A la espera de la estrella

Funestos aquellos sucesos en los que me he visto rodeado, las llamaradas del fuego que inició hace cerca de un lustro no han sido apaciguados por mis sollozos de cada noche, pues me he visto en vela a la espera de aquella estrella que tanto me prometió.
Errante vago por caminos inciertos en la penumbra, farolas que iluminan y dejan ver una sombra de sangre; rastros de un carmesí brillante.
Aquel que hubiera seguido mis pasos, aquel que hubiera osado molestarme aquella fría noche, hubiera sufrido la ira en la que mi alma se veía envuelta.
Trágica la madrugada en la que me enteré del asesinato cometido por mi propia mano, rastros de la sangre míos y de aquella otra persona en el pavimento adoquinado, un él o un ella que se había interpuesto en mi camino.

Corría sin rumbo Estrella Faparente, pero la verdad es que conocía muy bien a donde me dirigía y dejando atrás el sonido ensordecedor de las sirenas de las patrullas, tomé aquel vehículo de transporte privado, mi rostro reflejaba la palidez de la que sufre aquel que se ha enterado de una trágica noticia, pero al mismo tiempo mis piernas temblaban de la adrenalina de salir corriendo lejos, mis ojos rodeados de unas enormes ojeras de ya tantas horas sin dormir, mis ojos hinchados pero preparados para observar el más ínfimo detalle, lágrimas que caían y resbalaban por mis mejillas, mis manos temblaban y no paraba de entrelazarlas y des entrelazarlas, pude observar la tensión y nerviosismo del conductor, continuaba observando a través del espejo retrovisor mis movimientos, yo miraba de lado a lado, hasta que el conductor grito “¡Basta!”, se detuvo y me pidió que saliera, traté de hacerle entender mi nerviosismo, a lo que él respondió que ya conocía el comportamiento de aquellos primerizos que se adentran en el mundo de los asaltos; le aseguré que no era así, que le pagaría el doble de lo que cobraría por dejarme en mi destino, aquel no accedió, al contrario, se remangó las mangas y me sacó a golpes del automóvil. Una vez fuera tenía dos opciones, un golpe certero me permitiría tomar su carro, no obstante, opté por la segunda opción y me levanté sin decir ni hacer algo, simplemente caminé, una vez más, por las largas avenidas de la ciudad, que estoy seguro me conducirían al más remoto pero hermoso lugar donde yo podría estar.

El sol se ocultaba frente a mí, sus Fondo-Atardecer-01rayos cegadores no me permitían ver el camino, pero no eran mis ojos de los que dependía, sino de mi corazón, el trayecto que opacado por la extrema luminiscencia y luego por las sombras de la noche no era capaz de cegar la flama del amor que aún ardía en mi interior. Miré al cielo con impaciencia y me encontré con el perfil menguante de la Luna, la miré con despreció, pues había perdido toda confianza en ella y aunque ella me saludó y vio por mi durante el trayecto, caminé indiferente durante la noche.

“Si no quieres hablar, si no quieres escuchar, por mi igual, pero aun así hablaré y aun así te acompañaré” Dijo con voz alegre.

“Tu voz insípida tan sólo despierta el odio que hay en mi alma” contesté súbitamente.
“Tu alma es incapaz de tener odio, el odio reside en tu parte carnal” respondió con paz y serenidad.

“¡No me interrumpas! Me prometiste que aquella estrella volvería, y no lo hizo, todos los días en la noche salgo en busca de ella, pero ¿Sabes dónde está? porque yo no, ¿Por qué prometes aquello que no estás dispuesta a cumplir? Me has observado, como has observado a muchos de nosotros, conoces nuestro sufrimiento y aun así nos haces falsas promesas”

“¿A dónde te diriges?”

