La ínfima historia

Me desperté, los rayos del sol únicos, que se fugan entre las verdes, suaves y translucidas hojas de aquellos arboles que cubren un enorme pero diminuto mundo a sus raíces, un brillante arcoíris que es reflejado por las gotas de agua acumuladas en puntos determinados.
La araña que teje, el grupo de hormigas que carga un trozo de hoja que lleva a su aldea, algún gusano moviéndose entre la tierra húmeda, y el sol siguiendo su trayecto desde el este hasta el oeste, con rayos cambiantes, de intensidades variables a velocidades constantes, tocando cada pequeño punto de la tierra. Son pocos los llamados, son pocos los que escuchan, son pocos los que observan, son pocos los que disfrutan y más aun son poco los que sienten esta armonía.
Las nubes se mueven, sombras que se proyectan, y nubes que se enciman; la evaporación conlleva a la lluvia, ese momento tan trágico y a la vez tan emocionante en que la tierra es hidratada. Momento en que cúmulos de un vital químico son absorbidos por todo ser, pero que de igual forma no apreciamos.

10492147_591859644264508_5248521706591774010_nLa orquesta entre nube y nube causada por aquellos truenos, y mágicas luces llamadas relámpagos, son indicio de una fiesta en las alturas, pero sin alejarnos, podemos apreciar una línea tenue, larga y constante de hormigas cargando alimento, mientras que aves cantando de felicidad y tristeza revolotean entre nido y nido, de árbol a árbol, algún otro pájaro se le ve caminando agraciadamente en el suelo, correteando a otro de su misma especia, mostrando en ciertas ocasiones su alas; pero entre la armonía, el jefe y líder distingue desde las alturas aquellos que desequilibran, a veces desciende por un bocadillo, pero se le ve comúnmente entre las nubes, en las fiestas de los relámpagos, con esos ojos de mirada matadora.
La tierra es regida por aquellas bestias que viven en aparente armonía, que no tienen un líder como tal pero que gigantes hacen temblar con enormes orejas y potencial memoria, otros cazan en manada, algunos se acuestan entre arboles y pastizales, pero todo en armonía. Correr, algunos lo hacen, las jaurías que en familia se mantienen, se alimentan de algunos seres que consideran desequilibran. Las rocas tiene una fama que no se describe, los pastos y pastizales tienen sus características, pero siempre hay algún carnívoro que tenga que atacar a algún herbívoro, y alguna presa que logre escapar de su rival.
Los mares, tienen al temible ser de varios dientes, que ataca a sangre fría, enorme como su contraparte, el mamífero marino más grande, que nada de norte a sur, junto a sus primos inteligentes y más amigables en contraste con la orca, más agresiva y fría. Los peces nadan de arriba abajo, se ocultan entre corales, se alimenta y huyen, sin embargo conforme se va descendiendo en este desconocido mundo las especies van siendo cada vez más extrañas, insólitas pero no menos importantes.

Este es mundo que queremos, un mundo que debemos amar, un mundo que gira alrededor de un rey llamado Sol, que tiene una hija llamada Luna, que tiene hermanos como son Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno; tiene sobrinos como Phobos, Deimos, Titán, Ío, Europa, Ganimedes y Calisto; es un mundo vasto, es el supremo absoluto que conocemos, alberga la vida de seres que nunca hubieras imaginado, y aun así, tras tanta armonía, tanta belleza son pocos los que escuchan, son pocos los que observan, son pocos los que disfrutan y más aun son poco los que sienten esta armonía, aquellos que se detienen al menos un segundo para observar, oír, sentir, disfrutar de todo aquello que nos rodea, en lugar de apreciar, destruimos de forma que nos condenamos, creamos entes que destruyen, y vivimos una vida que disminuirá la vida de las vidas siguientes.

Camino, y continuó caminando a paso lento en ese bosque donde me perdí, se oye el canto de las aves y el chillido de los mamíferos, los rayos del sol van disminuyendo y me doy cuenta, tras todo este tiempo de reflexión que volveré a pasar una noche a la intemperie, me puedo percatar fácilmente de aquellos errores a los que somos susceptibles, pues no es que me lo hayan mostrado las hormigas o escarabajos, pero pensamos más de lo necesario y cuando nos disponemos a actuar, el tiempo se nos ha agotado. La noche ahora será más larga que la primera, estoy cansado, sediento y hambriento, oigo vagamente con una voz rasposa que me dice “Miedo tienes de no volver, valor te falta para detenerte, sin embargo no es tu vida la que temes perder, ni el temor a la muerte lo que te da valor”, ¿Era la Luna la que me hablaba?, su tono es inconfundible, me ha observado desde que llegué aquí y me ha protegido, pero no tardará mucho en que las nubes cubran su mirada, para darle tiempo a la criatura que me ha estado acechando desde que llegué. Y así fue, conforme la noche avanzaba, el viento trajo un par de fofas nubes que auguraban un sombrío destino, intente correr, pues su vista me veía hasta el alma, pero tropecé con una raíz, me di la vuelta para verle, y así fue como el pico se abrió más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mí y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió.

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