Las palabras mortales

No sucede cada vez que te acuestas y cierras los ojos, sucede cuando estas consciente de una realidad y cuando te percatas de que estas solo, es cuando gritas dos palabras que llaman a la muerte. Muchos las dicen pero nadie las siente, y los que las sienten están sentenciando una vida y la suya, son sucesos de la mente y ocurrencias de la boca del hombre que razona, pero a veces piensa como sus ancestros y actúa antes de pensar.

I

Tirado en el piso, desperté junto a una sombra, desperté junto a una nada, un espacio negro que se iba aclarando conforme me levantaba, confundido, abrí bien mis ojos y todo se volvió blanco, pero la sombra seguía allí, detrás mío y yo confundido, caminé junto a ella, la sombra del pasado intentaba hablar pero solo era una huella de un pasado que yo cargaba por una culpa o un error. El camino era largo, pero no infinito, recordaba cada segundo y minuto de una vida que existió allá, pero no aquí.

II

Tras un par de días encontré lo que parecía una ciudad, corrí emocionado, mi mente se reinició y la sombra se quedó atrás, voltee hacia mi espalda y la sombra se desvanecía, parecía que la felicidad me invadía, corrí por la calle, pero desolada se hallaba, entré a edificios y únicamente oscuridad se veía. “¿Se puede ver la oscuridad?” me pregunté, sentí miedo y es lo que aprecié, pero sentí que no debía faltar mucho antes de que volviera a suceder.
Pero no sucedió, al contrario, vi algo, el tiempo me dio para ver una posible realidad a través de las ventanas de una plaza comercial, volví a correr, me acerque lo más que pude y la vi, abrazando a otro, en ese momento un golpe en mi pecho fue lo que sentí, mal y perdido, sin aire, abatido, “¿Qué podía hacer?” No era nuestro destino.

III

Al día siguiente baje por las escaleras del subterráneo para tomar el tren y allí me encontré con ella, la abrasé y me abrazo, pero ahora no fue como siempre, ahora fue diferente, ahora fue abrumador, como las olas al golpear las rocas en el mar, un fuerte golpe…

Le dije “Te quiero“, pero quise decir otra cosa:

¡Te Odio!
En el fondo te quiero, pero te odio, mi razón diferente de tu razón, pero no puedo odiarte, porque no hay razón, y aun así con cada palabra que sale de tus dulces labios: Te odio más y más. En cierto modo, el amor es igual al odio, tú hermoso cabello lacio y largo como una cascada, te miro a los ojos y sin dudarlo digo: Te odio más a cada instante.
¡Ahora!

Son palabras tontas porque no te odio, solo me enamore más de ti, solo te amo sin sentido ni razón. Que tonto soy. Pronto desperté….

De tres sueños y tres alternas realidades.
De un suceso jamás ocurrido.
Para alguien que no existe en este terreno.
Desde aquí me puede entender y odiar

Sólo podrás entenderlo cuando te adentres al mundo de los sueños, a veces la realidad y los sueños son un mismo terreno, en ocasiones hay que saber distinguirlos. Cuando uno no lo hace, uno se enamora de la fantasía, dejando que la realidad lo mate a uno sin piedad.

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