El ocaso

No podrían haber sido descritas de mejor forma las palabras que habían sentenciado la vida de Silvestre. Había ocurrido en ocasiones anteriores lo que aconteció hace unos instantes, pero ¿Por qué mencionar algo que ocurre cada año desde hace milenios?

Me encontraba allí presente, entre los invitados, sabía lo que ocurriría, el ritual anual sería realizado en pocos minutos. Bebíamos, comíamos y cantábamos, la locura nos había invadido desde ya hace unas horas. Creí haber perdido mi consciencia entre los bailes y manjares que el anfitrión otorgaba, pero siempre me surgían pensamientos de duda, tan claros como en mis momentos más lúcidos.
Ocurrieron centenares de cosas durante la gran fiesta, muchas en las que fui participe y muchas otras en las que fui un simple observador. Valdría la pena mencionarlas, describirlas, pero entonces ustedes igual caerían en la locura sin haber bebido o comido.
Será mejor dejar de darle rodeos al asunto y contarles aquello que provocó un desastre universal momentáneo. Para que entiendan de que va la cuestión, me encontraba en la fiesta de año viejo / nuevo, y como ya es costumbre, se efectuó el ritual en el que San Silvestre, espíritu de las novedades anuales, es asesinado por uno de los invitados, Caronte recoge los recuerdos y los entrega a Hades para conservarlos en una caja denominada: Almanaque. Afrodita se acerca a San Silvestre y le roba su corazón para entregarlo a Poseidón, quien lo ahoga y purifica. El corazón ya purificado es colocado en un cesto especial junto a sus recuerdos. Gea y Ares desvisten a su hijo Silvestre, queman las ropas y las cenizas son enterradas junto al Almanaque. Zeus entrega las nuevas ropas y las coloca en el cesto. Todos cuentan doce campanadas en honor a los doce dioses olímpicos; entonces, llega San Gregorio y toma el cesto, lo rocía con su sangre y viste a Silvestre, su hermano, coloca sus recuerdos y corazón ya renovados. Una vez hecho esto, todos festejan el nuevo año que San Silvestre está dispuesto a custodiar por el bien de la vida del cosmos.
No obstante, en esta ocasión, San Gregorio no se presentó luego de las doce campanadas. Esperamos atónitos y sin decir palabra alguna, pero no ocurrió la magia que una vez al año se podía apreciar. Le pregunté a uno de los comensales las posibles consecuencias de que no reviviera San Silvestre, él no me pudo contestar, pues su boca temblaba de miedo. Los dioses e invitados a mi alrededor eran incapaces de articular las palabras, sus manos tremolaban arrítmicamente. Era una escena devastadora, todos presentaban expresiones de horror, sus rostros se desfiguraban con el paso de los segundos y en poco tiempo cayeron al suelo. Nosotros, los inmortales no parecíamos sentir los estragos de la ausencia del año nuevo. Con el paso de los minutos me empecé a sentir más y más pesado, cerré mis ojos y al instante todos comenzábamos a levitar, una especie de agujero negreo se posó sobre nosotros. Comenzó a tragar todos los objetos ligeros, Zeus gritó de inmediato -¡Caos!- Era el fin del universo, un enorme agujero negro que cubría la mitad del universo, comenzó a distorsionar nuestra aparente realidad. El fin estaba cerca y nos encontrábamos a pasos de perdernos en una nada incierta, en llegar a un todo desconocido, de despertar, de dormir, de llorar y gritar con euforia y tristeza.
Los peores momentos ocurrieron cuando el agujero dejó de absorber energía y materia, limitándose a mostrar imágenes que cada quien interpretaba como los peores momentos de su vida. Nos arrodillamos ante el caos. Soportamos gritos de dolor y agonía, hasta que el enorme agujero se transformó en una brillante luz que tomó forma humana para convertirse en San Gregorio, quien tomó el cesto y realizó el ritual anual.

No esperes un año para hacer lo que pretendías realizar este año, puede que no haya un año másAGUJERO_NEGRO.
Mira al futuro con los pies en el presente, jamás te apoyes en el pasado, pues el pasado es una realidad distorsionada por nuestros prejuicios y jamás intentes apoyarte en el futuro, pues es tan incierto como inestable. Lo único completamente seguro, es el presente, pues del presente depende el pasado y el futuro.
Hagamos cosas con el corazón que afrodita nos otorgó, luchemos con la fuerza que Ares no heredó, cuidemos la tierra que Gea nos regaló, purifiquemos nuestros corazones con actos de bondad y felicidad para honrar a Poseidón.
El 2015 está aquí, liberemos nuestra alma de culpa y pecado comiendo y bebiendo hasta la locura, San Gregorio y San Silvestre lo recomiendan, ya pronto será 2 de Enero y comenzaremos renovados, con más bríos para realizar lo que tanto anhelamos hacer.
No es el fin de la historia, es tan sólo el comienzo de todas nuestras historias.

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