El canto de la bruja – Fantasía

Parte 2

Fantasía

¿Qué ocurrió con la joven Selorts? Las noches pasaron y las mañanas le siguieron. Fue encerrada en una de las torres más altas del castillo, aquella que sobresalía del centro del mismo. Su torre se alzaba hasta tocar los cielos y podía ser vista desde todos los reinos. En las noches sufría de un gélido frío, mientras que en las mañanas el calor del sol era sofocante. Pero un dato curioso aquí, la torre se embellecía más y más al paso de los atardeceres. Según la gente, aseguraban apreciar grandes cambios en la construcción. Mientras las paredes y otras torres menores de la fortaleza se mantenían con un color azul grisáceo, con algo de musgo creciente; la torre donde la pequeña Selorts habitaba, se tornaba de un café a un azul y luego a un anaranjado grisáceo. Al paso de las estaciones, cada una de ellas impregnaba a la torre de ciertas flores que crecían en unas enredaderas y caían desde la cúspide hasta el suelo. Hermosas flores, amarillas, ámbares, anaranjadas, violetas, azules, turquesas, verdes, rosas y rojas. De todos los colores florecían con felicidad, eran regadas por las suaves lágrimas de la pequeña, quien asomaba su rostro desde su única ventana y veía con vértigo hacia abajo, y observaba con una sonrisa perdida a las personas que se veían más pequeñas que las hormigas.
Su padre ordenaba a un sirviente distinto cada día a llevarle de comer dos veces por día y a cambiarle sus ropas, que eran lavadas por su afligida madre, quien ya había retado al rey en más de una ocasión para que liberara a su hija, pero el rey aseguraba que luego de haberla encerrada las guerras habían desaparecido, las cosechas crecían hasta tres veces más rápido, el clima era más benévolo con los residentes del reino y la felicidad abundaba en cada esquina.
Fue entonces cuando la noche previa al invierno las flores comenzaron a congelarse desde arriba hacia abajo, el llanto de Selorts era aún mayor, en un ataque de depresión, intentó saltar desde su ventana. El frío aire golpeaba sus claras mejillas, su cabello castaño volaba por las grandes corrientes de viento, sus ojos apenas podían percibir lo que a su alrededor había, era una joven muy hermosa, digan de ser rescatada, pero nadie en ninguna parte del mundo sabía de su cruel destino. Dejó un pie al aire, se tambaleó hacia enfrente y hacia atrás, miraba, pero todo a su alrededor eran nubes, podrán ya imaginarse el vértigo que sentía, pensar en caer cientos de metros y romperse todos sus huesos, “¿sufriré o no?” se preguntó; a punto de lanzarse, un ave blanca con franjas negras que iban de su cabeza, sobre su cuello y hasta el cuerpo, de tamaño no muy grande ni pequeño empujó a la joven Selorts de regresó a su habitación. ¿Fue debido a las densas nubes por las que perdió el rumbo o fue un acto planeado por parte del ave?, ella aturdida gritó de miedo al creer que ya había caído, echó un vistazo a su alrededor, pero había regresado a su cuarto y sobre ella aquel ganso que intentó presentarse formalmente, pero ella interrumpió con emoción -¡Me has salvado! ¡Me has salvado! ¿Quién eres? ¿Mi príncipe encantador que ha venido a salvarme? ¿Un apuesto hombre, valiente y fuerte que ha atravesado un sin fin de obstáculos para llegar hasta mí?- acto seguido lo beso.
El ganso saltó confundido y se posó sobre la cama de la joven y le dijo con una voz grave y graciosa – Coc, No soy un príncipe, coc coc, gracias al infinito cielo que no lo soy, soy feliz de ser un ganso, un apuesto ganso- las palabras borraron la sonrisa de la “bruja” quien respondió indignada -Entonces, ¡Largo de aquí, no quiero verte nunca más!- y fue así como las nubes se arremolinaron y copos de nieve empezaron a caer sobre el castillo.
-Coc, coc Qué modales los tuyos, mis amigos y yoc creímos que una hermosa y educada princesa residía en esta torre, de la cual su brillo y magnificencia es capaz de apreciarse desde muy lejos, cson colores muy alegres los que pintan esta torre, las mariposas y palomas, así como abejas y golondrinas han comentado con gran maravilla las flores que crecen aquí, coc pero veo que nos hemos equivocado, hermosa lo serás y vaya que te he salvado de un final desastroso, coc pero eso no debería convertirte en una arrogante niña, no, no, coc eres muy mala-
-No sabes cuánto tiempo llevo aquí- replicó ella cabizbaja y avergonzada, la nieve dejo de caer, pero los vientos aumentaron -Me han encerrado aquí porque creen que soy una bruja-
-Eso, coc, no es cierto, ellas son feas, horrendas, deshonestas y malas, coc perversas en ocasiones- intentó tranquilizar a Selorts, pero luego de meditarlo un rato dijo -Aunque no te conozco, coc y por lo que he visto, eres mala, si coc, eso eres, muy mala, será mejor que me vaya, será mejor huir de tus garras, coc coc- el ganso abrió sus ojos con espanto y empezó aletear, pero los vientos no le permitían salir de la torre -coc coc calma la tormenta que mis amigos me esperan-
