El canto de la bruja – Obertura

Parte 1

Obertura

Érase una vez, cuando los reyes y reinas aún habitaban y tenían el control total de las naciones, cuando los dragones aún no eran encerrados y las brujas no eran ni buenas ni malas, habitaban dos hermanos y una hermana, quienes eran hijos del rey del Norte, aquel que gobernaba un extenso pueblo que abarcaba varios cientos de kilómetros. Su castillo era de una sólida y azul piedra con enormes torres en cada esquina. El inmueble era en si una obra arquitectónica, había en las paredes hermosos detalles de las guerras que el rey y su ejército habían combatido y ganado. Aquella fortaleza imponente se alcanza a ver desde los reinos lejanos, existían leyendas buenas y malas sobre lo que ocurría allí dentro. Por un lado, el reino del norte amaba a su rey pues había otorgado vivienda y trabajo a los exiliados de las guerras pasadas, era un ser humilde y honesto con toda su gente, gustaba de salir a las calles vestido con simples ropas no pretenciosas y platicar con las personas. Pero, por otro lado, los reinos enemigos lo criticaban y etiquetaban como el más despiadado de todos los reyes, un ser sin alma capaz de matar a sangre fría a quienes lo traicionaban. Las historias se cuentan por miles. El reino ha quedado ya en el olvido y se ha dividido en lo que hoy son varios países.

Pero no hay historia más triste, desoladora y horrenda que la que estoy a punto de contar, ¿Cómo es que se esta historia? confíen en mí, pues esta historia la viví yo mismo hace centenares de años, cuando mi alma era joven y llena de brío.

Era el final de la primavera, las lluvias estaban próximas y los cultivos empezarían a crecer. Hermosas flores crecían a los alrededores del castillo, el pueblo era capaz de disfrutar de tales bellezas que deleitaban las pupilas y el olfato. Podría decir que había al menos unas cincuenta especies distintas de flores, cada una más refulgente que la anterior, los aromas eran indescriptibles en su mayoría y podíamos ver el espectáculo de las mariposas y abejas danzar entre flor y flor, los pétalos de cada una de ellas se movían y se sonrojaban al ser tocados por semejantes bichos que cantaban de alegría por la mañana. Durante la noche, eran las luciérnagas quienes hacían uso de sus brillantes colas para alumbrar algunos insectos nocturnos. Muchos niños gustaban de ver las funciones que tales animalitos presentaban día con día en la primavera. Pero como ya he dicho antes, esta está por llegar a su fin, y las tormentas eléctricas y torrentes pluviales son muy comunes por esta región, por lo que toda la gente toma sus precauciones. Los cultivos tienen varios ríos o canales por donde el agua puede salir al mar y así evitar que sus cosechas se conviertan en alimento inservible.

descarga (1)Fue entonces, cuando justo el día siguiente al solsticio de verano una tormenta eléctrica iluminó los cielos durante la noche, de distintos colores se apreciaban y con ruidos y aullidos hablaban, algunos susurraban y otros gritaban con una voz estrepitosa. Los hermanos, hijos del rey, jugaban en los más de cien cuartos con los que contaba el castillo. Era el clásico juego de las atrapadas, lamentablemente y por azares del destino, o es que fuera ella la causante de todo, la hermana, se enojó con su hermano menor, porque este lo tiro por una de las escaleras. Ella soltó un grito de ira y en aquel momento un rayo golpeó cerca de donde los hermanos se encontraban. Los tres se estremecieron al encontrarse con aquella luz cegadora, pero fue el menor de los hermanos quien gritó -¡Bruja! Ha venido a matarnos, no es nuestra hermana-, ella intento tranquilizar a su hermano y al alzar su tono de voz un segundo rayo cayó en el mismo lugar. El rey y la reina subieron corriendo al tercer piso para intentar apaciguar el escándalo, los hermanos hablaron antes que ella pero ni la madre ni el padre les creyeron, entonces decidieron oír la versión de la hermana. El hermano mayor, quien es también mayor que ella, la golpeó para demostrarles a sus padres la verdad, ella gritó pero ningún rayó azotó el castillo como se esperaba, su padre de inmediato lo tomo del cuello, y como perro, se lo llevo cargando para castigarlo por osado atrevimiento. El hermano menor, al ver a su padre distraído, corrió hacia su hermana propinándole un sin fin de golpes en sus piernas y brazos, ella tardó en reaccionar y levantó su voz, no quiso hacerlo pero termino por amenazarlo, todos escucharon y en aquel momento, un tercer rayó azoto el castillo, este aún más cegador que los anteriores. El rey no hizo esperar y ordenó que encerraran a aquella “bruja” en la torre más alta del castillo. Ella, la joven Selorts, lloró por incontables horas, la lluvia arreció y un torrente de lágrimas o agua cayó sobre el reino. La reina, aún confundida, la igualó en llanto y prefirió no dormir con su esposo, ni siquiera le dio las buenas noches a sus otros dos hijos.

La noche fue turbia y oscura, más que las anteriores, las estrellas y la Luna eran imperceptibles debido a las densas nubes que sofocaban el cielo. El rey dudaba que Selorts fuera su hija, mientras la madre dudaba que los rayos fueran provocados por ella. El hermano menor presentó curiosas quemaduras en su brazo izquierdo, aquel que estaba más cerca del exterior. Las quemaduras tenían forma de ramificaciones y su brazo ardía como el fuego, rojo estaba. Tuvieron que colocarle en agua helada para que su temperatura se nivelara.

 

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