“¿Osas cambiarme el tema? Tu eres la sabia de la noche, no deberías permitirte esa clase de preguntas, eres la que ilumina el viaje a los perdidos, por lo que no deberías entrometerte en nuestras vidas”

“Lo sé, pero fuiste tú quien abrió su corazón hace cinco años, si bien no lo has de recordar, podría hacerte una sencilla retrospectiva, pues fue aquella madrugada de invierno cuando te acobijé cerca del bosque, ¿Por qué habías escapado? podría decírtelo, pero tú sabes bien porque, caminaste y corriste, llegaste jadeando a las puertas del infierno, para tu suerte y a pesar de que el Sol empezaba a emerger, Mercurio seguía visible en las alturas, no tuve más opción que pedirle su ayuda para que te rescatara, una respiración forzada me hizo protegerte, pues más de cien demonios salieron a tu acecho, Mercurio combatió contra ellos hasta que fue tiempo de que se retirara de la Tierra, pronto descansaste, tu pulso regreso a la normalidad y tus labios recobraron su color, no despertaste sino hasta medianoche, cuando me contaste todo, te di mis sugerencias, pero eso no me hace sabia”

“Me prometiste que aquella estrella que juntos vimos volvería a bajar del cielo”

“¿Y no fue eso lo que hizo la semana siguiente y la siguiente?”

“Estamos confundiendo los temas”

“No, y es que aquella noche no me permitiste decirte que Venus no es una estrella”

“¡Venus! De un rostro celestial, aquellos ojos que permitieron ver su alma, tan pura como inocente, ¿Qué es de ella?”

“Tu bien sabes que es de ella”

“Si durante el infortunio en el que me he visto envuelto la he asesinado, no ha sido por el uso de mi razón si no de mi locura por ella, mi amor no correspondido me ha abatido en todas las formas que puedo imaginar, si camino por este camino, bien sé a dónde me llevará, si detrás mío dejo aquella sombra de sangre entonces que los cien demonios vengan por mí y me lleven a los más profundo de los siete infiernos, donde estaré dispuesto a enfrentarme contra el magnate del inframundo”

“Y entonces lucharas solo, ¡Escúchate!, no eres aquel noble caballero que protegí, eres un maniaco que ha perdido sus facultades humanas, ¿¡Cómo te atreves a retar de tal forma al magnate de los siete infiernos!?”

“Si mi flama aún sigue encendida, y mis llantos no han sido capaces de apagarla, es porque de mi mente no es capaz de salir la imagen de aquella princesa de los cielos, su fragancia aún es recordada por mi nariz, pero ¿Quién soy yo para llenarla de adjetivos y elogios? tan solo un simple hombre que ha caído en la confusión y en la desolación, aquel que miró más al frente e imaginó lo que nunca debió, si tan sólo se me permitiera sentir sus suaves manos, si tan sólo fuera capaz de sentirme acogido por sus brazos una vez más, entonces podría sonreír de nueva vez”

“Entonces, ahora, bajo mi amparo, no permitiré que ni los cien demonios vengan por ti, ni que cometas algún otra atrocidad”

“¿Si eres la protectora de los viajeros nocturnos? ¡Por qué no impediste que mis manos terminaran con aquel individuo la noche pasada!”

“Porque no cometiste ningún atentado contra la vida de alguien”

“¿Cómo explicas la sangre?”

“Es la tuya”

“¿Y las dos tonalidades?”

“El carmesí brillante pertenece a la sangre aún impulsada por tu amor, mientras que la sangre opaca y de un rojo quemado pertenece a tu sangre herida por la rotunda negación de aquella que alguna vez quisiste”

“Dime, entonces, ¿De quién estoy escapando?”

“De ti, y únicamente de ti.”

“¿Sabes a donde me dirijo?”

“Existen dos personas que serían capaces de protegerte, pero si a una la has dejado en casa, intuyo que irás en busca de la otra, aunque ella sea incapaz de protegerte del magnate de los siete infiernos, es capaz de recobrar tu cordura”

Si aquella noche fue un delirio o no, lo desconozco, pero llegué a casa de aquella persona que me ayudaría a recobrar cierta cordura que mi mente y alma habían perdido durante el transcurso de estos siete meses, a la espera de volver a encontrarme aquella estrella, ya sea de día o de noche, tan sólo es menester decir que ella formará parte importante de mi espíritu…

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