucede?- pregunté con impaciencia; pero las nubes se interpusieron entre ella y yo y la fiesta continuó hasta más allá de media noche, con gran cantidad de alcohol en mi cuerpo pude apreciar aquella trágica y traumante escena, quisiera no contarla, pero debo sacarla de alguna u otra forma, pues es aquello lo que detonó la chispa de la locura y la manía en mi ser. Cuando gran parte de los invitados se encontraban sentados alrededor de sus mesas, platicando, cuando la música había terminado y luego de que regresara del balcón para comer algo, vi como Fernando desenvainó su espada y amenazó a cada uno de los invitados, rió perdidamente, los retaba a realizar actos imposibles, todo aquel que se negara a intentar el reto, era asesinado, Fernando les enterraba su espada en su corazón y la sangre que quedaba en la hoja metálica era chupada por él, gritaba de felicidad al tomar aquella sustancia que el aseguraba lo rejuvenecía. Conforme el número de muertos aumentaba, los retos se hicieron más complicados y las muertes más sádicas, vi unas tres degollaciones, como un hombre intentando salvarse aceptó el reto de asesinar a su hermano. Intenté cerrar mis ojos, pero Fernando se acercó a mí con una risa malévola y gritando y luego susurrando me dijo -Ahora verás cómo tu pueblo muere, ¿Sabes porque? ¿No sabes? si nunca hubieras elegido a Alán como héroe, entonces ella nunca se hubiera enamorado de él, entonces ella y yo viviríamos felices, entonces ella y yo tendríamos un hijo y ésta guerra de más de siete años nunca hubiera existido- y así me tomó del cuello y me hizo mirar como morían cada uno de los invitados, luego colocó su espada en mis manos y me hizo cometer el acto. Miré a Selorts de reojo, ella estaba atada a la silla y solamente se tapaba los ojos y lloraba, Fernando reía y luego de dejar vivas a algunas personas al azar, se acercó a la bruja, la tomó del cuello y la beso con gran intensidad, ella intentaba no serle recíproca, pero él tenía ya su espada a punto de ser enterrada en su vientre, la punta ya le atravesaba su vestido, por lo que al final accedió. Yo en tanto, miré a mi alrededor, eran el sin fin de cuerpos muertos tendidos en el piso dejando ríos y lagos de sangre. ¿Dónde estaba Selorts? ¿Dónde estaba ella? ¿Dónde estaban todos? corrí por todo el salón buscando las puertas de salida, las ventanas, pero la única salida era el balcón, era lo mejor en ese momento, lanzarme por el balcón, acabar con la guerra, acabar con mi vida, ¿De qué sirve seguir viviendo si hay un maniático dispuesto a matar a todos si la guerra no termina? entonces cerré mis ojos y vi la pendiente cubierta de piedras que me esperaba, no sabía lo que ocurría a mi alrededor, pero justo antes de saltar sentí unos brazos que me abrazaron, abrí mis ojos y para mi sorpresa era Selorts, no sabía si sonreír o gritar, me había salvado la vida y la había terminado con dolor y humillación. No podría explicarlo ni entenderlo, pero ella me mostró la salida del salón, confundido, dejé que me guiara por el alfombrado de muertos y antes de salir y cerrar la puerta logre vislumbrar el cuerpo muerto de Fernando, sin ojos ni ropa. Miré a Selorts, quien mantenía una postura firme, me apretaba tanto la mano que me cortó la circulación.
Nos soltamos una vez hubimos salido del castillo y caminamos en busca de su hijo, sin embargo, me era imposible eliminar las fuertes escenas de esta noche, y menos podía asimilar que Selorts hubiera asesinado de manera brutal a su acosador. Tuve que preguntarle, ella respondió titubeando y con mirada perdida -Fue él, él se quitó los ojos y se bebió un veneno, me explicó porque lo hizo, pero fueron ininteligibles sus palabras, ahora, si me disculpas, no quiero hablar de nada de lo ocurrido esta noche, por favor- miré y tomé sus delicadas manos, la abracé con fuerza y le dije en voz baja -Quiero olvidar lo ocurrido esta noche, pero no quiero olvidar la belleza que radiaste- ella no me respondió con el abrazo, al contrario, me alejó con frialdad y se dirigió a su hijo.

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