El canto de la bruja – Canon

Parte 3

Canon

Fue en marzo cuando la aflicción de la madre de Selorts estuvo en su auge, se acercaba el cumpleaños 16 de su hija y sabía que no podría festejar su baile en donde podría mostrar a los príncipes de los demás reinos que ya es mayor de edad. Ella recordó sus 16 años, el baile, el vestido, la música, los príncipes ahora reyes… Ahora la torre perdía su hermoso brillo, y al paso de los días, los vivos colores se tornaban en grises y negros, pálidos y monótonos. Entonces, el mensajero que en una ocasión había oído que los reyes no tenían una hija, fue asesinado al revelar la verdad a los demás reinos, lo acusaron de traición y complot contra la princesa. Hacia finales de marzo y luego de que los reinos se enteraran de la atrocidad cometida por el rey del Norte, este decidió mandar ejércitos a todos los reinos para evitar un levantamiento.
A principios del mes de abril, hubo una junta en la que los reyes y príncipes de los demás reinos convocamos una reunión para determinar quiénes serían nuestros “héroes” para salvar a la princesa encerrada en la torre. Cada rey y cada príncipe eligió a un caballero, juntos trabajarían en equipo y al final, quien sobreviviera al terrible y sádico ejercito del rey del norte y quien llegase hasta la princesa, la tomaría por esposa. Los caballeros aceptaron el reto y todos fueron enviados a la aventura.
Una travesía de meses, quizás cinco o seis, en los cuales se enfrentaron a las bestias más oscuras invocadas por el rey del Norte. Eran hombres gigantes con cabezas de águila y extensas alas de murciélago. Sus rápidos movimientos mataron a la mitad de los caballeros enviados y un río de sangre fluyó a cada reino en señal de las caidas, no obstante, y luego de varios días de una interminable lucha, las bestias oscuras fueron vencidas por el trabajo en equipo de los sobrevivientes.
Los días de largas caminatas continuaron, se enfrentaron al dragón del fuego fatuo y al dragón del fuego oriundo. El primero de color rosa oscuro, con ojos verdes y garras venenosas; el segundo de color blanco, ojos azules y dos pares de alas salientes de su espalda. Ambos imponentes, largos como las serpientes pero grandes como un edificio. El calor que exhalaban de sus fauces ahuyento a algunos, decían haber sentido el infierno en la tierra, lo cierto es que su respiración que exhalaban causaba las más tétricas alucinaciones, horrores que los mortales son incapaces de comprender.
Pero también fueron vencidos.
Con el paso de las semanas, el transcurrir de las estaciones, de puestas y amaneceres; el grupo de caballeros descendió considerablemente hasta quedar solo tres: Fernando, Alán y Santiago. La tercia de buscadores de la princesa se enfrentó al final al ejército mortal del rey del Norte. La riña duró mes y medio, según mencionan los sobrevivientes. Hacia el final de la batalla y los tres ya agotados, Santiago tomó la iniciativa de sacrificarse para que Fernando y Alán subieran a la torre, ambos discreparon en la decisión de su amigo, quien al final los convenció -De todas formas, uno de los tres se quedará con ella, dos de los tres regresará solo o no regresará, en mi caso, me resigno, mi vida está pronta a su fin, lo único que puedo hacer es alargar mi tiempo de vida-
Fernando y Alán en tanto le respondieron con elogios -Muchas gracias, y que tu alma esté en la gracia de Dios, jamás olvidaremos tu amistad, que perdurará en nuestros corazones- y dicho esto, ambos se dispusieron a subir por las enredaderas de las torres. El trayecto ero de lo más complicado, algunas ramas se quebraban y los riesgos de caer eran aún mayores conforme subían. Los colores de la torre cambiaban, brillantes como siempre, inspirando a nuestros héroes a continuar a subir. Pero fue casi al final de llegar a la ventana cuando Alán cayó varias decenas de metros, Fernando gritó con tristeza, pero en su interior sonreía. Entró por la ventana y presentándose, besó la mano derecha de Selorts, ella lo abrazo de inmediato y él se arrodilló ante ella diciendo que era su esposa por derecho, ella no lo comprendió, el caballero le explicó las razones, las cuales ella rechazó refutando -Imposible, jamás me casaría contigo, dejaste morir a tu amigo, o eso intentaste, serás guapo, serás fuerte, pero nunca tendrás mi corazón pues no puedo entregarlo a alguien que no tiene. Para nuestra suerte, las enredaderas de la vida, formadas por mis llantos nocturnos lograron capturar a tu amigo de un fatídico accidente- y en ese momento, ella se lanzó de la ventana, cayendo sobre un lecho de hermosas y suaves flores a lado de Alán. Él la miró con asombro, ella inexpresiva, ambos cruzaron miradas, se observaron de abajo hacia arriba, la belleza le cautivó y le robó sus palabras, ella en cambio, había encontrado una belleza pura, en una persona simple, alguien sin pretensiones, un ser humilde, pero quizás prepotente en ocasiones, se acercaron lentamente y se besaron.
Ambos regresaron triunfantes al reino del Este, donde yo era príncipe y había enviado a Alán. Fernando, en tanto, bajó de la torre por la enredadera y se alió al rey del Norte, provocando una guerra entre los reinos del Norte y Sur, con el reino del Este.
Selorts y Alán se vieron en la necesidad del exilio mientras la guerra continuaba. El número de muertos ascendió con gran velocidad día tras día. Entre los asesinatos más comentados, fue la muerte de la madre de Selorts en la hoguera, asesinato luego desmentido por mí, hallándola perdida en el bosque, llorando de locura. Le ofrecí refugio y le conté que su hija se mantenía a salvo hasta el momento. El cielo se tiñó de rojo y una tormenta de hielo azotó con gran ira los tres reinos en guerra luego de que el rey del Norte decidiera suicidarse, aquel incidente provocó la unión del Sur con el Norte y Fernando continuó la guerra jurando casarse con Selorts o asesinarla.

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