-No, por favor, no te vayas- suplicó sollozando -Por favor, no sabes la soledad en la que me encuentro, por favor, se mi amigo, te lo ruego- y ella se hincó ante él.
-Las brujas son mentirosas, si coooooc, debo irme, yo te suplico que me dejes ir cooc-
-No, no soy mentirosa, no soy ninguna bruja, no, no lo soy, soy inocente, yo no intenté matar a mi hermano, por favor- la tormenta empeoró, hielo y nieve caían de los cielos -Por favor- se retorcía por el piso, gritando y llorando -Por favor, has de entenderme, escucharme, te lo ruego-
Al final, luego de un sin fin de suplicas y de ver que era imposible salir a volar con este clima, respondió -Esta bien, coc, será solo por hoy, y luego, coc, ni un día más-
Ella sonrió mientras se encontraba en el piso, ya sin fuerzas, extendió sus brazos esperando abrazar al ganso que no se movió de su posición.
El transcurrir de los días fue tardado, y aun así la joven Selorts disfrutaba de la compañía de su nuevo amigo Franz, el ganso, quien decidió no irse luego de oír la triste historia de su nueva amiga. La acompañó por dos semanas, juntos disfrutaron de la navidad y del año nuevo. Entonces, el seis de enero, Franz decidió partir no sin antes besarle la frente a su amiga.
Las estaciones pasaban y al inicio de cada una, Franz visitaba a Selorts. Las plantas crecían con colores aún más vivos que antes. Los rumores que culpaban al rey, habían muerto, al igual que la existencia de ella, pues fue en una ocasión cuando un mensajero del sur oyó decir a los hermanos que ellos nunca habían tenido una hermana, el rey apoyó su idea y la madre, sin más opción, estuvo de acuerdo con los tres.
La torre, de colores radiantes, era un deleite a la vista de cualquiera que levantará ligeramente su mirada. Su resplandor iluminaba con vivos naranjas y morados los reinos, los azules y verdes nocturnos iluminaban ciertos caminos del bosque. Los llantos dejaban de oírse y el clima volvía a mejorar.
Así pasaron los años, unos siete u ocho rotaciones alrededor del sol, Franz nunca faltó a su cita con Selorts, quien al paso de los años aumentaba en belleza. Sin embargo, fue recientemente, un invierno previo a sus 16 años cuando ella cayó enferma debido a una terrible gripa, tanto así que no se vio ni una pizca de nieve aquel diciembre; las nubes desaparecieron del cielo para dejar pasar los rayos del astro rey que acabó con todas las cosechas, mato cientos de animales de ganado y reportó una de las olas de calor más intensas jamás vividas en el reino. La vida de la joven pendía de un hilo, su fiebre aumentaba, la tos había destrozado sus cuerdas vocales, su dolor de cabeza la mantenía en vela constante y era incapaz de moverse, pues su apetito se había esfumado. Largos días y largas noches sufrieron su pueblo y ella. Entonces, con retardo de cuatro días llegó Franz, apenas podía respirar, entró con gran alegría al cuarto de su amiga, pero vaya terrorífica sorpresa se encontró al verla tendida en el suelo, apenas podía respirar. Abría de vez en cuando sus ojos, pero alucinaba, movía sus manos y piernas ligeramente intentando alcanzar algo que no había. Entonces Franz se acercó a ella y la besó en su frente, ella pareció despertar y a duras penas pudo articular una palabra “Adiós”. El ganso intentó llorar, pero el fuerte calor lo habían secado ya, quiso rehidratarse con el vaso con agua que estaba a un costado de la puerta, pero en lugar de eso, prefirió rociarlo sobre el rostro de su amiga. Ella se movió ligeramente, como un pez cuando lo sacas del agua, pero no reaccionó como esperaba, pronto volvió a detenerse y sonrió, giró con mucho dolor su cuello y miró a Franz y le dijo con su último aliento -Adiós mi amor-, entonces cerró sus ojos, su pulso cardiaco disminuyó y pronto dejo de respirar. Franz no lo pudo creer, tanto que empezó a llorar a pesar de su falta de agua en su cuerpo. El cielo se nublo tétricamente y una tormenta de hielo cubrió fatídicamente al reino. Franz pensó y pensó, no le quitaba sus alas de su bello rostro, aquel que ahora se veía más pálido que los inviernos previos, su cabello castaño ahora se había vuelto en un negro profundo. Los segundos siguientes fueron de gran desesperación tanto para el ganso como para el pueblo, Franz recordó un conjuro que había escuchado hace mucho tiempo durante sus viajes, lo cantó suspirando, entonces tomó un dedo de Selorts y lo colocó en su corazón y así se lo extrajo con gran dolor y pena. Selorts revivió, pero a costa de la amistad de su amigo el ganso.
Los días siguiente a la tormenta fueron de llanto y de lluvia, Selorts había perdido a su único amigo, su tristeza se convertía en depresión y su depresión en agonía, su agonía en falta de amor por la vida, ¿Qué sentido tenía seguir viviendo en una torre donde nadie sabe de tu existencia?

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